sábado, 08 de agosto de 2020
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Al dejar Angola, Papa pide que los africanos venzan el “desafío” de la solidaridad

Angola (Lunes,23-03-2009, Gaudioum Press) Termina el primer viaje del Papa Benedicto XVI al Continente africano. Este lunes por la mañana a las 10h45 (6h45 de Brasilia), el Papa dejó la capital angoleña, Luanda, y embarcó en un Boieng 777 de Alitalia con destino a al aeropuerto romano de Ciampino, donde debe aterrizar cerca de la 18h (14h de Brasilia).

Sin embargo, antes de partir Benedicto XVI hizo un pedido al los gobernantes de todo el Continente, para que transforme en una prioridad la lucha contra la pobreza, afirmando que los africanos deben vencer el “desafío” de la solidaridad.

El Presidente de Angola y las autoridades civiles y religiosas, entre ellas el arzobispo de la capital angoleña, Mons. Damián Antonio Fanklin, fueron a despedir al papa al Aeropuerto.

El Presidente José Eduardo dos Santos, en su alocución de despedida del Papa, dijo que la visita de Benedicto XVI fue un incentivo para proseguir en el camino de la consolidación de la paz, de la reconstrucción de una sociedad asentada en el respeto a los derechos humanos, en la democracia y en la justicia social.

El Jefe de Estado lamentó la muerte el sábado de dos jovencitas angoleñas en un tropel antes de una misa Papal, y agradeció a Benedicto XVI por las palabras de consuelo así como por los mensajes de paz y reconciliación. “En nombre del pueblo angoleño confirmo que seguiremos por el camino de la paz, de la reconciliación nacional, de la democracia, del respeto a lo derechos humanos y de la justicia social”, afirmó.

“Me permito hacer un pedido final” dijo el Papa en su discurso de despedida en el aeropuerto de la capital angoleña, Luanda, dirigiéndose al Presidente angoleño José Eduardo dos Santos: “Quiero pedir la justa realización de las aspiraciones fundamentales de las poblaciones más necesitadas, para que ellas sean la preocupación principal de los administradores públicos, que deben cumplir su misión no en beneficio propio y sí por el bien común”, afirmó.

Excelentísimos Señor Presidente de la república, Ilustrísimas Autoridades Civiles, Militares y Eclesiásticas, Apreciados herma nos y hermanas en Cristo, Amigos todos de Angola:

   Vivamente sensibilizado por la presencia de Vuestra Excelencia, Señor Presidente, en este momento de mi despedida, quiero expresarle mi aprecio y gratitud por el trato hidalgo que me reservó y las disposiciones tomadas para facilitar el desarrollo de los diferentes encuentros que me fueron dados vivir. Tanto la autoridades civiles y militares como a los pastores responsables de las comunidades e instituciones eclesiásticas envueltas en los mismos, dirijo los más cordiales agradecimientos por todas las amabilidades que tuvieron par conmigo durante estos días que pude pasar entre vosotros.  Una palabra de reconocimiento debo a los operadores de los medos de comunicación social, a los agentes de los servicios de seguridad y a todos los voluntarios que, con  generosidad eficiencia y discreción, contribuyeron para el buen éxito de mi visita.

Estoy agradecido con Dios por haber encontrado una Iglesia viva y, a pesar de las dificultades, llena de entusiasmo que supo cargar su cruz y la de los otros, testimoniar delante de todos la fuerza salvífica del mensaje evangélico. Ella continua anunciando que llegó el tiempo de la esperanza, empeñándose en la pacificación de los ánimos y convidando al ejercicio de una caridad fraterna que sepa abrirse a acoger a todos, en el respeto de las ideas y sentimientos de cada uno. Es hora de despedirme para regresar a Roma, triste por dejarlos, pero feliz por haber conocido de cerca un pueblo valiente y decidido a renacer. No obstante las resistencias y los obstáculos, este pueblo pretende construir su futuro caminando por sendas de perdón, justicia y solidaridad.

Si me permitiesen un apelo final, sería para pedir que la justa realización de las aspiraciones fundamentales de las poblaciones más necesitadas constituya la preocupación principal de cuantos ocupan cargos públicos, visto que su intención –estoy seguro- es desempeñar la misión recibida, no para sí mismos, son en vista del bien común. Nuestro corazón no puede estar en paz, mientras veamos hermanos sufriendo por falta de alimento, trabajo, techo u otros bienes fundamentales. Sin embargo, para ofrecerse una respuesta concreta a estos nuestros hermanos en humanidad, el primer desafío a vencer es el de la solidaridad: solidaridad entre las generaciones, solidaridad entre los países y entre continentes que dé origen a un reparto cada vez más equitativo de las riquezas de la tierra entre todos los hombres.

Y desde Luanda extiendo la mirada para África entera,  despidiéndome hasta el próximo mes de octubre en la Ciudad del vaticano, cuando nos reuniremos para la II Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos dedicada este Continente, donde el Verbo de Dios humanado en persona, encontró refugio. Ahora pido a Dios que haga sentir su protección y ayuda a los refugiados y desplazados sin número que vagan a la espera de un retorno a casa. El Dios de los Cielos les repite: Aunque tu madre te olvidase, yo nunca te olvidaría (cf.Is 49,15). Es como a hijos y a hijas como Dios nos ama; Él vela sobre vuestros días y vuestras noches, sobre vuestras fatigas y aspiraciones.

¡Hermanos y amigos de África, queridos angoleños, coraje! Nos os canséis de hacer progresar la paz, haciendo gestos de perdón y trabajando por la reconciliación nacional, para que jamás prevalezca la violencia sobre el diálogo, el miedo y el desánimo sobre la confianza, el rencor sobre el amor fraterno. Y esto podrá suceder si o reconocéis unos a lo otros como hijos del mismo Padre del Cielo. Dios bendiga a Angola! Bendiga a cada uno de sus hijos e hijas. Bendiga el presente y el futuro de esta querida nación. ¡Quedaos con Dios!

 

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