jueves, 09 de julio de 2020
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La belleza de los templos es importante, incluso en tiempos de aislamiento

Washington (Martes, 24-03-2020, Gaudium Press) ¿Deberíamos los creyentes continuar reflexionando sobre la belleza en la Iglesia incluso en tiempos de crisis de salud pública? Es posible que la respuesta sea contraintuitiva para algunos, pero es en realidad esencial: La belleza es de enorme importancia para la Liturgia, y la arquitectura sacra debe estar orientada a apoyarla, incluso cuando los templos se encuentren cerrados y las Eucaristías deban ser transmitidas por medios audiovisuales. En este último caso la belleza contribuye a transmitir aún más eficazmente la sacralidad del Sacramento de un modo más tangible.

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Capilla de Santo Toribio del Pontifical College Josephinum en Ohio. Foto: William Heyer.

“La liturgia, cuando se hace bien, es hermosa, incluso si se ofrece en la parte trasera de un jeep militar durante la guerra. Siempre me impresionaron las fotos de esto de la Segunda Guerra Mundial”, comentó a National Catholic Register el arquitecto William Heyer, encargado de notables trabajos de arquitectura sacra entre los que se destaca la restauración de la Capilla de Santo Toribio del Pontifical College Josephinum en Ohio.

Si bien la belleza de una liturgia digna puede incluso compensar la fealdad de lo que la rodea, el ideal que se busca es el de una verdadera cooperación a esta belleza. “La arquitectura verdaderamente sagrada debe apoyar la sagrada Liturgia y, a través de todas las formas y símbolos, ayudarnos en la adoración e inspirarnos a los pensamientos y aspiraciones celestiales”.

Esta dimensión del culto divino es especialmente esperanzadora en tiempos de dificultad, afirmó Heyer: “Esta dinámica es un poderoso paralelo a nuestra fe en medio de un mundo caído. Estamos destinados a llevar la bondad, la verdad y la belleza a situaciones que carecen de ella, en lugar de sentarnos y esperar que todo salga bien para que comencemos con nuestro propio trabajo”.

Esta búsqueda no sólo se limita a los grandes proyectos arquitectónicos, sino que se extiende a los trabajos y embellecimientos más pequeños que contribuyen a esta misión. “Cada iglesia cuenta”, concluyó el arquitecto. “Cada uno alberga el mismo Cuerpo y Sangre de Cristo, por lo que cada iglesia es importante como expresión de la fe”.

Con información de National Catholic Register.

 

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