sábado, 15 de junio de 2024
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La fe en el amplio contexto de la vida comunitaria debe valer todavía más en la unión matrimonial, dijo el Papa

Ciudad del Vaticano (Lunes, 28-01-2013, Gaudium Press) Debido a la crisis de la dimensión religiosa y teológica de la vida social, que comporta también muchos cambios de la ley en Occidente contrarios a la enseñanza de la Iglesia, Benedicto XVI el sábado pasado, durante su discurso de inauguración del año judicial del Tribunal de la Rota Romana, se detuvo en el tema de la relación entre fe y matrimonio. «La fe es importante en la realización del auténtico bien conyugal, que consiste simplemente en querer el bien del otro, en función de un verdadero e indisoluble ‘consortium vitae’, recordó el pontífice, indicando también que no existe «ningún evidente automatismo entre carencia de fe y nulidad de la unión matrimonial», como también que la fidelidad es «posible en el matrimonio natural, contrato entre no bautizados».

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No se puede «sugerir un fácil automatismo entre carencia de fe y nulidad de la unión matrimonial», expresó el Papa

En el contexto de la actual crisis de fe, que interesa a varias partes del mundo y trae consigo una crisis de la sociedad conyugal, juntamente a las dificultades y sufrimiento por los hijos, el Santo Padre invitó a la reflexión sobre la fidelidad y la dimensión de la fe en la vida conyugal de hoy.

«La confianza recíproca, de hecho, es la base irrenunciable de cualquier pacto o alianza» y en esa perspectiva teológica el matrimonio obtiene un valor de sacramento. Por eso, «el pacto indisoluble entre hombre y mujer no exige para fines de sacramentalidad, la fe personal de aquellos que se casarán». Pero como condición mínima necesaria está «la intención de hacer aquello que hace la Iglesia», que no debe ser confundida con la fe personal de las partes contrayentes.

El tema que se enfrenta y se coloca en duda en el plano legislativo actualmente en Occidente sobre la vida conyugal es «la propia capacidad de un ser humano ligarse a otro». En este contexto, el Santo Padre reforzó que «solamente abriéndose a la verdad de Dios, de hecho es posible comprender y realizar en la concreción de la vida familiar y conyugal, la verdad del hombre como hijo, regenerado por el Bautismo».

Hoy hay un desequilibrio profundo en todas las relaciones humanas, incluyendo la matrimonial, y una equivocada comprensión de la libertad y la auto-realización que direcciona al hombre hacia el egoísmo y el egocentrismo. El Papa declaró también que «la acogida de la fe hace al hombre ser capaz de ser dueño de sí».

Consecuentemente, aquello que la Iglesia propone es válido y posible fuera de la realidad eclesiástica. «No se pretende con eso afirmar que la fidelidad, así como otras propiedades, no sea posible en el matrimonio natural, contrato entre no bautizados», precisó el pontífice.

Siguiendo el ejemplo de los santos

En la Iglesia, los modelos ejemplares de fidelidad y de coherencia cristiana son proporcionados por los santos. A través de las propias experiencias, «marcadas por la fe, [los santos] nos hacen comprender cuánto, aún hoy, es precioso el sacrificio ofrecido por el cónyuge abandonado o que haya sufrido el divorcio, si -reconociendo la indisolubilidad del vínculo matrimonial válido- consigue no dejarse envolver en una nueva unión…», dijo el Papa.

El Santo Padre invitó entonces a los fieles a redescubrir el valor profundo de la fe para la vida comunitaria y conyugal. Es la fe que «hace crecer y fructificar el amor de los esposos».

Pero la fe como criterio de validez del matrimonio debe ser vista a través de la perspectiva correcta. «No se debe, por tanto prescindir -precisó el pontífice- de la consideración de que puedan ocurrir casos en que, debido a la ausencia de fe, el bien de los cónyuges sea comprometido, o sea, excluido de su contexto».

Por eso, no se puede «sugerir un fácil automatismo entre carencia de fe y nulidad de la unión matrimonial, pero sí resaltar que tal carencia pueda, aunque no necesariamente, herir los bienes del matrimonio, pues la referencia al orden natural deseado por Dios es inherente al pacto conyugal (cfr. Gen 2,24) «, destacó el Santo Padre al final del discurso.

 

 

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