miércoles, 08 de julio de 2020
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La sorpresa es la marca de Dios, dice predicador de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana

Ariccia – Italia (Miércoles, 04-03-2020, Gaudium Press) En los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana que están siendo realizados en Ariccia el predicador, P. Pietro Bovati, trató de la “vocación” y afirmó que ella “es siempre una elección que nace del corazón del individuo” y no alguna cosa “que se determina de manera colectiva”.

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Padre Bovati

Encuentro decisivo con Dios

El jesuita Padre Bovati consideró que la vocación es “el encuentro decisivo con el cual Dios habló con la gente” y por el cual decidimos obedecer su elección. Ella es el inicio de una “nueva historia”, de un “nuevo nacimiento”, a través del cual se crean nuevas paternidades y nuevas fraternidades.

Para él, es necesario recordar el momento en que se vivió cuando se obedeció y “oír de nuevo la voz del Señor”.

Dios llama en la vida concreta

En la segunda meditación del lunes, día 2 de marzo, el Padre Bovati, comenta Moisés para explicar lo que significa ser llamado. Y él recuerda que Moisés es un pastor y es un siervo. No tiene la consciencia que va pasar a ocuparse del rebaño de su suegro a la conducción del rebaño del pueblo de Israel: “A veces, la Escritura nos presenta el llamado, la vocación, propio como una transformación de oficio: de una ocupación material a una dedicación espiritual. Así que aquello que fue vivido según la carne pueda sugerir como una señal los valores del Espíritu”, explicó.

Dios orienta siempre

“Dios está siempre trabajando para orientar a la persona al descubrimiento de una mayor dimensión del vivir, de una donación más útil, un servicio más útil para los hermanos. Dios llama en la vida concreta, en aquella historia en que se hace, de algún modo, ver, revelar alguna cosa del llamado. Dios llama en la vida concreta, inclusive en sus aspectos de sentido y de fatiga, que son las condiciones – esas – para atraer, tal vez inconscientemente, una realidad superior: aquella de Dios, y solamente Él es capaz de revelar y realizar”, afirma el predicador.

La Vocación es siempre una revelación de Dios

En la historia de Moisés, él no sabe para dónde está yendo. No percibe que se aproxima a un lugar sagrado cuando queda intrigado con el arbusto ardiente del monte Horeb. No imagina el significado del arbusto quemado por el fuego sin consumirse y lo que será revelado a él.

Según el Padre Bovati, “Esos varios aspectos de ignorancia, de inconsciencia constituyen la matriz esencial para comprender lo que sea realmente la vocación en su dimensión profética, esto es, que es siempre una revelación de Dios, no una lúcida auto-consciencia, no una autodeterminación”. 

Llamándolo por el nombre, Dios pide, de hecho, a Moisés, una disponibilidad personal por la cual él responde, diciendo: “estoy aquí” y “emprendiendo un camino de consciencia y obediencia”.

Lo inesperado en la elección de un siervo para la obra de salvación

El predicador de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana explica que el llamado de Dios ocurre “en una condición humana, en una persona, sin preparación; ocurre como una sorpresa, como un evento inesperado y, aparentemente, que sucedió de la nada”.

Y él recuerda ejemplos: es inesperada la elección de David, un joven que toca la cítara y no un guerrero para combatir a Goliat y es inesperada la elección de Jeremías, un joven sin experiencia llamado a profetizar para las naciones.

“La sorpresa es, en verdad, la marca de Dios, y también la desproporción entre aquello que se considera ser oportuno, y hasta incluso necesario a los ojos de los hombres, y aquello que Dios escoge como mediación: como un siervo para su obra de salvación.”

La vocación nace del corazón del individuo

Para el sacerdote jesuita, “La vocación es siempre una elección que nace del corazón del individuo y nunca es el consentimiento de un grupo, de algo que se determina de manera colectiva, como una especie de ola en la cual uno participa sin una responsabilidad personal, decisiva.”

San Pedro, explica el Predicador, con la adhesión a Dios, se transforma. No solamente en nombre, sino en substancia: “Él, frágil, inseguro, se torna la roca sobre la cual reposa la propia Iglesia, se torna principio de solidez en la fe para ayudar a sus hermanos a superar todas las trampas del diablo, todos los poderes del submundo que serán desatados”.

Y, concluyendo, el Padre Bovati se dirige a los miembros de la Curia afirmando que “nos fue dado para ser como Pedro, pero debemos seguir al Señor, seguirlo realmente” en su camino de la Pasión y la Cruz. La invitación, dice, es rezar para pedir el don del Espíritu para ser realmente discípulos del Señor. Un deseo ejemplificado por el Salmo 63, aquel de la “elección de Dios”, que dice: “tu amor vale más de una vida”, “en una relación de amor y comunión que es verdaderamente nuestra bienaventuranza”. (JSG)

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