miércoles, 30 de noviembre de 2022
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"El bien proviene de la íntegra causa y el mal surge por cualquier defecto", recuerda el arzobispo de Puerto Alegre, Brasil

Puerto Alegre (Viernes, 31-05-2013, Gaudium Press) «La distinción entre lo esencial y lo accidental» es el tema del último artículo escrito por Mons. Dadeus Grings, arzobispo metropolitano de Puerto Alegre, en el Estado de Río Grande del Sur, Brasil. En el texto, el prelado afirma que la filosofía se empeña en el discernimiento entre lo esencial y lo accidental, garantizando así una vida más segura y objetiva, y que San Agustín llegó a formular el gran principio: en las cosas necesarias unidad, en las secundarias libertad, en todo caridad.

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De acuerdo con el arzobispo, la Iglesia tiene la incumbencia de orientar a los fieles en la vida cristiana y, por eso, insiste en la distinción entre culpa grave y leve, que responde, respectivamente, a pecado mortal y pecado venial. Para Mons. Dadeus, la modernidad intenta escamotear la cuestión del pecado, porque envuelve fe en Dios y, consecuentemente, relacionamiento con él, pero no consigue hacer lo mismo sobre la problemática de la droga, la violencia, la corrupción, la retención, la falsificación, entre otros. «Todos se dan cuenta de que existe algo muy equivocado en la sociedad actual».

El prelado explica también que en este contexto de distinción entre el bien y el mal, urgiendo que el primero debe ser hecho y el segundo evitado, como norma suprema de la acción, vuelve a la cuestión de la gravedad. Según él, sabemos que todos somos humanos, lo que se identifica con fragilidad. Recordando el proverbio de que «todos son buenos hasta que dejen de serlo», Mons. Dadeus resalta que quien hace el bien recibe el nombre de bienhechor, al paso que quien practica el mal es definido como malhechor.

«El principio es que el bien proviene de la íntegra causa y el mal surge por cualquier defecto. Con todo es preciso establecer una escala de valores, así como una escala de males. Muchas cosas son imperativas. Alcanzan el núcleo de la vida humana. Tornan a quien las practica bueno o malo. Otras, al contrario, no tienen esta profundidad. Se sitúan en el plano de los consejos. Podemos calificarlas para mejor o peor, como mal menor o mayor, como tentativa de reducción de daños», evalúa.

El arzobispo recuerda que la Iglesia pone, como sanciones para la práctica del mal, que alcanza la radicalidad de la decisión humana, el infierno. Para él, es la muerte de la moralidad, y para que suceda es preciso que la materia sea grave, haya perfecto conocimiento y plena libertad. Según Mons. Dadeus, estos actos no deberían ser comunes entre los hombres, que fundamentalmente, son buenos, por eso son considerados excepcionales, pero ocurren. Infelizmente, los medios de comunicación diariamente apuntan no pocos casos, clasificados como crímenes hediondos.

«Existen también desvíos menores», destaca el prelado, que además agrega que esos desvíos no tornan al hombre malo en sí, sino que ponen en él alguna mancha. «Son como la enfermedad o alguna herida. Por eso la Iglesia habla de una sanción para estos defectos, como purgatorio. Una especie de hospital. Alcanza a aquellos que no están condenados a la muerte, pero necesitan de una purificación para presentarse inmaculados delante de Dios para el gozo de la felicidad plena. Esta situación, del cielo, del purgatorio y del infierno, ya comienza en esta tierra. La práctica del bien o del mal lleva a ella y ya la anticipa», completa.

Por último, el arzobispo enfatiza que cuando la Iglesia da orientaciones a sus fieles desea que sean felices aquí y allí, en el cielo, no pretendiendo evitar todos los desvíos, principalmente los no fatales, mas advirtiendo que hay algo mejor para escoger.

«En la moral se distingue entre grave y leve. En la teología se presentan notas teológicas para garantizar la firmeza de las verdades enunciadas: dogmas de fe, verdades ciertas, opiniones, dudas, sospechas e hipótesis. Vuelve el principio agustino: en las cosas necesarias, unidad, o sea, en los dogmas de fe no se duda; en las verdades ciertas se busca entendimiento y en las demás continúa la pesquisa y se puede libremente discutir», concluye él. (FB)

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