En la Solemnidad de Todos los Santos, el Papa León XIV pronunció su meditación del Ángelus en la Plaza de San Pedro, invitando a los fieles a celebrar la alegría de la santidad.
Foto: Vatican Media
Redacción (02/11/2026 08:48, Gaudium Press) “La solemnidad de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos invita a saborear la alegría de aquella familia incontable de hombres y mujeres que, siguiendo al Señor Jesús, hicieron de su vida una ofrenda a Dios y al prójimo”, dijo ayer el Papa, cuando conmemoraba esa celebración. Los santos, en sus diferentes caminos de santificación, anhelaron “el océano del amor infinito”, expresión que León XIV retomó de su predecesor, el Papa Benedicto XVI, en la encíclica Spe salvi.
Citando la Liturgia de la Palabra, el Papa recordó a la “multitud enorme, que nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas” (Ap 7, 9). “En efecto, hoy celebramos a todos los santos: aquellos ya reconocidos por la Iglesia y también a muchos que no lo han sido, pero a quienes Dios conoce”, destacó. Refiriéndose al Evangelio del día (Mt 5, 1-12), el Papa describió a estos santos: “se trata de pobres de espíritu, pero ricos en el amor de Dios. Tienen rostros marcados por las lágrimas, pero consolados en la oración. Son mansos ante la violencia y recompensados por el Padre. Hambrientos de justicia y saciados en lo íntimo de su conciencia. Dispuestos al perdón y abrazados por la misericordia. Desarmados en el corazón, pero protegidos por Dios. Constructores de la paz, llamados por Él por su nombre. Perseguidos y ofendidos, pero fuertes en la fe y en la caridad”.
La santidad no se reduce a cálculos
El Papa subrayó que es imposible “contar” a esta multitud, “y no solo en términos numéricos: en realidad, la santidad no se reduce a ningún cálculo, pues así es el bien que todos los santos han esparcido a su alrededor por el mundo”.
“Al mirarlos con admiración, nos preguntamos: ¿Qué han generado estas personas, con la gracia de Dios? Esencialmente, gestos y opciones de amor que superan los cálculos de la codicia y la prepotencia del mal que, a veces, parece prevalecer. Los santos y las santas son el signo más hermoso y más fuerte del Reino de Dios que viene, o mejor —como enseña Jesús— que ya está en medio de nosotros (cf. Lc 17, 20-21)”.
Además, enfatizó: “la santidad no es un privilegio para unos pocos, sino una vocación universal que interpela a cada uno de nosotros allí donde vivimos. Este es el mensaje lleno de esperanza de la fiesta de hoy: Dios ve el bien que nosotros no vemos, conoce historias que nosotros desconocemos, llega a corazones a los que nosotros no tenemos acceso”. Al finalizar la meditación, el Papa encomendó a los fieles a la intercesión de María: “Que la Virgen María, bienaventurada por haber creído en la palabra del Señor, acompañe nuestros pasos en el camino de la santidad, para que no nos cansemos de construir la paz, tanto en las situaciones más importantes como en las de la vida cotidiana”.
Después del Ángelus
Tras la oración del Ángelus, el Papa señaló que la Misa en memoria de todos los fieles difuntos se celebrará este lunes 2 de noviembre, a las 16:00 horas, en el Cementerio Monumental del Verano, al este de Roma.
“En estos días, sintámonos unidos, en la comunión de los santos, a la inmensa familia de hermanos y hermanas que nos han precedido en la peregrinación terrenal, y recemos por los difuntos, especialmente por aquellos a quienes nadie recuerda”, afirmó.




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