viernes, 01 de marzo de 2024
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Un niño refugiado vietnamita, atiende hoy espiritualmente a evacuados de Fukushima

Fukushima (Jueves, 02-01-2014, Gaudium Press) El desastre de Fukushima está aún presente en la memoria colectiva, entre otras razones porque es un capítulo no enteramente cerrado. En marzo de 2011, un terremoto asoló al Japón, ocasionando en la central nuclear de esa ciudad liberación de radiación al exterior, lo que motivó el desalojo de numerosas personas, que aún hoy se encuentran en viviendas temporarias.

La Iglesia, siempre muy presente con su ayuda en todo tipo de catástrofes, tampoco ha abandonado a estas personas, varias de ellas en estados depresivos y con tendencia al aislamiento. Entretanto, lo que no saben muchos beneficiarios de estas atenciones, es que uno de los sacerdotes que los cuida, es a su turno, también un refugiado.

El P. Nguyen Quang Thuan va continuamente hacia las personas ubicadas en alojamientos temporarios de Iwaki, en la jurisdicción de Fukushima. Para ellos fue creado un «outreach café», un café de sensibilización.

Todos los días el P. Thuan reza con los evacuados, los escucha, trata de ayudarlos a salir del aislamiento, busca que se relacionen con los demás. Su labor se desarrolla en 10 complejos habitacionales, y junto con voluntarios católicos del lugar trabaja fuertemente. «Los evacuados -explica- se preguntan con preocupación si podrán en el futuro volver a sus casas. Yo trato de ser positivo con ellos sobre su futuro, si bien es sólo un poco lo que hago».

Fue cuando tenía 5 años que el P. Thuan debió salir de Vietnam junto a su familila, temiendo persecuciones por parte de los comunistas. Fue uno de los casi un millón y medio de personas que escaparon de Vietnam, Laos y Camboya después de 1975, por la vía del mar, los «boat people».

Su barca fue asaltada por una embarcación sin bandera, que iba en busca de dinero, una experiencia traumática. «No logro ver películas de piratas», revela el sacerdote. Tras una semana de incierta travesía la barcaza llegó a Indonesia, a la isla de Galang. Después de dos años en campos de refugiados, en que la familia estuvo dispersa, finalmente se reencontraron juntos en Japón, recibidos por la Iglesia católica que hacía presencia en Miyazaki.

Tras no pocos esfuerzos, el P. Thuan se hizo admitir en la facultad de ciencias humanistas de la Universidad de Nanzan. «He querido dedicarme a los otros haciéndome cura como el sacerdote que recibió a mi familia», dice.

«Los evacuados llegan a los alojamientos temporáneos para escapar de las radiaciones. También yo me escapé de mi país y llegué aquí. Muchas personas me han ayudado a llegar adonde estoy ahora. Es natural para mí ayudar a los otros», declara el Padre.

Con información de Fides

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