Un monasterio franciscano de Polonia transforma la catequesis infantil en una aventura para descubrir a Jesús a través de animales, juegos y experiencias compartidas con las familias.

Foto: Portaluz
Redacción (24/10/2026 17:29, Gaudium Press) ¿Y si una oveja, una pizza o una búsqueda del tesoro pudieran ayudar a los niños a descubrir el amor de Dios? En el monasterio franciscano de Kobylin, en Polonia, el padre Masseo Senczek ha convertido esta idea en una original propuesta de catequesis que reúne cada mes a decenas de pequeños dispuestos a aprender la fe de una manera diferente. Mientras muchas parroquias buscan nuevas formas de acercar el Evangelio a las generaciones más jóvenes, este religioso franciscano ha encontrado en la creatividad y la experiencia directa una manera de transmitir las enseñanzas de Jesús. En lugar de limitarse a las explicaciones teóricas, sus catequesis invitan a los niños a participar, explorar, jugar y descubrir el significado de las historias bíblicas. La iniciativa fue recogida por Misyjne.
El proyecto nació al comprobar que la enseñanza religiosa escolar se reducía a una hora semanal. Ante esta realidad, los frailes decidieron ofrecer una formación complementaria en el monasterio, con actividades capaces de despertar el interés de los niños y ayudarles a profundizar en su relación con Dios. El jardín monástico se convirtió así en un escenario donde cada objeto, animal y dinámica tiene una finalidad evangelizadora.
Un pozo para descubrir el mensaje de Jesús
Una de las primeras experiencias estuvo inspirada en el encuentro de Jesús con la mujer samaritana. Para acercar este pasaje bíblico a los pequeños, los franciscanos construyeron un pozo del que los participantes extraían materiales relacionados con el tema de cada encuentro. A través de objetos, juegos y actividades participativas, los niños descubrían el significado de las Escrituras y aprendían conceptos fundamentales de la Iglesia y la vida cristiana. La propuesta despertó un interés creciente y el grupo inicial fue aumentando con el paso de los meses. La experiencia demostró que los relatos del Evangelio también pueden convertirse en oportunidades para experimentar, preguntar y aprender en comunidad.
En una segunda edición, la catequesis se trasladó a una gran maqueta de barco construida junto al estanque del monasterio. Bajo el lema Echad vuestras redes, cada encuentro se centró en uno de los apóstoles y en las enseñanzas que su historia puede ofrecer a los niños.
La figura de Mateo permitió reflexionar sobre los obstáculos que alejan de Dios, Natanael ayudó a explicar la importancia de la Palabra divina y la búsqueda interior, mientras que Tomás abrió un espacio para hablar de la verdad y las dudas. De esta manera, personajes que los pequeños conocen a través de la Biblia se convierten en puntos de partida para abordar preguntas y situaciones de su propia vida. La intención es que comprendan el mensaje cristiano y puedan relacionarlo con sus experiencias cotidianas.
Este año, los franciscanos han elegido un nuevo escenario, un corral con ovejas. Los niños pueden acercarse a los animales mientras escuchan la parábola de la oveja perdida, una de las imágenes evangélicas más entrañables para explicar la misericordia divina. La enseñanza central es, Dios ama a cada persona y no deja de buscarla cuando se aleja de Él.
La creatividad también se extiende al mundo digital. Los encuentros cuentan con vídeos elaborados mediante inteligencia artificial, en los que personajes como una oveja llamada Rosa y su pastor presentan los temas de las próximas catequesis. Así, los recursos audiovisuales se incorporan a una propuesta que busca conectar con la imaginación infantil sin perder de vista el objetivo principal el cual es transmitir la fe cristiana.
Pizzas, semillas y tesoros escondidos para descubrir el Reino de Dios
Durante las vacaciones, los franciscanos organizan jornadas especiales inspiradas en las parábolas de Jesús. En una de ellas, los niños preparan masa y cocinan pizzas para comprender cómo la levadura transforma la harina, una imagen que permite explicar el crecimiento del Reino de Dios. En otra actividad, cada participante siembra semillas de mostaza en un pequeño recipiente que después lleva a casa. Al observar cómo crecen, los niños descubren el valor de la paciencia y encuentran una forma concreta de acercarse a las enseñanzas de Cristo. Las búsquedas del tesoro también ocupan un lugar destacado. Los pequeños recorren diferentes espacios del monasterio siguiendo pistas hasta encontrar el premio final. Sin embargo, el propósito va mucho más allá de la diversión, comprender que el verdadero tesoro no está en las posesiones materiales, sino en bienes como la paz, la justicia y el amor. Cada juego se convierte así en una oportunidad para presentar una enseñanza evangélica de forma sencilla, participativa y cercana a la realidad de los niños.
Entre las actividades más llamativas se encuentra una gran búsqueda del tesoro pascual. Los participantes se organizan en equipos, recorren distintos lugares en bicicleta y escanean códigos QR que les permiten descubrir pruebas y mensajes relacionados con la Resurrección de Jesucristo. Cada parada propone una nueva etapa de aprendizaje, de modo que los niños avanzan por el recorrido mientras profundizan en aspectos de la fe cristiana.
Al final les espera un tesoro que simboliza la presencia de Jesús resucitado. La jornada concluye con un ágape comunitario en el que participan los pequeños, sus familias y los voluntarios que hacen posible la experiencia. La actividad combina movimiento, tecnología, trabajo en equipo y formación religiosa para ayudar a los niños a comprender el significado de la Pascua desde una experiencia compartida.
Los padres también forman parte de la catequesis
Uno de los frutos del proyecto es la creciente participación de las familias. Los encuentros comienzan con la celebración de la Eucaristía y terminan con momentos de convivencia, en los que los padres y los voluntarios contribuyen a crear un ambiente de cercanía. Algunos familiares preparan postres; otros colaboran con la organización y la logística, mientras muchos permanecen cerca de los espacios donde se desarrollan las actividades para acompañar a sus hijos.
Para el padre Masseo Senczek, la implicación de los padres es fundamental, pues ellos siguen siendo los primeros educadores de sus hijos en la fe. La catequesis, por tanto, no se limita al tiempo que los pequeños pasan en el monasterio, sino que busca prolongarse en el hogar y en la vida familiar.
La propuesta franciscana parte de una convicción, la formación cristiana no debería reducirse a la preparación para recibir por primera vez la Eucaristía. Por eso, el monasterio también organiza campamentos, encuentros deportivos, jornadas de convivencia y grupos de formación continuada para niños y adolescentes. Todas estas actividades buscan ofrecer un espacio en el que los menores puedan crecer espiritualmente, construir amistades y sentirse parte de una comunidad. La experiencia de Kobylin muestra una manera de acercar la catequesis a la realidad infantil, convertir las historias bíblicas en experiencias que puedan recordar y compartir, sin perder la profundidad de su mensaje.
Con información de Religión en Libertad





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