lunes, 30 de enero de 2023
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De promisorio bailarín en Broadway a seminarista en Roma: la historia de David Rider

Roma (Jueves, 31-05-2012, Gaudium Press) Siendo muy, muy joven, desde los 3 años, el claqué o ‘tap’, -el baile de zapateo americano- lo había tomado por entero. «El claqué era la razón de mi vida», dice el seminarista David Rider, quien hoy se prepara para el sacerdocio en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, aunque está incardinado en la arquidiócesis de Nueva York.

Esta bella historia que adelante resumiremos, la conocemos gracias a un conocido del seminarista Rider, Robert Duncan, quien había dejado a su amigo como un promisorio bailarín en Broadway y dos años después se lo encontró con alzacuellos en Roma. Lo ocurrido, tanto le había sorprendido, que convenció a Rider de grabar su testimonio.

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Para David Rider, fue decisivo el fallecimiento de su héroe, Juan Pablo II

La afición de Rider por el claqué no era un mero pasatiempo. Llegó a abrir una escuela de danza e inició giras por todo Estados Unidos, que incluían presentaciones de musicales que se tornaron célebres. Para la época su fe se había enfriado un tanto.

«Quería ser un profesional del claqué durante el resto de mi vida y trabajar enseñando y actuando. Pero cuando tenía 17 años, Dios irrumpió en mi vida a través de uno de mis profesores de instituto y redescubrí mi fe católica. Se plantearon en mi vida dos opciones: el claqué o el sacerdocio», confiesa David.

El dilema, pues, se estableció en su vida. Aquel que estaba seguro de cuál sería su camino se veía ahora en la incertidumbre, pues un más alto llamado estaba tocando a su puerta. La figura de un Papa, hoy beato, terminaría decidiéndolo.

«No sabía muy bien que hacer», continúa, «pero un momento muy importante fue la muerte de mi héroe, Juan Pablo II, en la época en la que estaba de gira con Calle 42 [Uno de sus musicales]. Cuando murió, empecé a saber más cosas de su vida, y sobre el desafío que hubo en su vida entre ser actor o convertirse en sacerdote. Una noche me levanté para ver su funeral junto con mi compañero de habitación. Y comprobé el impacto que había tenido en todo el mundo por hacer la elección del sacerdocio. Decidí entonces seguir sus pasos».

Su firme sendero de ahora, no le impide recordar las épocas de promisorio bailarín. Pero cuando ejercita su antigua pasión, la motivación es completamente diferente.

Rider admite que ya no baila como lo hacía antes. «No es posible en esta vocación, ahora llevo un alzacuellos y me estoy preparando para el sacerdocio», dice. Entretanto, cuando lo hace ya no es por el mero gusto de bailar, sino «por el triunfo del reino de Dios».

Con información de ReligionenLibertad

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