Pies que recorrieron los caminos, manos que bendijeron y socorrieron, oídos que acogieron confidencias: así describió el Papa al Beato Jacinto Vera, propuesto a los obispos y religiosos uruguayos como ejemplo de fidelidad.
Foto: Vatican Media
Redacción (07/11/2026 10:39, Gaudium Press) En las menos de 24 horas que el Pontífice lleva en Uruguay, ya sus palabras han tenido impacto con nota original, si se le compara con lo dicho en sus recientes viajes a España y Francia.
Ayer, en el encuentro con autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático, en la Plaza de la Independencia, recordó que la autoridad pública “encuentra su razón de ser en el servicio al bien común y está llamada a ejercerse dentro del orden jurídico, respetando la libertad y la responsabilidad de los ciudadanos”, un ejercicio de la autoridad que debe pensar en las generaciones venideras.
Recordó el Pontífice que hay que reflexionar “en la vida que comienza”, en la que “todavía crece en el seno materno”, en un país donde existe una particular preocupación demográfica. Habló también de mejorar las oportunidades para quienes buscan ingresar a la vida laboral, en la mejora de las condiciones sanitarias y del deseo de la Iglesia de colaborar, en cuanto le es posible, en estos aspectos.
Ya al iniciar la noche, el Pontífice, en el rezo de las Vísperas, se reunión con obispos y religiosos del país, en la Catedral de la Inmaculada Concepción. A estos los invitó a preguntarse “dónde está nuestro corazón”, pues “la fidelidad a nuestra vocación pide volver una y otra vez a Jesucristo; dejar que sea Él nuestro tesoro, aquel a quien queremos parecernos”. El Pontífice recordó el eximio ejemplo del Beato Jacinto Vera, cuyos pies “recorrieron los caminos del Uruguay para llevar el Evangelio a su pueblo; las manos que bendijeron, socorrieron a los pobres y administraron los sacramentos; los oídos que acogieron incontables confidencias y los ojos que se detuvieron en quienes necesitaban ayuda”.
También incentivo la oración por las vocaciones, recordando lo ocurrido “cuando, en 2024, el seminario interdiocesano no recibió nuevos candidatos, muchos fieles comenzaron a unirse en jornadas de oración y ayuno para pedir al Dueño que envíe trabajadores a su mies (cf. Mt 9,38). Desde entonces, han perseverado en la súplica para que otros escuchen su llamado. Y hoy damos gracias porque varios jóvenes han comenzado su camino en el seminario y en la vida consagrada y están sentados en medio de nosotros”.
Estando ya en la Nunciatura antes de su recogimiento, el Papa tuvo palabras para los jóvenes reunidos. “Veo que Uruguay es un país de jóvenes con fe”, dijo el Papa, asomándose desde el balcón. “Es un gusto saludarles, espero verlos de nuevo en estos días. El Nuncio dice que quiere dormir, pero canten hasta la hora que quieran. Bueno, quizás no tanto porque los vecinos también van a querer dormir, pero muchas gracias, gracias por su entusiasmo, gracias por estar aquí. Dios los bendiga a todos y la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo desciende sobre ustedes siempre Buenas noches”, dijo familiarmente el Papa.
El día de hoy el Pontífice presidió la celebración eucarística en el Parque París Londres de Paysandú, donde pronunció una homilía comentando las lecturas del día. El Papa evocó “la presencia en estas tierras rioplatenses de tantas personas de fe que, desde los inicios de la evangelización del continente, llegaron en nombre del Señor para anunciar la gran alegría que ellos mismos habían experimentado al encontrarse con Cristo”, e invitó a “continuar el legado que estos sembradores del Evangelio nos han dejado, y debemos hacerlo teniendo en cuenta lo que nos dice la Palabra de Dios: con justicia, honestidad y fidelidad, conscientes de que el mensaje que anunciamos no nos pertenece. Es un tesoro que hemos recibido del Señor, y lo llevamos en vasijas de barro (cf. 2 Co 4,7)”.
El Pontífice usó allí de tres símbolos, característicos de la región. “El primero es el puente, el segundo los palmares y el tercero el mate”. Puente con “buenos cimientos” “de una sólida formación cristiana”, palmares, árboles que “resisten la fuerza de los vientos”, producen dulces frutos, y se elevan al cielo en busca de luz. Y el mate “signo de familiaridad, de amistad y de encuentro. Nos enseña a compartir y a estar juntos, a estrechar los lazos que nos unen y hermanan. Es signo de acogida, de integración y de valores comunes”.
“Queridos hermanos y hermanas: necesitamos reflexionar sobre estos símbolos que nos son comunes, que nos dan identidad y sentido de pertenencia, que nos hablan de nuestros orígenes y nos proyectan hacia el futuro. También la fe forma parte del pueblo uruguayo desde sus orígenes, y es necesario transmitirla a las futuras generaciones con valentía creativa”, dijo el Papa, pidiendo que la Virgen de los Treinta y Tres “los proteja en el camino de la vida y los guíe siempre al encuentro con su Hijo Jesús”.





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