sábado, 28 de enero de 2023
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Hoy es necesario el testimonio comunitario de la espiritualidad de comunión, observó el Card. Braz de Aviz

Ciudad del Vaticano (Viernes, 27-04-2012, Gaudium Press) «La vida consagrada tiene hoy un camino posible a ser recorrido para mostrar y donar al mundo su significado más profundo: construir entre sus miembros, entre los institutos, unos con otros, con las otras realidades de la Iglesia, con todo hombre o mujer en los varios campos de la vida humana, estas relaciones que tienen el Dna de nuestro Dios-Amor». Son las palabras de invitación del Cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, pronunciadas en Malta, por ocasión del vigésimo aniversario de la Conferencia de los Superiores y las Superioras mayores locales. El purpurado brasileño afirmó la necesidad del testimonio de la propia vida arraigada en Cristo. El «L’Osservatore Romano», diario vaticano, presenta hoy un breve informe.

«Hoy no bastan solo un código moral, la herencia espiritual recibida o una ideología para tornar posible el anuncio de Cristo. Es necesario el testimonio comunitario de la espiritualidad de comunión que Juan Pablo II indicó como la fuerza de la Iglesia en el Nuevo Milenio». Es el mensaje del cardenal que hace un año y medio tiene la responsabilidad de guiar la vida consagrada en el mundo por parte del Vaticano.

«Cada vez más aquello que para la religión es valor, para el hombre y para la mujer de la globalización ‘mercantilista’ no lo es»

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Card. Braz de Aviz – Foto: The Irish Catholic

Reflexionando sobre la oración de Pablo VI en la apertura del Sínodo de los Obispos sobre la «Evangelización en el mundo contemporáneo» de 1974: «Oh Señor, nosotros tendremos que remontar hasta el misterio de la Santísima Trinidad para buscar el origen primero del mandato que nos es urgente, y para descubrir, en las investigables profundidades de la vida divina, el designio de amor, que invierte, califica y sutenta nuestra misión apostólica», el cardenal Braz de Aviz resaltó que «la cultura globalizada en acto tiende a eliminar o rechazar los valores universales que, a través de la historia humana, fueron cada vez más reconocidos por todos, de modo especial en relación con Dios, para afirmar el individualismo, el relativismo y el secularismo. Así, sin Dios, todos se tornan la regla de sí mismo y del bien, y reconocen como valor solamente aquello que da placer, que da felicidad, aunque de manera efímera, vivido por un momento. Cada vez más aquello que para la religión es valor, para el hombre y para la mujer de la globalización ‘mercantilista’ no lo es».

Consecuentemente «en el momento histórico en el cual la técnica proporcionó las mayores posibilidades de relaciones y eliminación de los valores, para afirmar el individuo absoluto, coloca en crisis la capacidad humana de relaciones en todas las direcciones»y «bajo influencia de esta mentalidad individualista y relativista que suprime la vida de comunión, típica del Evangelio, no se entiende más en el mundo eclesial de los consagrados al que sirve la obediencia y cómo ejercitar la autoridad y, muchas veces, no se entiende más ni siquiera el valor de la vida en fraternidad».

La necesidad de «remontar hasta el misterio trinitario» es fundamental también en la respuesta sobre la crisis de las vocaciones. Es preciso «volver a las fuentes cristológico-trinitarias de la vida consagrada» como indicó Pablo VI y como fue retomado en la Exhortación apostólica «Vita consacrata» de 1996, afirmó el purpurado recordando que sobre eso insistió el beato Juan Pablo II invitando a «promover la espiritualidad de comunión como principio educativo en todos los lugares donde se plasma el hombre y la mujer y el cristiano en este nuevo milenio que estamos iniciando. Esta espiritualidad de comunión es propuesta ahora por Benedicto XVI para todos los pueblos».

La experiencia trinitaria como una relación personal con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo según el cardenal brasileño es la solución para encontrar una fecundidad de la vida consagrada. Para que «las relaciones humanas brillen de amor es necesario retomar entre nosotros el sentimiento y los comportamientos de igualdad: una igual dignidad, todos únicamente hijos de Dios-Amor. Todo lo demás: ministerios, servicios, carismas, dones, bienes, esto es, nuestras justas diversidades, sirven únicamente para la belleza y fuerza de esta fraternidad en la Iglesia. Las ideologías, también en nuestro tiempo, no fueron capaces de realizar los grandes valores humanos de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Estos sin embargo, son los valores centrales de la antroplogía cristiana. Si volvemos hoy, con simplicidad y decisión, a la experiencia de nuestra identidad trinitaria, la Iglesia, con todas sus realidades construidas durante estos veinte siglos, podrá crecer en el ofrecer esperanza verdadera a la humanidad», dijo el prefecto concluyendo, que como «el amor que va y viene en la relación humana genera la presencia de Jesús vivo y resucitado en la comunidad», esta presencia de Cristo «entre los discípulos que viven el amor recíproco, da a las relaciones humanas la dimensión más perfecta. Cuanto más esa experiencia se alarga, más la Iglesia, con toda su belleza humana, resplandece de divina».

El Card. Braz de Aviz pasó tres días en el país acompañado por el padre Donato Cauzzo y visitó las varias realidades de la vida religiosa representada por treinta y tres congregaciones, masculinas y femeninas, y habló, entre otras cosas, de la relación entre consagrados y la nueva evangelización.

 

 

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