domingo, 18 de octubre de 2026
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Tipos humanos y “claves”: cómo el veneno o el antídoto vienen dentro del pastel

La gente, más que seguir doctrinas, sigue modelos. Breve lección de Revolución y Contra Revolución tendencial.

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Redacción (18/10/2026 10:18, Gaudium Press) No es por acaso ni por deporte que en este espacio hemos tratado de personajes tan disímiles como James Bond, Sherlock Holmes, Isabel la Católica, Madame de Montespan o Audrey Hepburn: es simplemente que hace ya mucho aprendimos del prof. Plinio Corrêa de Oliveira que la Revolución anticristiana avanzó y avanza fundamentalmente a través de “tipos humanos”, es decir, la gente más que seguir doctrinas lo que hace es seguir modelos que encarnan esas doctrinas. La doctrina errada es el veneno, pero este viene dentro e impregnando un pastel, llamado “personaje”, “modelo”, “tipo humano”.

Así, la Revolución Francesa no era solamente las letras de la Enciclopedia, o del mito del buen salvaje, o la Déclaration des Droits de l’Homme et du Citoyen, sino que esta necesitaba encarnarse en múltiples “personajes-modelo” como la “Diosa-Razón”, Voltaire, Danton, Robespierre, Talleyrand, Napoléon. Las masas no tenían acceso a la Encyclopédie, pero todos más o menos tenían una idea de lo que era el Revolucionario Ideal, según sus gustos o antipatías.

En este sentido, y como corolario de lo anterior, quien posee el arte de poner de moda esos modelos, termina teniendo una gran o decisiva influencia en la opinión pública.

Esto es algo que deberían tener en cuenta o aprender los adalides de la Batalla Cultural, o Contra Revolución cultural: la Contra Revolución debe generar o promocionar los “tipos humanos contrarrevolucionarios”.

Tanto o más importante que luchar legalmente o doctrinariamente contra el aborto, es fundamental prestigiar el estilo de vida anti-abortista, hacer amable a la opinión pública la forma de vida anti-aborto, por ejemplo mostrando con rostros reales, fotos y crónicas, que una familia numerosa —al mismo tiempo que es un sacrificio, sin duda, como todo lo bueno en esta vida— puede ser escuela incesante de enseñanzas, de novedades, de vida propia, ambiente de riqueza que favorece la cooperación mutua, la educación de los hijos en el esfuerzo y la disciplina, etc. O por ejemplo, que luchar en pro de la familia, no es solo mostrar la bondad del matrimonio indisoluble, o de la maternidad, cómo ella es acorde a la naturaleza humana, sino también cómo es fuente de felicidad en medio del sacrificio, publicitando bellos testimonios reales de “tipos humanos” maternos al vivo, que focalicen una maternidad vivida en la alegría.

No es que no se deba luchar legalmente contra el aborto, o difundir que el feto desde su concepción es humano, en absoluto: es sólo no dejar el campo libre a los propulsores de la Revolución con sus tipos humanos, y colocarles de frente, con arte y en contraposición los tipos humanos buenos.

Lo que ocurre es que ese campo de los “tipos humanos”, en buena medida copado por las fuerzas revolucionarias, así se encuentra por un cierto desconocimiento del asunto, de la importancia del “tipo humano” y de cómo, consciente o subconscientemente, los seres humanos seguimos los tipos humanos.

Sigamos profundizando.

Quien revisa por ejemplo el espectro de las figuras políticas de un país, encontrará fácilmente ejemplares de todo el abanico ideológico, desde los más anarquistas hasta los más conservadores, políticamente hablando. Pero cuando se hurga en la forma en que vive cada uno el día a día, en su estilo de vida, en su “tipo humano”, sería gran sorpresa hallar un anarquista fanático de Mozart (siempre los hay, pero los revolucionarios son más coherentes), y más bien por el contrario, es frecuente hallar conservadores que les guste el “reggaeton”, “lo moderno”, lo de “estos tiempos”, o por lo menos digan eso de público. Y la razón de estos conservadores-reggaetoneros, frecuentemente más que un afecto verdadero por los estilos revolucionarios, es el temor a que se les juzgue “aburridos”, retrógrados, pasados de moda, anacrónicos, extemporáneos, no de este tiempo, fuera de la “clave” de estos tiempos.

Sí, la existencia de los “conservadores-reggaetoneros” nos da pie para presentar un asunto en cierto sentido más profundo pero correlacionado con el de los tipos humanos, otro tema también dilucidado por el Dr. Plinio, como es el de la “clave”.

Para abordarlo más rápidamente, es más fácil a través de ejemplos.

Es posible hablar de una “clave renacentista”, de una “clave comunista”, de una “clave inglesa”, de una “clave francesa”, de una “clave rock”, de una “clave vintage”, de una “clave medieval”, la “clave de la ciudad tal”, etc., es decir, claves de épocas históricas, claves de lugares específicos, unos más focalizados, otros más amplios.

Hubo un día en que aparecieron locales de una cadena de restaurantes “rock” en capitales del mundo entero. Es claro que quien ingresaba en uno de esos lugares, se introducía y buscaba penetrar en la “clave rock”: la decoración sería “rock”, los anuncios, publicidad y mobiliario tendría sabor a concierto rock, las vitrinas exhibirían guitarras rock, la música ambiente evidentemente sería un tragable —o no tanto— rock; los dependientes usarían camisetas con el logo del restaurante o algún diseño tipo rock, aparentarían juventud y mejor si tuvieran alguno que otro tatuaje a lo rock, y así por delante, de tal manera que si un día me dijeran que en esos restaurantes los meseros están usando librea y corbatín, me sorprendería mucho o simplemente diría que es mentira, pues eso no casaría en absoluto con la “clave rock” del lugar.

Escribo estas líneas en un sencillo restaurante de calle, vecino de un consultorio donde tendré una cita médica: sirven pastas, hechas ahí mismo, más para un feligrés que tenga prisa, o que vaya a hacer una fast food a la hora del almuerzo. No es propiamente un restaurante italiano sino una combinación entre un fast food a lo McDonald’s con algo de italiano sí, pero con algo de bar: eh, es eso, acabo de ver el nombre y está perfectamente definido, es un “pasta bar”. Si en este pasta bar la música fuese estilo Pavarotti con su O Sole mio, o Torna a Surriento algo no cuadraría. Por el contrario, si ponen, como de hecho están colocando, pop americano, o “soft rock”, cuadra enteramente con la “clave” del lugar.

Cuando eran los tiempos de las vacas gordas, acostumbraba a ir a un restaurante que sin ser propiamente temático, sí era un sumergirse en el túnel del tiempo o del espacio y arribar a un ambiente estilo parisino, tirando a lo Montmartre, con frescos de escenas bucólicas como las que se hallan en muchos gobelinos, sillas Luis XV algunas barnizadas de dorado, algunas con apoyabrazos, y claro, vol-au-vents variados, macarons y ejemplares exquisitos de repostería que daban ganas de buscar en seguida un vuelo de Air France. Si un día en ese restaurant pusieran como música ambiental, no digo ni siquiera “soft rock”, sino música de gondoleros venecianos, ciertamente habría más de un feligrés sorprendido, y tal vez pidiendo volver al estilo “original”, por más bello que les pareciera el estilo gondolieri.

Vamos pues, a través de estos ejemplos, llegando a la concepción de lo que sería la “clave”, algo más o menos como el núcleo de una personalidad colectiva, la “personalidad de un ambiente”, la “personalidad de un país en un tiempo determinado”, la “personalidad de un restaurante”, la “personalidad de una época histórica”, es decir, la personalidad de un grupo humano específico, sea este más o menos grande.

Ocurre que si alguien se sumerge por un tiempo en un ambiente social, y por tanto toma contacto frecuente o constante con la “personalidad” de ese “tipo humano” social, con la “clave” de este ambiente social, es casi imposible que más tarde o más temprano no termine adquiriendo características de su “personalidad colectiva”. Recuerdo en este momento el caso de un digno sacerdote español, que después de pasar un tiempo en Brasil, el Dr. Plinio decía que ya se había dulcificado un tanto, y ciertamente adquirido otras características de estas tierras latinas. Es casi forzoso, ciertas características se habían introducido en su personalidad original.

Teniendo como premisa lo anterior, pensemos en los tipos humanos y “claves” más en boga, particularmente debido a la difusión de medios de comunicación.

Comúnmente son tipos humanos revolucionarios, y claves revolucionarias, de tal forma que si una estrella del cine o la televisión un día se volviese católica practicante, decidiese quitarse algunos tatuajes, trajearse menos extravagantemente, casarse, conformar familia y tener varios hijos, lo normal —y rápido— es que los reflectores de la publicidad se desvíen de su figura para re-enfocarse en tipos humanos revolucionarios.

Lo anterior, porque se quiere crear la impresión colectiva de que el futuro no tiene nada que ver con la “clave francesa siglo XVII”, con la “clave inglesa siglo XIX”, mucho menos con la “clave católica tradicional”, sino que el futuro es “clave revolución”, una “clave de ruptura con la tradición y el pasado” y que el que no siga la “clave revolución” es simplemente un loco que quiere parar la evolución del huracán del tiempo con sus débiles soplidos.

Por lo demás, tal mensaje revolucionario, de que nada da marcha atrás, es mentiroso: cuando la antigüedad clásica estaba deshaciéndose de podrida, es claro que los propios romanos estaban medio hartos de sus estilos y costumbres, de tal manera que cuando llegaron las salvajes hordas bárbaras a sus fronteras no tuvieron ánimo para defender su “clave”. Tendría que llegar el fatuo renacimiento, para que se volvieran a poner de moda “claves” que diez siglos atrás aburrían, hartaban y eran consideradas por muchos decadentes.

Sin embargo, y sin negar que el terreno de las “claves” en buena medida está copado por la Revolución, hay hoy ciertos síntomas que están preocupando a no pocos.

El encuentro del Papa con los jóvenes en el Stade de France quedó impreso en la memoria colectiva católica, tal vez más que cualquier otra actividad del Pontífice en tierras galas, por varias razones.

Primero, porque eran específicamente jóvenes, y quien habla de juventud habla de futuro.

Segundo, porque eran jóvenes que se reivindicaron herederos de una tradición de 2000 años, desde Santa María Magdalena, pasando por Santa Juana de Arco, San Juan Eudes, el Santo Cura de Ars y llegando hasta hoy. Es decir, eran jóvenes, que no rechazaban sino que asumían “claves” de otros tiempos, sin querer un mero regreso a esos tiempos, pero sí exigiendo implícitamente que la “clave de la Francia moderna” reconociese su existencia y empezase a acomodarse a ellos.

Son jóvenes que rezan el rosario, que están pensando en conformar familia —de esas tradicionales, no de las “irregulares” que algunos quieren regularizar al interior de la Iglesia—, jóvenes para los que el catolicismo no fue algo que hizo parte de las “claves del pasado”, sino que consideran que la “clave de la Francia de hoy” debe tener poderosos tintes católicos y tintes que la liguen con su pasado multisecular, y así por delante.

Impactados quedaron no pocos periodistas con una joven señora que estaba esperando el paso de León XIV rumbo a la misa en la Place de la Concorde, y que concedió entrevista a un medio de comunicación. Con el tipo humano de francesa rubia, cargando en sus brazos a su niño, muy poco maquillada, alegre, bonita, no usando trajes del Ancien Régime, pero sí falda larga juvenil y con un contento nada show, sino que se veía salido del fondo de su corazón. También impactaron bastante las declaraciones de Clothilde, mamá adoptiva de Maggie, niña bendecida por el Papa en ese viaje y discapacitada. Clothilde Noël, esposa de Nicolás, hiper francesa, delgada, huesuda, también sin mucho maquillaje, mamá biológica de seis niños y mamá adoptiva de tres con problemas de salud, de rostro firme y al mismo tiempo sereno, que frecuentemente sonríe, quien creó una asociación que hoy ayuda a cientos de familias a manejar y adoptar niños con discapacidad: uff, un “tipo humano” super interesante, no tan común bajo los reflectores, para muchos hoy no solo novedoso, sino que empieza a ser atrayente, pues su cara exhibe felicidad, sacrificio y alegría.

En fin, estas líneas ya van largas.

Pero la moraleja de la historia es simple: no nos traguemos ni los “tipos humanos” ni las “claves” dichas “actuales”, que por lo general son revolucionarias y anti-cristianas.

Por el contrario, vamos viviendo con valentía, y si es del caso promocionando tipos humanos y claves católicas, herederas de una tradición que es inmortal. Hasta que llegue el día en que salir a comprar el pan rezando el rosario ya no dé miedo o cause sorpresa, pues esto es algo que ya habrá entrado en las “claves actuales”.

Muchos que viven en la “clave de la revolución” más por influencia que por gusto, empezarán a cuestionarse y a pensar…

Por Saúl Castiblanco

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