miércoles, 30 de noviembre de 2022
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En la diócesis de Jefferson City, EE.UU., el órgano recobra el lugar que le corresponde

Jefferson City (Martes, 31-12-2019, Gaudium Press) La música es todo un lenguaje que trasmite un mensaje al alma, no siempre bueno. Por eso es muy importante cuidar de la música litúrgica, porque aunque la letra sea piadosa, el lenguaje implícito y sutil de la sola música puede ser favorecedor del mal.

En ese sentido, un instrumento legado por la tradición cristiana como es el órgano de tubos, debe ser privilegiado al interior de los templos. Es lo que hace el P. Jeremy Secrist, por encargo del obispo de Jefferson City en EE.UU., Mons. W. Shawn McKnight, quien lo hizo delegado para el cuidado y promoción de los órganos de tubos en su diócesis. La afición del presbítero por la música sacra es de longa data: dirigió la escuela de canto gregoriano en el Pontifical North American College cuando era seminarista en Roma. Hoy pertenece a varias asociaciones ligadas al órgano de tubos, con lo que se mantiene actualizado en su ciencia.

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El órgano tiene «la capacidad de rodear y llenar el espacio con un volumen y una complejidad de tono que ningún otro instrumento puede igualar», expresa el P. Secrist. Esto «lo hace particularmente adecuado para el canto congregacional» pues, «como los miembros de un coro, cada uno de los tubos produce produce un sonido generado individualmente».

Cada órgano de este tipo puede tener de 3 hasta 50 juegos de tubos, de madera o de metal por donde pasa el aire, ofreciendo variedad y volumen. Se organizan en ‘filas’, cada una conteniendo aproximadamente 61 notas de la misma voz. Los tubos pueden tener un largo que va de las pocas pulgadas a los varios pies, lo que consigue «no solo la multiplicación de voces o volumen, sino de ‘colores'».

«Yo compararía un órgano de tubos con los Salmos», afirma el P. Secrist. «Cuando recorres los 150 de ellos – en los que mientras el Rey David canta, reza, se arrepiente e incluso maldice – encontramos la representación de todas las emociones humanas. Y en todas ellas, Dios puede trabajar».

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El órgano de tubos es un instrumentos con alrededor de 1.500 años de tradición, que lo ha ido perfeccionando hasta llegar a las altas cotas de hoy.

Propugnar por la conservación y la promoción de los órganos de tubos no es «algo secundario», dice el P. Secrist. «Esperamos dar una buena dirección en ese sentido, para mantener estos instrumentos para las futuras generaciones». Aunque en algunas parroquias de Jefferson City el órgano fue removido, en varias aún permanece. La idea es que sea parte integral de la vida parroquial, lugar que merece.

Con información de Catholic News Service

 

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