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Marguerite Bourgeoys, la Santa que formó Canadá

Redacción (Jueves, 02-01-2014, Gaudium Press) En la Francia del Siglo XVII, la Iglesia daba gran importancia a la educación como método de evangelización, ya sea en la formación de futuros sacerdotes o del pueblo simple, utilizando la palabra y el buen ejemplo.

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Este método evangelizador consiguió destilar un grupo de sacerdotes y laicos capaces de comprender la necesidad de llevar la fe y la cultura fuera de sus propias fronteras. Pero antes, era necesario crear una escuela de pensamiento que afirmase las bases de los futuros evangelizadores. Y es así, que nacen en el Siglo XVII, un gran número de Asociaciones Católicas, volcadas principalmente a la educación. El joven sacerdote y ex-alumno jesuita, P. Jean-Jacques Oliver de Verneuil, por ejemplo, funda en 1639 la Societé de Notre-Dame (Sociedad de Nuestra Señora) de Montreal, y la Sociedad de Sacerdotes de Saint-Sulpice. Que serán el centro de nuestro tema.

Desde 1611 los Jesuitas realizaban un trabajo misionero en lo que hoy es Canadá, que era territorio francés desde 1534; gracias a sus relatos e informes, consiguieron despertar en muchos franceses el deseo de ir a ese lejano territorio a fin de ayudar en la misión evangelizadora.

En la Europa de entonces los problemas y tensiones político-religioso dieron origen en 1618 a la Guerra de los Treinta Años, que enfrentará a los príncipes alemanes protestantes, con el poder del emperador católico.

Delante de este panorama bélico, muchos comprendieron que era indispensable buscar soluciones a este mal; el empeño y esfuerzo del P. Jean-Jacques y de Jérôme Le Royer de la Dauversière, padre de familia, y fundador de las Hospitalarias de La Flèche, hizo posible reunir un grupo de sacerdotes, de nobles, burgueses y artesanos para llevar la fe católica a los pueblos de América.

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La Asociación se colocó la meta de fundar una ciudad modelo. El lugar elegido fue la Isla de Montreal. Nace así, en mediados de 1642, la Ville-Marie: La Ciudad de María. Sus fundadores eran más de cuarenta colonos comandados por un joven soldado, Paul Chomedey de Maisonneuve, y de una inteligente mujer, Jeanne Mance, tesorera de la expedición.

La hermana de Paul Chomedey, Louise, era religiosa de la Congregación enclaustrada de Notre-Dame de Troyes, y tenía a su cargo un grupo de señoritas que se ocupaban de educar a los pobres de la ciudad. Sabían que dar dinero no podía proporcionar una buena educación para que las personas mejoren su situación y vivan dignamente. Estas señoritas llegarían a ser las futuras educadoras de Canadá. Su figura central es Marguerite Bourgeoys, quién en 1653 habla con Paul Chomedey, que la invita a ir a la Ville-Marie de Montreal a fundar allí una escuela.

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Para dejar más claro este concepto de la importancia de la educación, es necesario comentar que en 1610 Luis XIII tenía solamente nueve años cuando se convierte en Rey de Francia; o que su hijo, Luis XIV, el futuro Rey Sol, fue coronado Rey a la edad de cinco años en 1643. Tampoco fue una excepción Luis XV que con apenas cinco años asumirá el reino más poderoso e influyente de su época.
La educación buscaba por lo tanto formar hombres y mujeres capaces de dirigir una nación desde una temprana edad. Y es esta la misión que le confían a Marguerite Bourgeoys, quién parte para Montreal en 1653.

Problemas y necesidades en la Nueva-Francia

¿Cuáles eran los principales problemas en Canadá y de qué vivían en aquél tiempo?

En 1627 un grupo de comerciantes, Los Cien Asociados, explotan el comercio de pieles que se vuelve la principal fuente de riqueza de la Colonia. También en esa época se desarrollan los astilleros, la industria de la madera, de la pesca y la forja del hierro.

Con el tiempo, el control del comercio de pieles, y la búsqueda de la expansión territorial, desembocarán en graves conflictos bélicos en tierras norteamericanas entre franceses, ingleses y autóctonos, principalmente los indios iroqueses.

Por su ubicación estratégica, la Ville-Marie se transforma en el principal centro del comercio de pieles. Y por lo tanto de las disputas territoriales. Y es en este movedizo terreno político, religioso y económico-social que llega Santa Marguerite a la Nueva-Francia.

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Por ser Montreal una joven ciudad, no pasaba de 700 habitantes, llena de aventureros, y en donde muchos de los primeros fundadores habían muerto en los interminables y sorpresivos ataques de los indios iroqueses, la población infantil era muy reducida. Por eso Marguerite no puede abrir una escuela inmediatamente.

En 1657 llegan los padres Sulpicianos a Ville-Marie para asumir la misión y educación de la colonia, en lugar de los padres Jesuitas. Ellos comienzan a influenciar de forma determinante en el desarrollo económico, político, religioso, urbano y cultural de Montreal.

Es justo en esta época que Marguerite emprende la construcción de la Capilla de Notre-Dame-de-Bon-Secours (Nuestra-Señora-del-Buen-Socorro) pero debido a un cambio de jurisdicción eclesiástica en Montreal todo queda suspendido por muchos años.

En 1658, con la ayuda de los niños, Marguerite transforma un establo en su primera escuela, que con el tiempo, se convertirá en la Casa Madre de las Instituciones que irán surgiendo a lo largo del tiempo en tres Continentes. Todo parece florecer, pero hacía falta más obreras para ayudar en esta empresa y resuelve regresar a Francia para buscarlas. Cuando regresa a Montreal en 1659 le comentan que todo el material que estaba guardado para la construcción de la Capilla había desaparecido. Fue necesario esperar 20 años para que pudiera ver su sueño realizado. Una joven noble, Jeanne Le Ber, que llevaba una vida recluida en el cuarto de su casa, decide financiar la construcción de la Capilla con la condición de que viviría recluida dentro de la capilla hasta su muerte.

En 1678 la Capilla es inaugurada, pero en 1754 es consumida por un terrible incendio. Lo único que se rescató milagrosamente de entre los escombros humeantes fue la estatuilla de la Virgen y el Niño, completamente indemne.

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Pero volvamos a la primera escuela, y cómo trabajaban las hermanas en ese tiempo.

La educación católica como fuente de evangelización y de cultura

La vida escolar era adaptada a las necesidades de aquella época. Las hermanas enseñaban a escribir, leer, a realizar trabajos manuales y a formar cristianamente a los niños. Para los adultos se organizaban visitas a sus cabañas y se les enseñaba también a leer y escribir.

Un grupo de hermanas comenzaron las «misiones ambulantes» trabajando con los autóctonos en lo alto de las montañas y recorriendo los pueblitos del interior de Montreal, en donde pasaban semanas enseñando y preparando a las jóvenes para la Primera Comunión. En aquella época dicho sacramento representaba la entrada a la vida adulta. Todo esto lo hacían de manera gratuita, lo que atraía el favor de las autoridades de la Colonia.

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La estabilidad política que trajo la paz entre Francia y España en 1659, sellado con el casamiento de Luis XIV y María Teresa, hija del rey de España, permite la reorganización de la Colonia.

En aquél entonces en Nueva-Francia había una mujer por seis varones. Los padres que no casaban a sus hijos antes de los 20 años para los varones, y 16 años para las mujeres, eran multados. Quién se empeñaba en vivir soltero le suspendían el derecho de pescar o el poder comercializar con pieles.

Fue ahí que entre 1663 y 1673 cerca de 800 jóvenes, menores de 25 años, huérfanas de la guerra en Francia, son enviadas a la Nueva-Francia para formar familias. Son las llamadas «Hijas del Rey». Al llegar al Canadá Marguerite las recibe; acoge a muchas, ayudándolas en todo, hasta que consigan un buen marido. Algunas entrarán en su Congregación. También acoge a las jóvenes cautivas inglesas víctimas de la guerra entre Francia e Inglaterra.

El crecimiento es rápido y Marguerite ve llegada la hora de dar forma a su nueva Congregación. Viaja en 1670 a Francia para conseguir cartas de aprobación del Rey Luis XIV. Y lo consigue. En total realizará siete viajes al Viejo Continente lo que en aquella época era toda una odisea.

No existía en aquel entonces la posibilidad de una religiosa vivir una vida fuera del claustro, y fue este punto lo que hizo demorar la aprobación de sus reglas y estatutos; hasta que en 1676 reciben la autorización canónica, y en 1698, 24 hermanas pueden hacer su profesión públicamente por primera vez.

La historia cuenta que los franceses comenzaron a vender alcohol a los indios, y estos empezaron a cometer crímenes horrorosos. El Obispo había impuesto pena de excomunión a quién continuase vendiendo alcohol a los autóctonos. Pero no hicieron caso. Una santa tuvo una visión en que veía el castigo que Dios mandó: una serie de terremotos fuertísimos, grietas, hundimientos de terreno, desvíos de ríos, destrozos de todo tipo sucedidos en 1663 durante siete meses consecutivos en toda la zona Este de la Nueva-Francia.

En 1683 se incendia la Casa Madre, muriendo dos religiosas. Ya sea por los incendios, que era muy común en esa época en donde casi todo era construido en madera, o ya sea por la guerra, o por el propio crecimiento de la ciudad, la Casa Madre fue fundada o reconstruida 8 veces en distintos sitios.

En 1684 ingresa la primera religiosa nativa de Montreal a la Congregación y cuyo nombre era Marie-Barbier. Ella será la primera en suceder como superiora en 1693 a la Madre Marguerite. Hasta el día de hoy han sido más de 40 las superioras de la Congregación.

Guerras y persecuciones religiosas en la Nueva-Francia

Los años son turbulentos en toda Europa, en 1685 Luis XIV revoca el edicto de Nantes. Más de 160.000 protestantes hugonotes salen de Francia, muchos forman milicias y con ayuda de la armada inglesa y holandesa invaden Nueva-Francia. Los indios iroqueses se alían con los ingleses y comienzan a saquear todo el territorio. Montreal corre peligro. Las granjas son incendiadas, los hombres asesinados, las mujeres y niños raptados. Un soldado corre detrás de una jóven de 14 años, Marie-Madeleine Jarret de Verchères, quién consigue llegar a la fortaleza de sus padres. Ella, sin dudarlo, en ausencia de sus padres, organiza la defensa del lugar. Resisten los ataques por más de ocho días hasta que llegan refuerzos.

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Los años pasan en ese ir y venir de conflictos pero la Congregación fundada por Santa Marguerite continúa caminando, con su confianza puesta siempre en Dios.

En 1679 se redactan las memorias de Santa Marguerite quién fallece en 1700 a los 79 años de edad. Su retrato fue pintado en el lecho de muerte. La Congregación crece, pero el obispo le impone una limitación de 80 miembros como máximo.

El panorama político de la sucesiones a los tronos de España y de Austria, culminan en una guerra europea. Francia e Inglaterra se enfrentan nuevamente en 1710 por el control total del comercio de pieles. Inglaterra quería con el control económico, hacerse enseguida con el control político y así imponer el control religioso dentro del territorio de la Nueva-Francia.

En 1745, durante el terrible sitio de 47 días a la fortaleza de Louisbourg, las milicias protestantes, con apoyo de la armada inglesa, después de la capitulación, destrozan todo, maltratan a los civiles y cometen todo tipo de atrocidades. Las hermanas y las estudiantes, todas canadienses, que se encontraban en esa fortaleza, son embarcadas rumbo a Francia y nunca más regresarán a Canadá.

Mientras tanto las colonias inglesas crecen rápidamente duplicando su población cada 25 años. Sólo la ciudad de Nueva York tiene la misma población que toda la Nueva-Francia.

El Gobierno Inglés, que asumió el control de Nueva-Francia, impone una ley de expulsión sin previo aviso de más de 6.000 canadienses a Francia y América, por no adaptarse rápido y no ser buenos súbditos de Inglaterra.

La madre de un canadiense, con la que el autor de estas líneas conversó en Toronto, descendiente de esas familias católicas expulsadas, contó a su hijo, que sus antepasados consiguieron salvarse porque se escondieron en los bosques de la región. Los demás fueron sacados por la fuerza de sus casas y las familias separadas para siempre. Muchas iglesias católicas fueron incendiadas con los sacerdotes dentro de ellas. Hay muchos mártires desconocidos en Canadá.

Con el nuevo Gobierno inglés llegan comerciantes, especuladores territoriales y colonos americanos e ingleses. El ministro inglés de las Colonias afirma sin rodeos que desea establecer la Iglesia Anglicana en Canadá y que todos sus habitantes tenían que aceptar la religión protestante. Para lograrlo era necesario fundar escuelas protestantes en cada región. Además, ningún católico podía formar parte del Gobierno.

Es en esta situación que las Hermanas de Notre-Dame compran la Isla de Saint-Paul y con la producción de las granjas podrán mantener la Comunidad y sus misiones hasta mediados del Siglo XX.

En medio de la crisis nace una esperanza

En 1775 inicia la guerra de la Independencia de los EEUU, en donde las trece colonias británicas se enfrentaron a Inglaterra. La disputa llega a Canadá que es invadida por los republicanos sin que consigan conquistarla.

El Tratado de Versailles proclama la independencia de los EEUU. Los ingleses legitimistas, en un número aproximado de 50.000 personas, abandonan el territorio y suben a Canadá ocupando lo que hoy se conoce como Ontario, o bajo Canadá. El alto Canadá seguirá bajo la influencia francesa con unos 70.000 habitantes aproximadamente.

En 1812 un intento de conquista por porte de EEUU nuevamente fracasa, y durante la retirada incendian muchos edificios importantes de la Nueva-Francia. En contrapartida, en 1814, una expedición anglofrancesa ataca Washington, incendiando la Casa Blanca y el Tesoro.

En 1838, nace una disputa entre el Bajo y Alto Canadá por el control total o la anexión de la región de Ontario a los EEUU, pero también fracasan, dejando Canadá más sólidamente definida en sus actuales fronteras.

Ya en 1847 una situación inesperada hará que el panorama religioso cambie. Es la llegada de los inmigrantes irlandeses y escoceses que huyen del hambre y la miseria; y más tarde llegarán los italianos. Gracias a esto el catolicismo pasa a ser mayoría.

Aparece la navegación a vapor y el transporte ferroviario, uniendo el Atlántico con el Pacífico. Es el primer paso para la «globalización» impuesta por la Revolución Industrial.

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Una epidemia de tifus hace que la gente recurra a la oración, principalmente en la Capilla de Notre-Dame-de-Bon-Secours; que con el correr del tiempo se transforma en el lugar de oración de los marineros. Muchos buques en miniatura, colgados de la bóveda de la capilla, nos hablan de la fe de estos marineros. En 1831 roban la imagen de la Virgen y el Niño, que es encontrada por casualidad en 1844. Solamente en 1988 será colocada nuevamente en su sitio original.

A partir de 1820 se irán abriendo misiones de la Congregación por todas partes: EEUU; Tegucigalpa; Cuernavaca; Guatemala; El Salvador; Chile; Camerún; y finalmente en Troyes, lugar natal de Santa Marguerite. Esta expansión les permitió transformarse en un instituto pontificio. Su número superaba las 1157 religiosas.

No solo educan la elite de la sociedad, sino que también se dedican a enseñar a los hijos de los soldados católicos del régimen británico acantonados en la región, y a los hijos de las familias irlandesas económicamente necesitadas.

Abren aulas de retórica, química, filosofía, costura, bordado, arte, ciencia, comercio, gimnasia, artes culinarias e indumentarias. La enseñanza era bilingüe. Se afilian con el tiempo a la Universidad de Montreal y ofrecen diplomas de doctorados en pedagogía, música y Licenciatura en Ciencias de economía doméstica, que incluía perfeccionamiento en nutrición y alimentación.

La Congregación de Notre-Dame crece y se expande, abren 90 misiones. Sus escuelas, algunas son privadas, otras parroquiales y otras bajo la autoridad civil. Nacen las Conferencias Pedagógicas del sábado para docentes, religiosas y laicas, con diplomas y grados superiores.

Los domingos se dedican a formar a las mujeres jóvenes y mayores, creando un grupo llamadas las «amistosas» que se encargarán de organizar encuentros sociales, y a reunir recursos para obras de caridad.

Comienzan a imprimir una gran cantidad de manuales escolares para uso interno y externo. En ellos tratan temas de historia, dibujo, música, decoro y contabilidad. Imprimen una obra consagrada a mantener por escrito las costumbres y las tradiciones de la Congregación.

En 1909 ya enseñaban contabilidad, prácticas comerciales y bancarias, negocios, caligrafía, geografía comercial, dactilografía y archivística. Sus alumnas eran abogadas, médicas, jueces y ministras, periodistas, escritoras y poetisas.

Un Mundo en permantente transformación

La Primera Guerra Mundial dará a Canadá su cambio de status de colonia por el de miembro adulto e independiente de la Commonwealth británica.

En 1932 la Congregación de Notre-Dame inaugura la primera misión en Japón, en Fukushima. Tengamos presente que los cristianos japoneses habían trasmitido la fe de generación a generación en medio de terribles persecuciones. No tenían sacerdotes para recibir los sacramentos a excepción del bautismo. Las Hermanas comenzaron con un jardín de infantes, enseñaban catecismo y daban clases particulares de francés, de inglés y música. Abrieron el primer noviciado fuera de Montreal. Las primeras japonesas ingresaron a la institución, pero estalló la Segunda Guerra Mundial. En 1941 las instituciones fueron clausuradas; algunas hermanas pudieron volver a Canadá como intercambio de prisioneras de guerra. Las demás fueron encerradas. El convento fue convertido en una cárcel. Ellas sólo consiguieron sobrevivir a las penurias gracias a la lealtad de tres novicias japonesas. En 1946, adoptaron 19 huérfanas de guerra y con ellas nace la primera escuela en Fukushima. El nombre de la Escuela fue Notre-Dame de los cerezos en flor. En 1956 eran ya 33 hermanas japonesas y 18 norteamericanas, que educaban a 1707 alumnos.

Marguerite Bourgeoys en la gloria de los altares

En diciembre de1878 el Papa León XIII confería el título de Venerable a Marguerite Bourgeoys. El 12 de noviembre de 1950 el Papa Pío XII la declara Bienaventurada. Y el 31 de octubre de 1982 el Papa Juan Pablo II celebra la Santa Misa de canonización. Nace así la primera Santa Canadiense. Se puede afirmar que con sus manos formó Canadá. Soñó y realizó lo que soñó en vida y después de su muerte.

Pero un ideal todavía está por ser conquistado. Así como Santa Teresa de Jesús, o San Ignacio de Loyola, soñaron una Sociedad de Jesús, Santa Marguerite Bourgeoys, San José de Calazans y San Marcelino Champagnat, entre otros, soñaron con una Sociedad de María. Una ciudad de María. Un Reino de María. Pero no pudieron verlo realizado. Los poderes de la época unieron sus fuerzas para impedirlo. Recemos a todos estos grandes santos marianos para que su sueño sea en breve una hermosa realidad, y así, encontrar la verdadera solución para la crisis del mundo actual: una Sociedad de Jesús por María!

Por Jorge Martínez – Fotos: Gustavo Kralj

(Fuente consultada: Patricia Simpson, Notre-Dame-de-Bon-Secours. Une chapelle et son quartier, Montréal, Fides, 2001).

 

 

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