sábado, 15 de junio de 2024
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Agustín, el genio, el pecador, el maniqueo, el admirador de Ambrosio, y finalmente el obispo Santo

Su madre era cristiana, pero su padre no, sólo le importaba que su hijo tuviera una excelente formación humana, incluso a costa de sus débiles economías..

San Agustin 1

Redacción (28/08/2020 09:04, Gaudium Press) San Agustín, uno de los hombres más inteligentes de la historia, vivió un tiempo alejado de Dios. Por ello es también modelo de quienes salen del vicio a la luz.

Nace en Tagaste, África, en la actual Argelia, el 13 de noviembre del 354.

Su madre era cristiana, pero su padre no; sólo le importaba que su hijo tuviera una excelente formación humana, incluso a costa de sus débiles economías.

Primero fue a Madaura, a estudiar gramática y retórica: gramática para aprender a pensar y a escribir, retórica para saber hablar.

Se corrompe, se hace maniqueo

Regresa a Tagaste, mientras se preparaba la continuación de sus estudios en Cartago. Tenía 16 años, y el ocio y la complacencia del padre, lo llevaron a los amores ilícitos.

Va a Cartago, la capital de la provincia, y avanza notoriamente en los estudios, y también se pudre en los amores sensuales. Pero también le interesaba la filosofía y en ella la sabiduría, lo que hizo que despreciara la carrera en el mundo, y más bien quiso buscar bienes que no perecieran, bienes eternos. Era pecador pero no mediocre.

Cae allí en las manos de los maniqueos, que al tiempo que hablaban de Cristo, le incutieron aversión por el Nuevo Testamento y el amor a sus tesis ridículas.

Quiso un día Agustín proclamar las tesis maniqueas delante de su madre, Santa Mónica, pero ella se horrorizó, inclusive lo corrió de la casa, con mucho dolor viendo a su hijo proferir discursos tan vanos. Por esos días fue que Santa Mónica tuvo el sueño que la fortaleció:

Estaba ella en un bosque llorando por los desvíos de su hijo, cuando se le aparece un ser resplandeciente, que sonriendo le pregunta el motivo de su llanto. Santa Mónica le cuenta, y el ser (ciertamente un ángel) le dice: “Ved, está con Vos”, es decir Agustín había regresado a la presencia y virtudes de su madre.

Habiendo regresado a Tagaste a enseñar, y a pesar de maniqueo y pecador, tenía Agustín un gran horror al contacto con demonios: un día un brujo le ofreció que le haría ganar un concurso de poesía por medio de algunos sacrificios de animales, lo que San Agustín rechazó con indignación.

Estando aún en Tagaste antes de su viaje a Roma, su inteligencia y ciertamente la gracia empezaron a conseguir la decepción de las doctrinas maniqueas, fue alejando su corazón del maniqueísmo.

Viaje a Roma y luego a Milán

Alguien le dijo que mejor empleara su inteligencia enseñando en la capital del imperio y hasta allá fue. Engañó a su madre para que no viajara con él, pero Santa Mónica después lo alcanzó.

En Roma vivía en casa de un maniqueo. Pero Milán, la gran ciudad del norte de Italia, necesitó un profesor de retórica y el escogido fue Agustín, por influencia de los maniqueos que tenían prestigio. Llega pues a Milán en el año 384, con 30 años de edad.

Viaja a Milán y desde el inicio se encanta con el gran San Ambrosio, el arzobispo. Este patriarca lo recibió con mucha bondad, que lo cautivó. Aunque no le pareció un gran retórico, Agustín rápidamente reconoció la primacía de la sabiduría de Ambrosio, y poco a poco fue creyendo que la doctrina católica era sustentable, lo que también fue aumentando sus distancias con los maniqueos, hasta el día feliz que renunciando a esa secta, se hizo catecúmeno.

Admiración sin obstáculos por el gran San Ambrosio

Finalmente, San Agustín, junto a su hijo Adeodato y su amigo Alipio, fueron bautizados en la vigilia pascual del año 387, por manos del propio San Ambrosio, y para la ocasión el obispo de Milán compuso su obra “De los misterios – o de aquellos que fueron iniciados”.

Se dice que tal era el encanto de San Agustín con San Ambrosio, que cuando iba a visitar al arzobispo, este le decía que no tenía tiempo para conversar con él, pues debía escribir, y San Agustín le pedía entonces que le permitiera contemplarlo en silencio mientras escribía, a lo que el Santo Obispo accedía. Era una admiración sublime por el superior, que preparaba la admiración definitiva por el Superior Dios católico, Autor del Universo.

San Agustin 2

Después de su conversión, San Agustín decide regresar a Tagaste a hacer apostolado.

En el camino, en el puerto de Ostia, se da el famoso coloquio con su madre Santa Mónica, donde los dos entran en éxtasis, y que le hace a Santa Mónica desear cada vez con mayor intensidad el ir al cielo. Dios le concede esa gracia, y muere ella en la propia Ostia, para dolor de Agustín.

Decide entonces regresar a Roma, donde busca la conversión de sus antiguos compañeros los maniqueos, y allí compone dos obras, que buscan también la conversión de estas gentes.

Después va a África, donde se convierte en obispo de Hipona. Allí compone sus obras más conocidas, La Ciudad de Dios, y Las Confesiones. Estando la ciudad cercada por bárbaros, pide a Dios que rechace a los enemigos, o que se lo lleve a él, y Dios le concede este último deseo, probablemente el 28 de agosto de 430, a la edad de 76 años.

La Ciudad de Dios es un gran monumento a la fe, en tiempos en que su ciudad, cristiana, era destruida por fuerzas paganas. Pero esa fe, tuvo su florecimiento en la Edad Media, cuando La Ciudad de Dios inspiró la construcción de la sociedad feudal.

Con información de la Vida de los Santos de Rohbacher

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