martes, 23 de julio de 2024
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Cardenal Joseph Zen y su lucha por la libertad religiosa en China: La arrogancia estatal es fomentada por el silencio

Roma (Viernes, 15-11-2013, Gaudium Press) El Cardenal Joseph Zen es uno de los líderes que con mayor insistencia ha denunciado la violación de los derechos humanos en China, especialmente los graves obstáculos a la libertad religiosa que aún subsisten en el enorme país asiático. Aunque su voz ha sido determinante a la hora de detener iniciativas estatales como el intento de mayor control sobre la educación católica en 2012, el purpurado define su actuación con humildad: «Simplemente creo que cuando uno es puesto en una posición de importancia, está llamado a cumplir con su deber».

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Cardenal Joseph Zen, Obispo emérito de Hong Kong. 

El Cardenal Zen, oriundo de Shanghai y Obispo emérito de Hong Kong, concedió una entrevista a Zenit durante su visita a Roma con motivo de la apertura del año académico en la Pontificia Universidad Lateranense. El tem obligado de sus declaraciones fue la lucha de la Iglesia por recuperar su independencia en un contexto de profunda intromisión del estado en el apostolado, que ha generado graves violaciones a los derechos humanos, tal como lo denunció recientemente la misma Diócesis de Hong Kong ante las Naciones Unidas en un completo informe (ver noticia anterior).

«A pesar de que se ha alcanzado una apertura desde el punto de vista económico, no ha habido ningún cambio en la política ni en la religión», denunció el purpurado. «Hay absoluto control, desprecio por la Iglesia, humillación de nuestros Obispos. ¡Algunos han estado en prisión por diez años!». Las detenciones arbitrarias de sacerdotes y Obispos aún subsisten (como en el caso del Obispos auxiliar de Shanghai, Mons. Thaddeus Ma Daqin), y tuvieron su mayor incidencia en la llamada «revolución cultural» de 1966 a 1976, cuando se suprimió toda oposición al régimen comunista.

El Cardenal Zen explicó que la Diócesis de Hong Kong no vivió esta situación por tratarse de un protectorado del Reino Unido y ha retenido cierta autonomía con respecto al resto del país tras su anexión a China como región administrativa especial. «Nosotros, quienes en Hong Kong todavía tenemos libertad de expresión, debemos hacer oír nuestra voz y decir lo que pensamos», declaró el Obispo emérito. «Hay quienes se contentan con una armonía aparente, precisamente para evadir cualquier enfrentamiento. Pero esto es un error, porque la arrogancia (estatal) es fomentada por el silencio. En su lugar, es un deber continuar hablando y protestando, especialmente por la libertad religiosa».

No comprometer la independencia de la Iglesia

El purpurado también comentó sobre la división que la presión estatal ha impuesto a la Iglesia, administrando hábilmente medidas de represión y ofertas de ciertas libertades a cambio de sumisión. «Siempre hay un dilema», describió el Card. Zen. «Si nos rendimos al gobierno, hay una clase de libertad. Ahora el gobierno incluso da dinero para la evangelización. Para mí, sin embargo, esta no es una libertad verdadera, es una esclavitud, porque si vendemos la naturaleza de la Iglesia para evangelizar, no sabemos qué evangelio llevamos a la gente».

La admisión en la Asociación Patriótica, órgano oficialista de control de la Iglesia y que desconoce la autoridad de la Santa Sede, fue ofrecida como opción para los sacerdotes y Obispos perseguidos. Algunos de ellos aceptaron este control para poder ejercer de alguna manera su apostolado, mientras que otros prefirieron continuar la labor de evangelización de forma clandestina. Por este motivo, la comunidad católica en China se dividió en una vertiente «oficial» y una «subterránea».

Finalmente, el Cardenal Zen descartó la posibilidad cercana de una visita del Papa Francisco a China. «Un viaje de esta importancia requiere que las condiciones estén maduras», comentó. «De otra forma, terminaría como en otros casos: el gobierno chino manipularía a la gente». La información, fotografías y cualquier señal podrían ser empleadas para legitimar la acción del estado o confundir con un manto falso de validez para ocultar la grave situación canónica de los obispos ordenados ilegítimamente por orden del gobierno.

Con información de Zenit.

 

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