martes, 29 de septiembre de 2026
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Boato eucarístico

La reflexión eucarística será esta vez una incursión en la historia no lejana, evocando una procesión esplendorosa con el Santísimo Sacramento…

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Foto: Archivo

Redacción (29/09/2026 16:31, Gaudium Press) “Boato” – una palabra un tanto en desuso –, es algo así como demostración de magnificencia, de fausto. En portugués, lengua que nos es tan cercana, significa otra cosa muy diferente: rumor, chisme, especulación sin fundamento. Pero en español, más que estar la palabra en desuso, está en desuso su aplicación, es decir, el hecho de que el concepto no se plasma en las realidades de la vida; los vientos soplan en otra dirección…

La reflexión eucarística será esta vez una incursión en la historia no lejana, evocando una procesión esplendorosa con el Santísimo Sacramento realizada durante el XXIII Congreso Eucarístico Internacional en Viena, Austria, en el año 1912. El relato que sigue es tomado y traducido de la revista “Le Noel”, editada en París, del 3 de octubre de 1912. Su lectura es como un paseo encantado – y cuán real – por un tiempo y un ambiente diferentes de los días de hoy:

***

Había sido determinado que en caso de tormenta la gran procesión del domingo no se realizaría y que tan solamente una Misa sería celebrada por el legado papal en la catedral de San Esteban, ante el emperador y toda la corte.

A pesar de todo, el domingo de mañana, sin preocuparse con la lluvia que no cesaba de caer, 80.000 hombres que debían tomar parte en la procesión estaban fielmente en sus puestos con estandartes, banderas y bandas musicales. Por otro lado, supimos que el emperador había declarado que era necesario que la procesión fuese hecha, cueste lo que cueste, pues “Los citadinos tienen paraguas, los campesinos no temen la lluvia, y el Santísimo Sacramento irá en carroza”. Pese a su edad avanzada (84 años) él mismo pretendía participar de la procesión.

A las ocho horas, la tropa ya había tomado posesión. El séquito, compuesto exclusivamente de hombres, salía del atrio de la catedral de San Esteban, mientras que 150.000 mujeres y jóvenes se alineaban en dos alas desde la catedral hasta la puerta monumental que daba acceso al palacio imperial.

Primeramente, avanzan las parroquias de Viena, enseguida los magnates húngaros, los tiroleses en número de 8.000, los bosnios, los checos, los moravos, los rutenos y los rumanos. Siguen las delegaciones extranjeras (…).

Son las once de la mañana y el clero va a entrar en escena. Se compone de 5.000 sacerdotes y religiosos ordenados jerárquicamente: simples padres, curas de parroquias, monjes de todas las órdenes, canónigos y, cerrando ese bloque, 200 obispos con capas, mitras y báculos.

Fanfarrias de trompetas anuncian el tercer grupo, el del Santísimo Sacramento, que seguirá al del emperador y rey. En la primera línea están escuderos vestidos de rojo; enseguida militares de la corte con penachos blancos montados en bellísimos corceles grises; los dragones, y los húsares.

Un escuadrón de caballería y ya despuntan los cardenales, cada uno en su carruaje particular, que vienen acompañados por un encargado de su capilla de a pie, llevando su crucifijo, su báculo, su antorcha ritual y su libro de oraciones. Bandas musicales resuenan, tocan las campanas de todas las iglesias y, precedida por oficiales, camareros y del gran mariscal de la corte, la carroza de coronación de María Teresa, pintada por Rubens, penetra en la Helden Platz (Plaza de los Héroes), tirada por ocho caballos negros. La parte alta de la carroza es casi toda de vidrio y deja ver cómodamente al legado papal de rodillas ante un altar sobre el cual está el ostensorio con la Hostia sagrada.

La lluvia cesa por un momento y el sol deja entrever unos pálidos rayos. Todo el mundo se descubre, muchos caen de rodillas sin preocuparse con el barro. Y en un silencio conmovedor, pasa el Dios de la Eucaristía. (…)

Después de la carroza de Nuestro Señor, llega la del emperador, tirada por ocho caballos blancos. Vestido con un uniforme azul, Francisco José acompaña con su mirada siempre fija al Santísimo Sacramento. A su lado, está el archiduque heredero. Formidable e unisona ovación. (…) Se sentía que los cien mil católicos presentes querían no solamente honrar al soberano, más sobre todo agradecerle por el ejemplo de fe que estaba dando; todos los corazones vibraban.

El cortejo termina con una soberbia cabalgata de la guardia montada austríaca, de la guardia montada húngara y con los carruajes de los archiduques. Se desenvuelve conforme el itinerario previsto, pero por causa de la lluvia torrencial es imposible celebrar la Misa donde está montado el altar, ni tampoco podrá ser dada la bendición. Una feliz idea es manifestada por el legado papal; se dirige a la multitud y su carroza recorre de nuevo la inmensa plaza dejándose ver nítidamente portando el ostensorio y bendiciendo a la muchedumbre. Todos quedan consolados con esta bendición suprema. Siguiendo al Santísimo Sacramento, los obispos, los cardenales y el emperador entran en la capilla del palacio imperial, y el cardenal legado celebra la Santa Misa a la cual asisten piadosamente el soberano y toda su corte.

Es la una de la tarde. La inmensa multitud se dispersa. Están felices por haber honrado la Eucaristía a pesar de la hostilidad de los elementos de la naturaleza. Una dama austriaca declaró: Dios quiere mostrarnos que es necesario enfrentar dificultades en su seguimiento. Queriendo permanecer escondido quiso recibir estos homenajes de los grandes y de los humildes.

¡Cuánto diverge esta narración del clima aconfesional – cuando no, hostil a la religión – que reina en muchos países, inclusive de tradición cristiana! En ella vemos ante el Santísimo hermanados en mutua concordia al poder espiritual, al temporal y al pueblo santo de Dios ¿Por qué habrían de ignorarse o rivalizar?

El boato bien concebido y ejecutado – sí, porque lo sublime puede estar a un paso de lo ridículo… – se presta maravillosamente para el culto eucarístico. No, en cambio, y nunca, el pauperismo miserable.

Por el P. Rafael Ibarguren, EP

(Publicada originalmente en www.opera-eucharistica.org)

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