martes, 29 de noviembre de 2022
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"El trabajo debe ser encarado como una bendición de Dios", afirma Obispo de Santa Cruz del Sur, Brasil

Santa Cruz del Sur (Martes, 30-04-2013, Gaudium Press) En un artículo titulado «El don del trabajo», Mons. Canísio Klaus, obispo de la diócesis de Santa Cruz del Sur, en el Estado de Río Grande del Sur, Brasil, habla sobre la fecha que conmemoramos el próximo miércoles, día 1º de mayo, Día del Trabajador.

1.jpgSegún el prelado, para muchas personas será apenas un feriado con la posibilidad de participar de fiestas promovidas por las empresas, para otras es el día de reverenciar a San José, el patrono de los trabajadores y celebrar las conquistas obtenidas por los trabajadores. Él también recuerda a aquellos que protestarán contra las malas condiciones de trabajo, contra los bajos salarios pagados o contra la substracción de los derechos por las políticas gubernamentales para contener las crisis económicas.

El obispo también explica que, en muchas oportunidades, los obispos de Brasil ya manifestaron su solidaridad y denunciaron situaciones injustas que afligen a los trabajadores proponiendo acciones que favorezcan la práctica de la justicia social. Para él, lo mismo ocurrió a nivel de la Iglesia Católica Universal, cuando los Papas publicaron importantes documentos sobre la realidad del mundo del trabajo, alertando sobre la explotación de los trabajadores.

Reflexionando sobre el don del trabajo, Mons. Canísio resalta la visión de que el trabajo es algo que dignifica a la persona.

El texto inspirador es el Libro del Éxodo (20,9-10): «Trabajarás durante seis días y harás toda tu obra. El séptimo día, sin embargo, es el sábado del Señor, tu Dios; no harás ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu animal, ni el extranjero que está en tus puertas».

Por último, el obispo resalta que los días de trabajo a que el ser humano es llamado, culminan con el sábado, que es día de descanso, y solo tiene derecho al descanso aquella persona que trabajó. Por causa de eso, completa él, más que sufrimiento, el trabajo debe ser encarado como una bendición de Dios. «Es feliz la persona que consigue comer el pan obtenido con el trabajo de sus manos» (Sl 128,2).

«Sabiendo que todos somos responsables, a través de nuestro trabajo, por la construcción de la sociedad nueva, justa y fraterna, soñada por Dios para sus hijos e hijas, pedimos que Dios, por intermedio del obrero San José, que con su trabajo en la oficina de Belén contribuyó para dar más dignidad al trabajo, bendiga a los trabajadores y las trabajadoras», concluye. (FB)

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