“…el pontificado se prepara ahora para afrontar su etapa más compleja…”
Foto: Vatican Media
Redacción (26/10/2026 07:32, Gaudium Press) La noticia de que León XIV no requerirá tratamiento adicional para su adenocarcinoma llegó a los periodistas a última hora de la noche del 20 de octubre, confirmando todas las expectativas.
Tras la extirpación de un lóbulo pulmonar, León XIV está listo para volver a la escena pública y ya ha retomado sus actividades habituales, incluidas las audiencias privadas y generales; además, espera con confianza su próximo viaje a Argentina, Perú y Uruguay.
Si todo sigue marchando bien —y hay razones de sobra para creer que así será—, la cirugía pulmonar no habrá sido más que un paréntesis, mientras el pontificado se prepara ahora para afrontar su etapa más compleja.
Como suele ocurrir en los periodos complejos, los rumores y las habladurías se multiplican.
De aquí a febrero, el pontífice deberá nombrar nuevos prefectos para los Dicasterios para los Laicos, la Familia y la Vida, para las Causas de los Santos, para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, para el Culto Divino, y para el Clero.
(El caso del Dicasterio para el Clero es algo menos urgente, ya que el Cardenal You, que lo encabeza, cumple 75 años este noviembre y su mandato podría prorrogarse).
Los cardenales al frente de los otros dicasterios superan ya con creces la edad de jubilación: Farrell tiene 79 años, Semeraro 78, Koch 76 y Roche 76. El relevo de los principales responsables de estos departamentos en un corto periodo de tiempo supone un cambio de guardia significativo, y las escogencias de sus sucesores serán muy reveladoras.
Hay varias cuestiones a tener en cuenta.
La primera es la necesidad de una «paz litúrgica». El cardenal Roche ha sido el principal impulsor de la aplicación de Traditionis custodes, el motu proprio de la era de Francisco que anuló las reformas liberalizadoras de Benedicto XVI —las cuales permitían un uso amplio de los libros litúrgicos anteriores al Concilio para la celebración de la Misa y otros sacramentos y ritos—. Incluso ahora, al final de su mandato, Roche ha seguido defendiendo Traditionis custodes y velando por su cumplimiento, empleando en ocasiones un tono severo contra quienes prefieren el rito tradicional. El segundo al mando de Roche en el Dicasterio para el Culto Divino (DCD) era el arzobispo Vittorio Francesco Viola, considerado otro enemigo de la tradición, aunque en realidad es un celebrante con un ars celebrandi riguroso, si bien de corte neoconciliar. Viola ha sido ascendido ahora a arcipreste de la Basílica de San Pedro y, al menos por el momento, ha sido sustituido en el DCD por el subsecretario del dicasterio, mientras que Roche se jubilará. [ndr. El 10 de octubre pasado el Papa nombró a Mons. Aurelio García Macías como nuevo secretario de ese dicasterio]
La elección que haga León de la persona que dirigirá el dicasterio encargado de los ritos dirá mucho sobre cómo pretende abordar la cuestión litúrgica.
Desde su elección, León XIV no ha ordenado ninguna ruptura radical con el rumbo marcado por Francisco. León ha evitado aplicar las normas con todo el rigor que permite la letra de la ley y, en ocasiones, ha flexibilizado las restricciones. Al comienzo del pontificado de León, el nuncio en Inglaterra, el arzobispo Maury, hizo saber que se concederían permisos para celebrar según el rito antiguo siempre que se solicitaran. Los participantes en la peregrinación París-Chartres de 2025 también afirmaron haber recibido un mensaje del Papa, un gesto de auténtica solicitud hacia un grupo considerable de fieles devotos de la liturgia tradicional.
En general, no parece que León XIV desee revocar las decisiones de su predecesor, pero tampoco quiere crear o perpetuar tensiones innecesarias.
Se comenta que el perfil del nuevo prefecto del DCD podría ser el de alguien ajeno a la Curia —un cardenal o arzobispo que no forme parte de ella—, capaz de adoptar un enfoque equilibrado. En esencia, esto marca el fin de la era del cardenal Roche y un paso hacia un mayor equilibrio entre las demandas de los tradicionalistas y las del nuevo rito.
El futuro del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida resulta más difícil de definir, sobre todo porque el cardenal Farrell, que goza de la plena confianza de León XIV, ocupa también el cargo de camarlengo. En este caso, dado que el segundo al mando del dicasterio es un laico, cabe esperar un nombramiento externo, tal vez de alguien que no esté bajo el foco público.
Pero hay una segunda cuestión: la de los posibles elementos perturbadores. Se sabía que Francisco predicaba sobre el “Dios de las sorpresas” y gobernaba como si ser vicario de tal Dios en la Tierra implicara ofrecer, a su vez, sus propias sorpresas; por su parte, el mandato de León XIV tiene, entre otros objetivos, el de aportar cierta estabilidad al gobierno de la Iglesia. Dicho esto, León también ha demostrado ser capaz de tomar decisiones sorprendentes. En cierto modo, su pontificado ha hecho que cualquier especulación resulte inútil. Además, hasta ahora resulta imposible identificar a un grupo de personas verdaderamente cercanas al Papa: no está claro quién le ayuda a tomar decisiones ni de quién obtiene la información.
Esto difiere sustancialmente del pontificado anterior.
El papa Francisco recurría con frecuencia a los llamados “asesores informales”, y eran precisamente ellos quienes difundían información y rumores que, en ocasiones, permitían anticipar los siguientes pasos del pontificado, mientras que, en otras, generaban una confusión aún mayor.
León XIV no recurre a asesores informales, al menos no de la manera en que lo hizo Francisco. Si el pontificado de Francisco se caracterizó por su informalidad —definida precisamente por el rechazo al protocolo y a la tradición, por nombramientos asimétricos (por ejemplo, la existencia de un Dicasterio para la Evangelización con dos pro-prefectos: un cardenal y un arzobispo) y por la decisión de no vincular los cargos a las recompensas tradicionales—, el pontificado de León XIV es, en cambio, más formal.
Mientras que el Papa Francisco inició el proceso sinodal (abriéndolo, con el tiempo, también a personas que no son obispos), León XIV ha restablecido la práctica de celebrar consistorios ordinarios de carácter administrativo para los cardenales. El Papa Francisco prescindió de ciertos símbolos, como la muceta; León XIV, por su parte, la ha recuperado (junto con otros elementos). El Papa Francisco evitaba sistemáticamente viajar a países europeos de larga tradición cristiana; León XIV, en cambio, ha comenzado precisamente por ellos. El Papa Francisco nunca regresó a Argentina; León XIV sí lo hará, pues considera oportuno rendir homenaje a la nación de su predecesor.
León XIV muestra respeto por los símbolos, el protocolo y la tradición. Lo hace, no obstante, sin destruir el legado del Papa Francisco. El proceso sinodal continúa, los grupos de trabajo publican sus observaciones e incluso el encuentro sobre Amoris Laetitia —que concluyó sin la presencia del Papa, debido a su hospitalización— cuenta ya con un documento final (aunque aún no se ha hecho público, ya que el Papa desea examinarlo primero).
El tercer aspecto consiste en comprender qué implica este “papado formal” de León XIV.
En los próximos meses, varias diócesis importantes deberán nombrar un nuevo arzobispo: Barcelona, París y Milán —en las que los mandatos ya se han prolongado—, así como Esztergom-Budapest a partir del próximo año, dado que el cardenal Ërdo cumplirá 75 años y su estado de salud es delicado. Para Londres, León XIV ha elegido a Richard Moth, una figura conservadora poco conocida fuera de la isla. En Praga, se ha optado por Stanislav Přibyl, un perfil similar al de Moth. Queda por ver si ocurrirá lo mismo en otras grandes ciudades. Ante todo, se desconoce si León XIV volverá a distinguir a los arzobispos de estas ciudades con el capelo cardenalicio.
El cuarto tema se refiere a las decisiones sobre el gobierno.
El Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, cumplirá 72 años en enero. Le quedan tres años completos hasta alcanzar la edad de jubilación y goza, por lo general, de gran estima en las cancillerías de todo el mundo. No es un rival del Papa y, probablemente, sea injusto sugerir que se siente decepcionado por no haber sido elegido pontífice.
Sin embargo, sus declaraciones durante la hospitalización del Papa fueron mal recibidas y consideradas bastante imprudentes.
Parolin habló —de forma bastante precipitada, cabe decir— de una “remodulación” del pontificado a raíz del diagnóstico de cáncer del Papa. León aún se encontraba en el hospital y no se sabía si necesitaría tratamiento adicional. Por otra parte, es justo señalar que el propio Parolin ha superado un cáncer y, aunque es un diplomático muy competente y prudente, pareció matizar sus palabras incluso mientras las pronunciaba.
Podría ser este el momento en que el Papa decida formar un nuevo equipo de gobierno; a Parolin, por ejemplo, se le podría ofrecer el cargo de Gran Maestre de la Orden Ecuestre del Santo Sepulcro.
Una vez cubiertos los puestos, es probable que se celebre un consistorio para crear nuevos cardenales. Quizás sea ese consistorio el momento en que el pontificado de León XIV comience verdaderamente.
Por Andrea Gagliarducci
(Publicado originalmente en Monday Vatican, 26-10-2026)





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