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El sacerdocio común de los fieles

Redacción (Jueves, 27-01-2011, Gaudium Press) Al tratarse de la Eucaristía como Sacramento de unidad de la Iglesia, no se puede dejar de hablar del sacerdocio común de los fieles, el cual, aunque esencialmente distinto, es enteramente real, participando también del sacerdocio de Cristo. Los fieles lo ejercen «en la recepción de los Sacramentos, en la oración y acción de gracias, en el Fim-ano-sacerdotal-300x199.jpgtestimonio de la santidad de vida, la abnegación y la caridad activa» (LG 10). La constitución dogmática Lumen Gentium especifica también el modo por el cual los fieles laicos ejercen el sacerdocio común en la Eucaristía: por la participación en el sacrificio eucarístico de Cristo, fuente y centro de toda la vida cristiana, ofrecen la víctima divina y a sí mismos a Dios; así, ya sea por la oblación ya sea por la sagrada comunión, no indiscriminadamente, sino cada uno a su modo, todos toman parte en la acción litúrgica (cf. LG 11).

Santo Tomás define con precisión los límites del sacerdocio común de los fieles, anticipando de algún modo el concepto explicado y definido en el ya mencionado documento conciliar:

El laico justo se une a Cristo por la fe y caridad en una unión espiritual y no por el poder sacramental. Por eso, tiene el sacerdocio espiritual para ofrecer hostias espirituales de que se habla en el Salmo: ‘El sacrificio que Dios quiere es un espíritu contrito’. Y también en la Carta a los Romanos: ‘Ofreceros a vosotros mismos en sacrificio vivo’. De ahí, la palabra de Pedro sobre ‘la santa comunidad sacerdotal para ofrecer sacrificios espirituales’ (S. Th. III, q. 82, a. 1, ad 2).

Aunque los laicos ejerzan un sacerdocio real, es preciso no confundirlo con el ministerial ni disminuir a este último su verdadero alcance, pues el sacerdote del Nuevo Testamento ejerce el insubstituible papel de mediador, en Cristo, entre Dios y los hombres, al mismo tiempo en que coopera en la construcción de la unidad de la Iglesia, por la celebración de la Eucaristía.

Las otras funciones sacerdotales, inclusive la de absolver los pecados, son comprendidas por Santo Tomás como ordenadas para guiar a los fieles a la Mesa de la Salvación, donde también ofrecerán el sacrificio eucarístico, en unión con el sacerdote ministerial, y participarán del banquete celestial del Cuerpo y Sangre del Señor.

Por Mons. João S. Clá Dias, EP

 

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