sábado, 28 de enero de 2023
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El óleo

Bogotá (Jueves, 26-VIII-2010, Gaudium Press) La Civilización Cristiana, llevó la técnica de pintar al óleo sobre lienzo, a grados simplemente superlativos. Nunca antes se había visto pueblos que produjeran tal variedad de pintores artísticos tan inspirados como tan diestros en el manejo del temple, el fresco y por supuesto el óleo que tanto facilitó atrapar un instante de una vida o un hecho histórico, para volverlo retrato o paisaje lleno de imponderables psicológicos, filosóficos e incluso altamente teológicos.

Si el paso del tiempo es el mayor depredador de pinturas sobre lienzo, también ha sido del seno de nuestra civilización que han brotado las mejores escuelas de restauración. Esto porque la técnica del pintar al óleo, desarrollada desde la Edad Media, facilita la inspiración del artista como la habilidad del restaurador. Fue de un primitivo tratado de pintura escrito por un monje anónimo del año mil, que salieron experiencias y consejos acogidos por pintores de tiempos posteriores.

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Carlos I, por Van Dyck

Disolver los pigmentos coloridos en agua es la antigua técnica de la acuarela muy practicada en el extremo oriente. Pintar sobre vidrios, porcelana, piedra lisa, muros al fresco o elaborar los mosaicos, tiene su belleza y tecnología innegables, pero con ello rarísima vez se podía conseguir que delicados matices de una realidad paisajista o figurativa quedaran plasmados en una pintura con ponderado o exagerado realismo. Con la técnica del óleo vino el lienzo, el caballete, los pinceles por calibres y la propia paleta.

El pintor podía llevar la tela templada a distintas partes y retocar la obra. Entonces la luz comenzó a jugar un papel maravilloso contrastando con la sombra y los colores hasta atrapar el movimiento, la fuerza, la sensación y la misma vitalidad de lo pintado.

¿Qué pintor de la antigüedad pagana hubiera podido hacer trasponer tres siglos la personalidad del Niño de Azul? Pensemos en los paisajes de Canaletto y Lorene o en las escenas bíblicas de Rubens, en los retratos psicológicos que elaboró Van Dyck. Son cuadros de la vida real que detienen para la posteridad lo visible y lo invisible de un instante o retratan un alma, trayéndonos de paso una lección frecuentemente moral.

Definitivamente la pintura dio un gran paso tanto en lo técnico como el lo artístico, cuando entró en contacto con el alma de una civilización que no se limitó a usarla para registrar hechos y figuras sino para buscar mediante ella el absoluto de la realidad, incluso la más cotidiana y doméstica como en los óleos de Vermeer.

Por Antonio Borda

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