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Obispos argentinos se declaran "dolidos y agobiados" por la crisis moral del país e invitan a la purificación del corazón

Buenos Aires (Viernes, 30-11-2012, Gaudium Press) «Nos sentimos heridos y agobiados». Estas palabras resumen el sentir de los Obispos de Argentina ante lo que consideran una «profunda crisis moral» del país y hacen parte del llamado a «un examen de conciencia, a la conversión y a una purificación del corazón» con motivo de la preparación de la Navidad. Este mensaje es el centro de las «Reflexiones de los Obispos al acercarnos a la Navidad», publicadas por la Conferencia Episcopal Argentina el pasado 29 de noviembre.

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Mons. José María Arancedo, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, presentó el texto de las reflexiones.

Los prelados enmarcaron su mensaje en el contexto del Año de la Fe y el deber de los católicos de renovar el encuentro con Cristo, agradecer el don de la fe y compartirla con los demás. Los Obispos señalaron que esta fe hace parte de la cultura argentina «desde los orígenes de nuestra nacionalidad» y dieron gracias a Dios » por la fe de tantos argentinos que, a lo largo de nuestra historia, han sido testigos del Evangelio y ciudadanos ejemplares». También recordaron que la fe «no puede quedar recluida en lo íntimo del corazón, sino que tiene una dimensión pública» y transmitirse en todos los aspectos de la vida.

En el tiempo de Adviento, preparación de la Navidad, los Obispos realizaron un diagnóstico sobre el país y recordaron que la historia debe estar fundada en Cristo para, a través de su luz, su perdón y su gracia, «edificar la comunidad humana en la verdad, la justicia y el amor, según el plan de Dios». Los prelados alertaron que el rumbo de la nación se separa de la voluntad de Dios: «Nos encontramos sumidos en una profunda crisis moral, que revela que la fe no impregna plenamente nuestro estilo de vida». Ante esta realidad, los Obispos no ocultaron su desconcierto. «Nos sentimos heridos y agobiados», afirmaron.

«Esta dolorosa situación se refleja en todos los órdenes de la vida nacional», continuaron. «Podemos salir de ella mediante la conversión a Dios, el único Señor, abandonando el pecado y asumiendo el compromiso de cumplir sus mandamientos». Para ello, propusieron emplear el Año de la Fe para motivar en todos los católicos un espíritu de renovación: «Así como hemos dado gracias por la fecundidad de la fe en Argentina, también nos sentimos movidos a un examen de conciencia, a la conversión y a una purificación del corazón».

La vida de la nación y el compromiso cristiano

Los Obispos recordaron la responsabilidad de los católicos ante la realidad social: «La patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad. Un regalo que debemos cuidar y perfeccionar». La vida personal y social debe estar iluminada Dios para encaminarla hacia la búsqueda del bien. «El encuentro con el Señor despierta en el corazón del hombre aquellas energías espirituales y morales que necesitamos para fortalecer nuestro compromiso ciudadano», declararon los Obispos. «Aspiramos a ser una nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común». Los Obispos renovaron su compromiso de anunciar el Evangelio, el cual «es el principal servicio que podemos ofrecerle a la sociedad argentina».

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La fe de los católicos tiene una dimensión pública y debe guiar a la sociedad, afirmaron los Obispos.

Sobre la nación, los prelados afirmaron su «honda preocupación e identificaron seis síntomas de la persistente crisis moral y cultural argentina, contrastan con los principios fundamentales de la sociedad según la doctrina de la Iglesia. Los Obispos recordaron que «la dignidad de la vida desde la concepción hasta su término natural es la base de todos los derechos humanos» y denunciaron la omisión de su respeto en el ordenamiento jurídico de la nación. Un segundo síntoma es el ataque a la familia, que es «anterior al estado, es la base de toda la sociedad y nada puede reemplazarla». Los Obispos alertaron sobre «una corriente cultural y un conjunto de iniciativas legislativas que parecen soslayar su importancia o dañar su identidad» al buscar cambiar su definición natural.

La declaración afirmó además el derecho de los padres a elegir la educación de sus hijos y pidió «excluir la politización prematura y partidista de los alumnos» y no imponer contenidos contrarios a las convicciones morales y religiosas de las familias. Los prelados también llamaron la atención sobre la gran cantidad de jóvenes que no estudian ni trabajan, la extensión del consumo de drogas y el riesgo de división del país en bandos políticos irreconciliables.

Es ante este panorama que los Obispos hicieron su llamado a la reflexión. «La fe nos alienta a revisar nuestra vida personal y social a la luz de Jesucristo», exhortaron. «Él es la Verdad que nos hace libres». También pidieron a los católicos argentinos contribuir a superar las divisiones y «generar contextos de encuentro, de diálogo, de comunión fraterna que nos permitan reconocernos y tratarnos como hermanos».

Los prelados concluyeron sus reflexiones encomendando el país a Jesucristo niño, en el pesebre: «A Él volvemos a dirigirle nuestra plegaria: «Jesucristo, Señor de la historia, te necesitamos…» A la Virgen María, Nuestra Señora de Luján, le confiamos nuestras inquietudes y ponemos en sus manos nuestras esperanzas».

Gaudium Press – Miguel Farías

 

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