domingo, 05 de julio de 2020
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Al final de la Audiencia, el Papa deploró el racismo pero dijo no a la violencia

El Pontífice aseguró que sigue de cerca la situación en el país americano “tras la trágica muerte del Sr. George Floyd”.

Ciudad del Vaticano (03/06/2020 09:22, Gaudium Press) Al final de la Audiencia General de hoy, en la que continuando con sus catequesis sobre la oración trató del patriarca Abrahán, Francisco habló también de la difícil situación por la que atraviesa EE.UU.

Después de decir que sigue de cerca la situación en el país americano “tras la trágica muerte del Sr. George Floyd”, el Papa afirmó que no es posible “tolerar ni cerrar los ojos ante ningún tipo de racismo o exclusión y pretender defender la santidad de toda vida humana”. Sin embargo, dijo también Francisco que es necesario reconocer que “la violencia de las últimas noches es autodestructiva y provoca autolesión. Nada se gana con la violencia y mucho se pierde”.

El Papa ofreció sus oraciones por el “descanso del alma de George Floyd” y de todas las demás personas muertas por racismo. También afirmó que reza “por el consuelo de las familias y amigos afligidos, y rezamos por la reconciliación nacional y la paz que anhelamos”. Este tema lo concluyó con una invocación a la Virgen, “Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América”, para que “interceda por todos los que trabajan por la paz y la justicia en su tierra y en el mundo”.

El tema de la audiencia general: la voluntad de Dios se hace historia en la vida de Abrahán

En su catequesis durante la audiencia, el Papa mostró cómo Abrahán fue invitado a seguir un camino “que suena absurdo”, pues lo invitaba a “desarraigarse de su patria”, prometiéndole una tierra nueva y una descendencia numerosa “como las estrellas que salpican el cielo”.

El Patriarca fiel escucha y acepta la voz de Dios, y abandonando su tierra por obediencia al Señor se hace “el hombre de la Palabra”, es decir, aquel que escucha la palabra de Dios y la pone en práctica. “Esta es una gran novedad en el camino religioso del hombre –dice Francisco: la vida del creyente comienza a concebirse como vocación”, como un llamado a atender el designio de Dios, y la vida del hombre se transforma en “un lugar donde se cumple una promesa” divina. Por ello, la existencia del hombre deja de ser un “enigma”, algo incomprensible, y se transforma en la posibilidad de una “promesa, que un día se cumplirá”.

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Una fe que se convierte en historia

Abrahán es fiel a ese llamado, a esa palabra, y por ello “en la vida de Abrahán la fe se convierte en historia”, es decir la promesa se torna una realidad.

Dios ya no es más visto sólo en los fenómenos cósmicos, como un Dios lejano que puede infundir terror. El Dios de Abrahán se convierte en ‘mi Dios’, el Dios de mi historia personal, que guía mis pasos, que no me abandona; el Dios de mis días, el compañero de mis aventuras; el Dios Providencia”, explicó Francisco.

El Papa analizó también el modo de rezar del Gran Patriarca, quien iba erigiendo altares los cuales recordaban las acciones del Señor en su vida, y le tornaban presente la cercanía y la familiaridad de Dios.

Así Abrahán se convierte en familiar de Dios, capaz también de discutir con Él, pero siempre fiel. Hasta la prueba suprema, cuando Dios le pide que sacrifique a su propio hijo Isaac. Aquí Abrahán vive su fe como un drama, como un caminar a tientas en la noche, bajo un cielo esta vez desprovisto de estrellas. Dios mismo detendrá la mano de Abrahán que ya está lista para golpear, porque ha visto su disponibilidad verdaderamente total”, concluyó Francisco, pidiendo también a Dios que nos enseñe a orar con la misma fe del Patriarca Abrahán.

Con información de Vatican News

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