domingo, 18 de octubre de 2026
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El veneno de la serpiente camuflado bajo la “inocencia de la paloma” – Comentario a la lectura dominical

¿Cuántas veces no nos vemos sorprendidos por métodos maléficos de persecución? Imitemos la sabiduría del Señor: no nos dejemos sorprender…

Denario de Cesar por Philippe de Champaigne Museu de Belas Artes de Montreal 1

Denario del César, por Philippe de Champaigne – Museo de Bellas Artes de Montreal (Canadá) Foto: Gustavo Kralj

Redacción (18/10/2026 09:56, Gaudium Press) En ciertas circunstancias, el católico se enfrenta a desafíos que, sacándolo de su placidez, lo obligan a reaccionar enérgicamente. Eso es lo que nos enseña la liturgia del 29.º Domingo del Tiempo Ordinario.

La trampa…

«En aquel tiempo, los fariseos se retiraron y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron a sus discípulos, junto con algunos del partido de Herodes, para decirle a Jesús»… (Mt 22, 16)

El Evangelio de hoy revela la paradoja en la que se encontraban los fariseos. Querían a toda costa la muerte de Nuestro Señor, pero, por miedo a la multitud, recurrían a métodos sibilinos para acorralarlo en alguna trampa.

La perversidad: he aquí el factor que unía a fariseos y herodianos en torno a un mismo ideal maléfico. Pertenecían a bandos opuestos, con principios opuestos; pero, cuando se trataba de luchar contra el bien, se convertían en amigos íntimos.

En su estrategia, cualquier arma eficaz para pervertir debía ser empleada. Así, ante Nuestro Señor, utilizaron una de las más eficaces: la adulación. «“Maestro, sabemos que eres veraz y que, de hecho, enseñas el camino de Dios. No te dejas influir por la opinión de los demás, pues no juzgas a nadie por las apariencias. Dinos, pues, qué piensas: ¿Es lícito o no pagar el impuesto al César?”» (Mt 22, 16-17)

Aparentemente, una pregunta planteada con formalidad, reverencia y educación. En el fondo, un chorro de veneno que se esconde bajo la «inocencia de la paloma».

Desenmascarar la maldad

Sin duda, se trató de una maniobra preparada por los fariseos con gran cautela y precisión.

En su mente, era una trampa perfecta, ya que los romanos obligaban a los judíos a pagar el impuesto. Sin embargo, según la mentalidad farisaica, el Mesías debía ser aquel que liberara a los judíos del poder extranjero. Por tanto, Jesús, al ser el Mesías, debería eximirlos de tal carga. Pero esto implicaría una rebelión contra el poder civil.

Era la circunstancia perfecta para tender una trampa a Nuestro Señor.

Así, este episodio demuestra que, cuando los malvados desean tender emboscadas a los buenos, y suelen preparar su acción con mucha antelación: primero debilitando, luego convenciendo y, finalmente, arrastrando.

Como las serpientes, se acercan a su presa sigilosamente, sin ser notados. Cuando se sienten lo suficientemente seguros, esperan a que la víctima dé un paso hacia ellos para lanzar el ataque.

De este modo, cuando todo estuvo listo para los fariseos:

«Jesús, al darse cuenta de su maldad, dijo: “¡Hipócritas! ¿Por qué me tienden una trampa?”» (Mt 22, 18)

¡Qué gran diferencia existe entre los métodos empleados por el mal y por el bien!

Los fariseos adulan para pervertir. Jesús reprende para salvar.

Quizás Nuestro Señor sorprendió a sus adversarios por la vehemencia de su respuesta. No es para menos, pues, mientras los hombres responden a las palabras, Dios responde a los pensamientos.

En nuestra vida privada, ¿cuántas veces no nos vemos sorprendidos por este mismo método farisaico? Imitemos la sabiduría de Nuestro Señor Jesucristo y no nos dejemos sorprender…

Sepamos responder a la altura: no titubear jamás ante las falacias del demonio y mostrar siempre, con altivez, la omnipotencia de la verdad.

Por Lucas Cremasco

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