jueves, 06 de agosto de 2020
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Fray Junípero Serra no está enfurecido

Manifestaciones anti-racistas que evolucionan en anti-cristianismo son al menos sospechosas.

Casa natalicia de Fray Junípero Serra, en Mallorca, España

Redacción (28/06/2020 10:09, Gaudium Press) Manifestaciones anti-racistas que evolucionan en anti-cristianismo son al menos sospechosas. Tal vez no se podría afirmar categóricamente que se trata de algo ya convenido y dirigido desde alguna central, pero sí deja mucho qué pensar.

Ya fue noticia por ejemplo la injusta agresión en contra de las estatuas de Fray Junípero Serra en San Francisco y Los Ángeles, el misionero franciscano español que llegó a América a los 36 años de edad y murió a los 70 por una mordedura de serpiente venenosa. Fundó algo así como casi diez misiones con sus capillas, salones, comedores y hospedajes, para cristianizar indios a lo largo y ancho de California. Al clero californiano de hoy le dio miedo organizar un homenaje de desagravio y contestar con vehemencia las calumnias y argumentos de los vándalos que algunos periódicos locales publicaron no sin cierta complacencia. Solamente un pequeño grupo de laicos católicos ha hecho manifestaciones junto a las estatuas derribadas y pintorreteadas de rojo.

De no haber llegado Fray Junípero y sus otros frailes antes que los primeros cow-boys tal vez todas comunidades indígenas de la región habrían acabado a balazos de colt y winchester. Pero si hay virtud difícil de practicar hoy día es la gratitud. Fray Junípero recorrió a pie y a lomo de mula miles de kilómetros cuadrados y no hay necesidad de recordar que padeció insolaciones, hambre, sed y cansancio porque es de lógica suponer todo eso.

Lo que sí es necesario focalizar por justicia, es el silencio de algún sector del clero norteamericano respecto a los ultrajes y agravios que ha sufrido la memoria del buen misionero. Y a ese respecto también la forma discreta y encogida de buena parte de los medios de comunicación – especialmente los más poderosos del país – como han informado sobre las manifestaciones de reparación de los fieles católicos junto a las estatuas derribadas. Lamentablemente no fueron muchas ni muy concurridas, tal vez por efectos de la pandemia o una prudente recomendación parroquial.

Todavía hoy está por escribirse la gesta misionera evangelizadora de España y otros países de Europa, que se lanzaron al mar con brío y sin miedo a llevar el cristianismo al mundo entero, porque ese fue el mandato de Nuestro Señor Jesucristo. Propagar el Evangelio puede ser que le suene detestable a tantos de los que hoy propagan el budismo zen, el yoga y otras modalidades de religiosidad oriental adecuadamente ataviadas para disimular su contenido gnóstico o panteísta.

Que Fray Junípero, un humilde fraile franciscano sin pretensiones, encabece la lista de los misioneros despreciados por los que odian las civilización cristiana, y le atribuyen a ella todos los males espirituales que el liberalismo europeo le trajo al mundo con sus revoluciones industrial y francesa, es realmente motivo de ufanía para los católicos.

Pero los blasfemos e indiferentes ciertamente pueden contar por ahora con nuestras oraciones por los pecadores como lo pidió Nuestra Señora en Fátima, y también con la intercesión del buen San Junípero, que no es ningún resentido.

Por Antonio Borda

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