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La resurrección: artículo de fe – I Parte

Redacción (Lunes, 25-05-2011, Gaudium Press) Muy raras son las personas que no hayan pasado por la dolorosa experiencia de perder un ser querido. Las ceremonias fúnebres, marcadas por el color púrpura o negro, aunque dirigidos al respeto y a la memoria de aquel que se fue, inevitablemente tornan aún más pungentes los momentos de la suprema despedida.

El drama de un fallecimiento y la incerteza que el mismo trae, hacen surgir la inquietante pregunta: «¿Qué hay después de la muerte?»

En efecto, todos los pueblos, desde los inicios de la Humanidad, alimentaron la creencia de que habría algo más allá de la tumba. Las dolorosas separaciones serían momentáneas, y en un futuro misterioso, en cierto lugar desconocido, los hombres habrían de reencontrarse.

Soluciones falsas o equivocadas de los antiguos y paganos

EASTER-SUNDAY-Fra_Angelico_019.jpgA lo largo de la Historia, las más diversas civilizaciones y culturas buscaron solución para este enigma. Los antiguos egipcios creyeron que el alma quedaría peregrinando por un tiempo indefinido, después del cual retornaría al cuerpo, y éste, por tanto, debería ser conservado. Con este fin, ellos perfeccionaron la técnica del embalsamamiento, y hasta hoy sus momias, en perfecto estado de conservación, pueden ser vistas en museos.

La rica imaginación griega creó el orfismo. Según éste, como punición de un crimen primordial, el alma era encerrada en el cuerpo tal cual en una prisión, y la muerte podía ser el comienzo de una verdadera vida. Después del fallecimiento, las almas se dirigían al Hades, donde bebían de las aguas del río Lete, a fin de olvidar sus existencias terrenales. El alma que no estuviese absuelta enteramente de sus culpas regresaba al mundo para reencarnarse. El orfismo llegó, aún con mucha vitalidad, hasta los primeros siglos de la Era Cristiana. En seguida, se fue apagando lentamente.

Además de éstas, surgieron muchas otras explicaciones, como el panteísmo y el espiritismo. Por último, el materialismo, negando pura y simplemente la vida sobrenatural, deja un vacío de respuesta a una de las más antiguas cuestiones humanas.

La respuesta cristiana nos es bien conocida, con los destinos eternos del alma bien definidos, ya sea en el Cielo, contemplando al Creador, ya sea en el infierno, sufriendo los castigos inherentes a la condición de enemigo de Dios.

Pero con relación al cuerpo, compañero del alma en su jornada terrestre, ¿que será hecho de él?

La resurrección y la doctrina cristiana

San Agustín defiende que «no hay doctrina de la fe cristiana combatida con tanta vehemencia como la de la resurrección de la carne». Entretanto, pocas verdades de nuestra fe son tan claramente afirmadas tanto en las Sagradas Escrituras como por los autores de los primeros siglos. La enseñanza sobre la resurrección de los cuerpos tiene la condición de dogma, o sea, artículo de fe respecto al cual no puede caber ninguna duda.

Con todo, no faltó quien se haya atrevido negarla. Los gentiles la rechazaban como una fábula nueva e increíble. La contestaron también los saduceos y, entre los primeros cristianos, Himeneo y Fileto, los cuales San Pablo refuta en su primera Epístola a Timoteo (cap. II). A estos pueden sumarse los gnósticos, maniqueos y priscilianistas, que tuvieron por secuaces, en la Edad Media, los albigenses y valdenses. En nuestros días los protestantes liberales y los racionalistas se empeñan en negar este dogma católico, por considerarlo incompatible con ciertas razones filosóficas. Contra toda esta corriente de herejías, la Iglesia presenta el depósito precioso de la Revelación y la segura voz de sus concilios.

Podemos apoyarnos en declaraciones históricas, como por ejemplo, el Credo de los Apóstoles, también llamado de Niceia; el Credo del XI Concilio de Toledo; el Credo de León IX, todavía usado en las consagraciones de los obispos; la profesión de fe del II Concilio de Lyon; el Decreto del IV Concilio de Letrán, contra los albigenses. Además, este artículo de fe toma por base la creencia ya existente en el Antiguo Testamento y las enseñanzas del Nuevo Testamento, más allá de la Tradición Cristiana.

Por Emílio Portugal Coutinho

(Mañana: La Resurrección en las Escrituras – La doctrina de la Resurrección en la Tradición Cristiana)

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