lunes, 10 de agosto de 2020
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Arzobispo de Río de Janeiro recomienda a los fieles que mediten durante el Mes de la Biblia con base en la Carta de San Pablo a los Filipenses

Rio de Janeiro (Jueves, 10-09-2009, Gaudium Press) El arzobispo de Río de Janeiro, Mons. Orani João Tempesta, recomendó a los fieles que oren y mediten con base en la Carta de San Pablo a los Filipenses durante el mes de setiembre de este año, el temático Mes de la Biblia. Mons. Orani recuerda que la proposición fue hecha por la propia Conferencia Nacional de Obispos del Brasil (CNBB).

“La Carta a los Filipenses es muy específica para una reflexión sobre nuestra vida en comunidad. La esencia de nuestras comunidades, parroquias, casas religiosas en nada difiere de los primeros grupos cristianos, de los comienzos de la Iglesia de Cristo: hombres y mujeres, en torno a la mesa del Sacrificio Perenne, viviendo y compartiendo su vida y lo que poseían”, dice el texto.

Según el arzobispo, la orientación dada por San Pablo a los filipenses, de Macedonia, “es la misma que todavía resuena hasta nuestros días”, en que estamos presionados “por el consumismo, por las ganas de siempre tener más, distrayéndonos en nuestra caminata, aferrándonos a los bienes terrenales”. A partir del momento en que se escucha el mensaje de Cristo y se vive el mensaje, “se consigue abandonar todo, sus pretensiones, su orgullo”.

Mons. Orani también cita el Documento de Aparecida para ilustrar la “esperanza iluminadora por la Palabra revelada”. “La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra más en las obras que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia”, dice el documento.

Lea la carta íntegra

Mes de la Biblia, mes de reflexión

Comenzamos a celebrar en Brasil un mes temático más: el Mes de la Biblia. El despertar de esa conmemoración en Minas, hace casi cuatro décadas, hoy es un constante reavivamiento y profundización en la fe, creando convicciones sobre la misión de cada cristiano a la luz de la Palabra. Últimamente, la insistencia ha sido la de alimentarnos de la Lectio Divina o Lectura Orante de la Biblia como modo de acoger en el corazón y en la mente la Palabra de Dios que será transformada en vida y práctica cristiana, en la vida diaria como testimonio evangélico.

Para este año, la CNBB nos propone la Epístola de San Pablo a los Filipenses para nuestra meditación en la celebración del Mes de Setiembre. Con el tema “Alegría de servir en amor y gratitud”, y con el lema “Tened en vosotros los mismos sentimientos de Jesucristo” (Fl 2,5), aún bajo los efluvios del Año Paulino, dejémonos guiar por el Apóstol de las gentes.

La Carta a los Filipenses es muy específica para una reflexión sobre nuestra vida en comunidad. La esencia de nuestras comunidades, parroquias, casas religiosas en nada se difiere de los primeros grupos cristianos, de los comienzos de la Iglesia de Cristo: hombres y mujeres, en torno a la mesa del Sacrificio Perene, viviendo y compartiendo su vida y lo que poseían.

La orientación que San Pablo dirigía a los fieles de Filipos, en Macedonia, es la misma que todavía resuena hasta nuestros días. En momento en que vivimos la presión del consumismo, de las ganas de tener siempre más, aferrándonos a los bienes terrenales, banaliza nuestra actitud la letra del Apóstol: “Yo aprendí a adaptarme a las necesidades; sé vivir modestamente y sé también como comportarme en la abundancia. Estoy acostumbrado a toda y cualquier situación” (Fl 14,11-13).

Se consigue abandonar todo, hasta a sí mismo, pretensiones, orgullo, a partir del momento en que se escucha el mensaje de Cristo y se vive. Así Pablo lo hizo e incitaba a sus queridos hermanos en el amor de Dios a hacerlo también, “por el entrañado amor de Jesucristo” (Fl 1,18), que se dio hasta la muerte por nuestra redención.

En las primeras páginas de ese libro bíblico, San Pablo testifica su fe, predicando a Cristo, viviendo en Él: “Mi ardiente deseo y mi esperanza son que en nada seré confundido, sino que, hoy como siempre, Cristo será glorificado en mi cuerpo (tengo toda la certeza de esto), sea por mi vida, sea por mi muerte. Porque para mí el vivir es Cristo y morir es ganancia” (Fl 1,20-21)

El Documento de Aparecida esclarece esta esperanza iluminadora por la Palabra revelada: “La Iglesia tiene como misión propia y específica comunicar la vida de Jesucristo a todas las personas, anunciando la Palabra, administrando los sacramentos y practicando la caridad. Es oportuno recordar que el amor se muestra más en las obras que en las palabras, y esto vale también para nuestras palabras en esta V Conferencia. Ni todo lo que dice Señor, Señor… (cf. Mt 7,21). Los discípulos misioneros de Jesucristo tienen la tarea prioritaria de dar testimonio del amor de Dios y al prójimo con obras concretas. Decía San Alberto Hurtado: “En nuestras obras, nuestro pueblo sabe que comprendemos su dolor” (cf. DAp 386).

Con esa misma ansia de la búsqueda del amor que Cristo nos ofrece por su seguimiento y por su discipulado, que debemos alimentar en nuestra vida. Unidos a Cristo, profundizaremos en la contemplación de su divinidad y otra cosa no desearemos, sino vivir unidos a Él, “sin murmuraciones ni críticas, a fin de ser irreprensibles e inocentes, hijos de Dios íntegros en el medio de una sociedad depravada y maliciosa, donde brilláis como luceros en el mundo, a ostentar la palabra de la vida” (Fl 2,15-16). Todo eso porque “somos ciudadanos del cielo. Ansiosamente esperamos al Salvador, el Señor Jesucristo, que transformará nuestro mísero cuerpo, tornándolo semejante a su cuerpo glorioso, en virtud del poder que tiene de sujetar a sí a toda creatura (Fl 3,20-21).

Este debe ser nuestro deseo, con la certeza de que, luchando contra las malas inclinaciones de nuestra naturaleza y buscando vivir más íntimamente con el Señor, estaremos más unidos a Él, y “Dios ha de proveer magníficamente todas vuestras necesidades, según su gloria, en Jesucristo” (Fl 4,19).

Mons. Orani João Tempesta – Arzobispo de Río de Janeiro

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