lunes, 26 de octubre de 2026
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León XIV: sin el amor, a Dios y al prójimo, nuestra fe quedaría desprovista de su contenido

Cristo sitúa el amor en el centro de nuestra relación con Dios, recordó León XIV en el Ángelus, y Dios espera de nosotros una relación personal.

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Foto: Vatican Media

Redacción (26/10/2026 07:02, Gaudium Press) En el Ángelus de ayer domingo, 25 de octubre, en la Plaza de San Pedro, el Papa León XIV comentó el Evangelio de Mateo (Mt 22, 34-40), que era el de la lectura dominical. En él, un doctor de la Ley intenta poner a prueba a Jesús preguntando: “¿Cuál es el mandamiento más grande de la Ley?”. La respuesta de Jesús, señaló el Pontífice, resume la esencia de la relación con Dios y con el prójimo.

Jesús responde citando el Deuteronomio: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mt 22, 37; cf. Dt 6, 5). El Papa destacó que Cristo sitúa la dimensión del amor como punto fundamental de la relación con Dios: “En realidad, no basta con saber que Dios existe, que es único o que es el Todopoderoso; el Señor espera de nosotros una relación personal: el único Dios verdadero quiere convertirse en nuestro Dios”, afirmó.

Pero, en el encuentro con Dios, el mandamiento del amor no es una obligación ni una imposición. “De hecho, no se puede amar ‘por orden de alguien’. El amor a Dios es más bien una exigencia que forma parte del deseo del hombre, el cual encuentra su plena realización en la comunión con Dios. Por eso, nuestro amor solo puede ser auténtico cuando es una respuesta a su amor, que siempre nos precede. De ahí la necesidad de una totalidad que abarque integralmente a la persona: corazón, alma y mente”.

Al primer mandamiento, Jesús añade un segundo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mt 22, 39). Según el Papa, esta regla de vida surge de la misma fuente. “A partir de la relación íntima con Dios, nos volvemos capaces de mirarnos a nosotros mismos y al prójimo con la misma mirada de Cristo, según su perspectiva. De este modo, se supera el egoísmo e incluso el amor a uno mismo se transforma en caridad: nuestra existencia se orienta hacia el otro y se convierte en un don para quien está a nuestro lado”.

Para ilustrar la fuerza de este amor, el Pontífice citó a santa Teresita del Niño Jesús: “Solo el amor —escribía ella— impulsa a los miembros de la Iglesia a la acción; si este amor se extinguiera, la Iglesia ya no anunciaría el Evangelio”. Sin el amor, explicó el Papa, “nuestra fe quedaría desprovista de su contenido, nuestras buenas obras se reducirían a moralismo y nuestras esperanzas sería vanas”.

El Papa concluyó de forma clara y directa: “Queridísimos, no podemos amar a Dios de verdad sin que este amor desborde en amor por nuestros hermanos y hermanas. Y no podemos amar verdaderamente a nuestro prójimo sino como hijos del mismo Padre, que en su Hijo Jesús nos amó primero”.

Antes de rezar el Ángelus, el Papa invitó a los fieles a pedir “la gracia de un corazón nuevo, capaz de acoger y vivir el gran mandamiento”. Y confió esta súplica a la intercesión de la Virgen María, “en cuyo Corazón Inmaculado no hay más que amor”.

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