martes, 03 de noviembre de 2026
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¿Un milagro eucarístico en Perú?

“Las apariciones que el Señor se dignó hacer milagrosamente en la hostia, mostrándose en forma humana, fueron reales y verdaderas…”

Miracolo Eucaristico di Lanciano foto dal vivo

Milagro eucarístico de Lanciano – Foto: Wikipedia

Redacción (03/11/2026 09:43, Gaudium Press) Los llamados milagros eucarísticos impresionan y atraen la atención de los fieles. Particularmente se interesó por ellos Carlo Acutis recientemente canonizado, que reseñó un elenco impresionante de ellos y se dedicó a difundirlos en las redes sociales. Dios lo llevó al cielo en su adolescencia a gozar de su presencia real, ya no a través de los velos del pan y del vino, más en la visión directa en un cara a cara eterno.

Al hablar de milagros eucarísticos, digamos antes de más nada que el milagro eucarístico por excelencia es la propia transubstanciación. Entretanto, la Providencia dispuso que otros fenómenos sobrenaturales se manifiesten en torno de hostias consagradas para motivar y fortalecer el culto al sacramento del altar. Algunos son reconocidos por la Iglesia y muy famosos como el milagro de Lanciano, en la región de los Abruzos, Italia. Otros lo son menos como el de Eten, en la costa norte de Perú, sobre el cual la Santa Sede aún no se ha pronunciado oficialmente.

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Está previsto que en este mes de noviembre León XIV realice un viaje apostólico visitando Uruguay, Argentina y Perú. En la nación andina, irá a Chiclayo, lugar donde fuera obispo diocesano. Pues bien, hay que saber que, en la ciudad de Eten, situada en la diócesis de Chiclayo, sucedió un grandísimo prodigio hace casi cuatro siglos atrás. Es un acontecimiento documentado por testimonios de la época y confirmados por una larga historia de devoción.

Vamos a lo que registra la historia. Corría el año 1649. La humilde parroquia de Eten, a cargo de frailes franciscanos, estaba compuesta en gran parte por indígenas mochicas.

El llamado milagro eucarístico de Eten comporta dos manifestaciones del Niño Jesús en una hostia consagrada. El primer milagro ocurrió el 2 de junio al concluir las vísperas de la Solemnidad del Corpus Christi. La imagen del Niño Jesús apareció estampada en la hostia cuando estaba a punto de ser colocada en el sagrario, fenómeno comprobado por el alcalde, religiosos y fieles presentes en la iglesia llena. Dicen los apuntes que constan en 42 folios del Archivo del Convento de la Provincia Franciscana de los Doce Apóstoles del Perú, que “era un niño de la cintura para arriba, con rostro y cuerpo humano y con cabello rubio y vestimenta morada… Todo el pueblo repitió ¡Milagro! ¡Milagro! Tocaron las chirimías, clarín y trompetas y repicaron las campanas…”. Durante tres semanas, un notario eclesiástico recogió testimonios sobre lo sucedido.

Poco después, el 22 de julio del mismo año, con motivo de la festividad patronal de Santa María Magdalena, hubo una gran afluencia de personas atraídas por las noticias de lo sucedido unas semanas antes. Después de la Misa tuvo lugar la procesión eucarística al término de la cual la Hostia fue depositada en el Sagrario. Por la tarde de ese día, los frailes franciscanos, abrieron el sagrario y sacaron con toda reverencia al Santísimo para colocarlo en su sitial y proceder a la adoración. Al instante se formó sobre la sagrada forma el busto del mismo Niño y después se dibujaron en la misma hostia tres corazones simbolizando la Santísima Trinidad. La aparición duró 15 minutos.

“Las apariciones que el Señor se dignó hacer milagrosamente en la hostia, mostrándose en forma humana, fueron reales y verdaderas y como tales se deben creer dándoles entera fe, como certifican los testigos en sus juradas declaraciones, por ser, como son, personas de todo crédito, particularmente el Sr. Cura Vicario Dr. Jerónimo de Silva Manrique, a quienes se debe dar entera fe y creencia por su virtud, religión y calidad de persona”, rezan Autos del 25 de junio y del 21 de septiembre de 1649 de la pluma del Licenciado Presbitero Don Fernando de la Carrera, Juez Eclesiástico designado por la Iglesia para estudiar e investigar este acontecimiento. El expediente original y sus copias se encuentran en la Biblioteca del Vaticano, en el Archivo General de Indias en Sevilla, España, y en la biblioteca del Convento de San Francisco en Lima.

“Es el único milagro Eucarístico en el Perú y ha tenido repercusión mundial gracias al beato Carlo Acutis quien lo destacó en sus redes sociales como uno de los milagros eucarísticos en el mundo, luego de una prolija investigación”, señaló el Cardenal Robert Prevost cuando era Prefecto del Dicasterio de los Obispos.

El 13 de febrero de 2019, Mons. Prevost, siendo Obispo de Chiclayo, entregó al Papa Francisco un documento con la historia de la devoción al Niño del Milagro de Eten, conteniendo 20.000 testimonios de fieles, con la intención de que Eten sea reconocida por la Iglesia como “Ciudad Eucarística”.

Quien quiera saber más sobre el milagro eucarístico de Eten puede consultar un enlace de la parroquia Santa María Magdalena de Eten, bien como el site de la Conferencia Episcopal Peruana que trató del milagro a propósito de un reciente documental sobre el tema. Días atrás, el 23 de octubre, durante una audiencia a los participantes en el congreso de la Gregoriana por los 150 años de su Facultad de Derecho Canónico, un sacerdote entregó al Papa el libro “Itinerario de Fe: El Niño de Eten llega a Lima y al Callao” que narra una reciente peregrinación del Niño de Eten en parroquias de esas diócesis.

Es significativo que en una cristiandad naciente como era el Virreinato del Perú en aquella época, se haya dado esta portentosa manifestación milagrosa que contribuyó a afianzar la fe, especialmente en lo referente a la Eucaristía. En Perú, como en Iberoamérica toda, las devociones al Santísimo, a la Virgen y al Papa, traídas por misioneros españoles, lusitanos y de otros lugares, tienen profunda raigambre y son prenda de un futuro cristiano que, en medio de crisis y de dificultades que se multiplican, despunta y se va afirmando cada vez más.

La aprobación formal de este milagro eucarístico está ahora en manos de León XIV. Eten, Perú y la Iglesia universal, están expectantes.

Por el P. Rafael Ibarguren, EP

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