viernes, 01 de marzo de 2024
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"La familia es la primera institución de amor", afirma el Obispo de Frederico Westphalen, Brasil

Erexim (Jueves, 23-01-2014, Gaudium Press) Inspirado por el tema «El amor de la familia», Mons. José Gislon, obispo de la diócesis de Erexim, en el Estado de Río Grande del Sur, escribió su más reciente artículo. Al inicio de la reflexión, el prelado recuerda que estamos en pleno mes de enero, período de vacaciones escolares y vacaciones del trabajo, pero también celebrando el Año Diocesano de la Familia.

Según el obispo, la vida es para todos nosotros una escuela de aprendizaje constante, y es en la familia que los niños aprenden a confiar en el amor de sus padres. Para él, la familia también tiene una función pedagógica, pues es en ella que aprendemos a amar, y en la escuela del amor, todos nosotros somos eternos discípulos.

Mons. José explica que el amor a Dios y al prójimo siempre fue una ‘marca fuerte’ del cristianismo, que procuró hacer del amor el centro de todas las relaciones humanas. Él destaca que aún teniendo presente que el amor no puede ser enseñado como un curso académico, debemos tener consciencia de que todos los aspectos de nuestra vida pueden ser afectados por el amor: el amor divino, nuestro amor y el amor al prójimo.

Aprender a amar es un proceso

Entretanto, de acuerdo con el prelado, aprender a amar es un proceso, en que es preciso tener bien presente que el amor verdadero, no se compra, ni se vende, porque es en la gratificación que se revela el verdadero amor.

«Ese amor gratuito debería estar presente en la vida familiar, pero sabemos que aún en las mejores familias pueden surgir ocasiones en que la presencia de ese amor es deficiente y el hogar en vez de ser un rincón de paz y de regocijo puede representar un lugar de violencia, de falta de compasión y de destrucción de la vida de los hijos y de los padres. Lo cierto es que ningún niño puede sobrevivir sin al menos un poco de amor y atención», completa.

Por último, Mons. José afirma que aquello que aprendemos en la convivencia familiar sobre el amor puede ser perfeccionado, desarrollado, confirmado, negado o asimilado en la trayectoria de nuestra vida. Conforme él, en la base de todo desarrollo estará siempre la experiencia del amor que recibimos en los primeros años de vida.

«En este sentido, la familia puede ser reconocida como la primera institución de amor que tiene una fuerte influencia durante toda nuestra vida. Que en el regocijo del hogar, nuestras familias sepan cultivar el amor, como señal de la presencia del amor de Dios», concluye el obispo. (FB)

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