martes, 14 de julio de 2020
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Discurso al Clero de Roma: Papa enseña cómo combatir la amargura

Ciudad del Vaticano (Lunes, 02-03-2020, Gaudium Press) El Papa Francisco canceló, por motivo de salud, su ida hasta la Basílica de San Juan de Letrán donde, el jueves, fue realizada una celebración penitencial con la presencia del clero de Roma.

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Francisco no pudo comparecer a este evento religioso, sin embargo, el discurso preparado por él para la ocasión fue leído por el Vicario de la Diócesis de Roma, Cardenal Angelo De Donatis.

En el discurso Francisco pide a los sacerdotes de su Diócesis, -la Diócesis de Roma-, que busquen un buen padre espiritual que pueda acompañarlos en su caminata, pues el demonio no quiere que compartan y es de ahí que se origina el aislamiento: “El demonio no quiere que usted hable, que diga, que comparta. Entonces, busque un buen padre espiritual, un anciano ‘experto’ que pueda acompañarlo. ¡Nunca se aísle, nunca!”

Amarguras en la vida del sacerdote

En el discurso al clero de su Diócesis, el Obispo de Roma relató las tres causas de las “amarguras en la vida del sacerdote”, que son: los problemas con la fe, los problemas con el obispo y los problemas entre los sacerdotes. Francisco explicó que las reflexiones que hacía eran fruto de la “escucha de algunos seminaristas y sacerdotes de diferentes diócesis italianas”.

Francisco afirmó que “la mayor parte de los sacerdotes que conoce están contentos con su vida y consideran esas amarguras como parte de la vida normal, sin drama”.

Causas de la amargura

Sobre la primera causa de amargura, el Papa habló de los problemas con la fe y recordó que la esperanza “no es convencerse de que las cosas mejorarán, sino, sobre todo, que todo lo que sucede tiene un sentido a la luz de la Pascua”.

Pero el Papa advirtió que “para esperar cristianamente es necesario vivir una vida de oración substancial”, porque en la oración es donde “se aprende a distinguir entre expectativas y esperanzas”.

Expectativa y esperanza

El Papa preguntó en su discurso: “¿Cuál es la diferencia entre expectativa y esperanza?”.

Para dar una respuesta, él explicó que “la expectativa nace cuando pasamos la vida en salvarnos la vida: nos ocupamos con la búsqueda de seguridades, recompensas, progreso…”

“¡Cuando recibimos lo que queremos, casi sentimos que nunca moriremos, que siempre será así! Porque nosotros somos el punto de referencia.”

“La esperanza es algo que nace en el corazón cuando se decide no defenderse más. Cuando reconozco mis limitaciones, y que no todo comienza y termina conmigo, reconozco la importancia de confiar”.

Otra causa de amargura: problemas con el Obispo

Sobre la segunda causa de amargura, el Papa habló sobre los problemas con el obispo. Él afirmó que “no se puede pretender que la comunión sea exclusivamente unidireccional: los sacerdotes deben estar en comunión con el obispo y los obispos en comunión con los sacerdotes”: “no es un problema de democracia, sino de paternidad”.

Problemas entre sacerdotes

Sobre la tercera causa de la amargura, Francisco dijo que “en los últimos años se ha sufrido “los golpes de escándalos, financieros y sexuales” que hicieron que las relaciones sean “más frías y más formales”.

Para el Papa, “los compromisos comunes se multiplican -formación permanente y otros-, pero se participa con un corazón menos dispuesto. Hay más ‘comunidad’, pero menos comunión. La pregunta que hacemos a nosotros mismos cuando encontramos un nuevo hermano surge silenciosamente: ¿Quién tengo realmente delante de mí? ¿Puedo confiar? “.

No aislarse

Por causa de estos tres problemas que causan la amargura, el Pontífice recomendó nunca aislarse. Él recomienda no aislarse de la gracia, no aislarse con relación a la historia y no aislarse de los otros, pues, es este aislamiento que causa “la incapacidad de establecer relaciones significativas de confianza y de compartir evangélico”.

Y afirmó además el Papa: “Si estoy aislado, mis problemas parecen únicos e insuperables: nadie puede entenderme. Y este es uno de los pensamientos favoritos del padre de la mentira”.

Consejo del Papa

Francisco aconsejó a los sacerdotes a “buscar un buen padre espiritual, un anciano ‘experto’ que pueda acompañarlo”; porque, caso contrario, “los otros problemas surgen en cascada: del aislamiento, de una comunidad sin comunión, con certeza surge la competición y no la cooperación; surge el deseo de reconocimiento y no la alegría de la santidad compartida; entonces se comienza un relacionamiento o para compararse o para apoyarse mutuamente”

Oración final para concluir

Para concluir sus palabras, el Papa hizo una oración que resume las enseñanzas que acababa de exponer: “Pidamos al Señor que nos dé la capacidad de reconocer lo que está amargándonos y así dejarnos transformar y ser personas reconciliadas que reconcilian, pacíficas que pacifican, llenas de esperanza que infunden esperanza. El pueblo de Dios espera de nosotros, maestros de espíritu, capaces de indicar los pozos de agua fresca en medio del desierto”. (JSG)

 

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