martes, 28 de mayo de 2024
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"¡Los sacerdotes, para servir a la Iglesia y al mundo, necesitan ser santos!": Mensaje de la Congregación para el Clero

Ciudad del Vaticano (Jueves, 26-04-2012, Gaudium Press) La Congregación para el Clero hizo público un mensaje dirigido a los sacerdotes de todo el mundo con ocasión de la próxima Jornada Mundial de Oración para la Santificación del Clero, que la Iglesia celebrará el próximo 15 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Los sacerdotes, recuerda el texto, «hemos aceptado no sólo la invitación a «santificarnos», sino también a convertirnos en «ministros de santificación» para nuestros hermanos».

El documento, firmado por el Presidente de dicho dicasterio, Cardenal Mauro Piacenza, y su secretario, Mons. Celso Morga Iruzubieta, se inspira en la frase de la primera carta a los Tesalonicenses: «Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» . En el caso de los sacerdotes, este mandato «se ha doblado y multiplicado al infinito» y se debe «obedecer en cada acción ministerial que llevamos a cabo», afirma.

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«Este es nuestro estupendo destino:», continúa la carta, «no podemos santificarnos sin trabajar para la santidad de nuestros hermanos, y no podemos trabajar para la santidad de nuestros hermanos sin que antes hayamos trabajado y trabajemos para nuestra santidad».

La importancia del compromiso personal del sacerdote en la búsqueda de su propia santificación se debe reafirmar ante los escándalos internos y los ataques externos que han afectado a la Iglesia y «han humillado el sacerdocio a los ojos del mundo». El documento cita las palabras del beato Juan Pablo II en 2002, cuando pidió trabajar para reparar los daños cometidos por miembros de la Iglesia y renovar el compromiso personal: «estamos llamados a abrazar el mysterium Crucis y a comprometernos aún más en la búsqueda de la santidad».

El documento invitó a los sacerdotes, además, a prepararse apropiadamente para el Año de la Fe, que conmemora también los 50 años del inicio del Concilio Vaticano II, los 20 años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica y durante el cual tendrá lugar la Asamblea General del Sínodo de los Obispos. Varios pasajes de la Exhortación Apostólica Porta Fidei, de Benedicto XVI son ofrecidos para la reflexión de los presbíteros, en los cuales se condensa el sentido de este ministerio en la base fundamental del Amor de Dios.

«Es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar», afirma el texto del Santo Padre citado en la carta. Este llamado evangelizador significa guiar a los hombres a su más alta vocación: la comunión con Dios, lo cual nos permite, afirma la carta, «adentrarnos directamente en el misterio central de la fe que debemos profesar: «Profesar la fe en la Trinidad -Padre, Hijo y Espíritu Santo- equivale a creer en un solo Dios que es Amor»»

Los sacerdotes deben encauzar hacia la comunión a un mundo que padece el ateísmo por «haber olvidado la belleza y el calor de la Revelación Trinitaria». Solo en la Comunión Trinitaria, agrega el documento, «los fieles pueden descubrir verdaderamente el rostro del Hijo de Dios y su contemporaneidad, y pueden verdaderamente llegar al corazón de todo hombre y a la patria a la cual todos están llamados. Y sólo así los sacerdotes podemos ofrecer de nuevo a los hombres de hoy la dignidad del ser persona, el sentido de las relaciones humanas y de la vida social, y la finalidad de toda la creación».

El documento concluye con una fuerte exhortación a asumir la verdadera importancia de la tarea encomendada: «El mundo de hoy, con sus laceraciones cada vez más dolorosas y preocupantes, necesita al Dios-Trinidad, y anunciarlo es la tarea de la Iglesia. La Iglesia, para poder desempeñar esta tarea, debe permanecer indisolublemente abrazada a Cristo y no dejar nunca que se le separe de Él: necesita santos que vivan «en el corazón de Jesús» y sean testigos felices del Amor Trinitario de Dios. ¡Y los Sacerdotes, para servir a la Iglesia y al mundo, necesitan ser santos!»

Con informacion de Vatican Information System.

 

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