sábado, 26 de noviembre de 2022
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Cardenal Errázuriz desaprueba distribución de la “píldora del día después” y recuerda a los políticos que hay principios no negociables

Santiago (martes, 30-06-2009, Gaudium Press) El viernes 26 de Junio, el Arzobispo de Santiago, Cardenal Francisco Javier Errázuriz en entrevista al diario La Segunda, defendió la posición de la Iglesia frente a las intenciones del gobierno de repartir por medio del Sistema de Salud Nacional la llamada «Píldora del día después» y recordó a los políticos y candidatos presidenciales que hay principios que no son negociables. Lo anterior, debido al interés por parte de algunos candidatos de incluir el «aborto terapéutico» en sus programas políticos.

Consultado sobre la posición de la Iglesia respecto al aborto, el Cardenal señaló que los argumentos expuestos se fundamentan en la razón y que además encuentran sustento en la parábola del Buen Pastor: «yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Es por ello que la misión de la Iglesia «es un `si´ a la vida: a la vida con Dios y a la vida fraterna entre los hermanos, a la maternidad y la paternidad, y a todas las condiciones favorables a la vida que Dios nos regala», señaló el Pastor. 

Asimismo expresó que si esta ley se aprobara, no tan solo la Iglesia perdería en su causa, sino que «quien perdería sería el respecto incondicional a la vida, y perderían su vida incontables seres humanos, los seres más pequeños e indefensos de todos, los que estaban protegidos en el seno de sus madres. Perdería Chile.» 

Más adelante, el Arzobispo recuerda que el concepto de «aborto terapéutico» es una contradicción debido a que jamás matar es terapéutico y que según la opinión de médicos especialistas, los avances científicos han permitido que esa alternativa entre la vida de la madre y del niño en su seno, ya no se dé. 

«Lo que yo he leído se refiere casi siempre a la salud de la madre. Reflexionando sobre estos procesos en otros países, es fácil constatar que se amplía el significado de la palabra `salud´, ya que al final no se refiere a ninguna enfermedad, sino al posible daño a la `salud mental´, al bienestar económico…hasta al daño de hacer algo mal visto en la sociedad: tener un tercer hijo. En una palabra la aprobación de un aborto mal llamado terapéutico, además de despenalizar en ciertos casos el homicidio, termina siendo una puerta ampliamente abierta a todas las motivaciones posibles», indicó el Cardenal. 

Con respecto a la suma urgencia que el gobierno quiere otorgarle a la ley, el cardenal Errázuriz señaló que en una materia tan delicada no se debe proceder con precipitación. Además le sorprende que algunos órganos del Estado y algunos políticos hayan enjuiciado los dictámenes de la Corte Suprema, del Tribunal Constitucional y de la Contraloría, los cuales emitieron pareceres negativos respecto a la distribución del fármaco por el Servicio Nacional de Salud. «En lugar de respetar estos juicios, alzan su voz contra tres instituciones esenciales del Estado de Derecho, y cuya probidad no podemos poner en duda. Atacarlas es debilitar gravemente al Estado», afirmó. 

Al finalizar, el Cardenal advierte el error que implica dejar las convicciones religiosas de lado cuando se discuten estos temas en política, temas que afectan a todos los ciudadanos y que por esto, muchos aducen que los argumentos religiosos no caben. Con el objetivo de esclarecer este equívoco, el Cardenal cita al papa Benedicto XVI en relación a los principios no negociables. 

«Estos principios no son verdades de fe, aunque reciban de la fe luz y confirmación. Están inscritos en la misma naturaleza humana y, por tanto, son comunes a toda la humanidad. La acción de la Iglesia en su promoción ni es, pues, de carácter confesional, sino que se dirige a todas las personas, prescindiendo de su afiliación religiosa. Al contrario, esta acción es tanto más necesaria cuanto más se niegan o tergiversan estos principios, porque eso constituye una ofensa contra la verdad de la persona humana, una grave herida causada a la justicia misma».

 

 

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