miércoles, 28 de febrero de 2024
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Una Cruz monumental se construye en Pakistán por la libertad religiosa

Karachi (Martes, 26-05-2015, Gaudium Press) Parvez Henry Gill, un empresario cristiano pakistaní, decidió levantar una «Cruz a prueba de balas», como la llamaron los medios de comunicación, en la ciudad de Karachi, Pakistán. La Cruz tiene dimensiones monumentales y el creyente desea que sea una de las más grandes del mundo precisamente por las grandes dificultades de las comunidades cristianas del país para expresar abiertamente su fe.

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La Cruz monumental de Karachi, en construcción. Foto: Catholic Online.

Esta iniciativa es, según declaró el empresario a Washington Post, una inspiración de Dios ante sus oraciones de qué podría hacer para ayudar a sus hermanos en la fe en medio de los ataques a causa de su fe. «Quiero que las personas cristianas la vean y decidan quedarse», afirmó. «Será un símbolo de Dios y todos los que la vean dejarán de preocuparse».

El monumento, totalmente inusual en un país en el cual los cristianos son una pequeña minoría, es una fuerte expresión pública de fe y se ubica en la entrada del cementerio cristiano más grande de la ciudad, un lugar donde se registran frecuentemente actos de vandalismo. Sus medidas son imposibles de ignorar, con 42 metros de altura, ya que se aproximan a las de un edificio de 14 pisos.

Las comunidades cristianas en Pakistán llegan oficialmente a constituir un 1.5% de la población, si bien se estima que el porcentaje real podría superar el 5%. Gill afirma que la situación de discriminación motiva a las familias a dejar la ciudad de Karachi y el cementerio llega a ser un lugar emblemático del vandalismo anticristiano ante el cual la Cruz monumental en construcción espera ser un blanco mucho más resistente.

La familia Gill ha trabajado con éxito el cultivo del algodón y el trigo por varias generaciones y ha tenido gestos tradicionales de generosidad, como el apoyo a la educación de la niñez y la financiación de más de 100 cirugías para personas con ceguera. Las dificultades para construir el monumento no han escaseado, y 20 de los 100 trabajadores renunciaron cuando se hizo evidente el propósito de la construcción. Sin embargo, en la actualidad incluso no creyentes toman parte en las tareas y reconocen el trabajo como «una obra de Dios».

Con información de The Washington Post

 

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