En un acontecimiento sin precedentes en los tiempos recientes, el Papa estuvo celebrando con el embajador Burch, en su residencia, los 250 años de la declaración de independencia americana.

Foto: Embajada de los EE.UU. ante la Santa Sede
Redacción (08/07/2026 10:54, Gaudium Press) En un acontecimiento sin precedentes en el último siglo de la diplomacia vaticana, el Papa León XIV —primer Pontífice estadounidense de la historia— acudió de forma personal y privada a la residencia del embajador de los Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, para celebrar el 250° aniversario de la Declaración de Independencia de su país natal, el pasado 4 de julio.
El encuentro, rodeado de un ambiente de profunda cercanía y sencillez, dejó importantes lecturas sobre la relación del Sucesor de Pedro con su patria y los desafíos globales actuales, las cuales fueron compartidas por el diplomático Burch en un coloquio con Giacomo Gambassi para l’Avvenire, entre otros periodistas.
Un encuentro personal y profundamente americano
El embajador Burch reveló que la visita se gestó tras una invitación familiar extendida hace un mes. El Pontífice llegó a la residencia del monte Gianicolo acompañado únicamente por la Gendarmería vaticana, confirmando el carácter pastoral y personal del encuentro.
Durante la velada, que se extendió por dos horas y media, León XIV compartió con la familia del embajador —compuesta por su esposa Sara y sus nueve hijos— anécdotas sobre sus raíces en Chicago, el origen de su vocación misionera y detalles cotidianos de su vida actual. La cena, de neto corte norteamericano, concluyó con la bendición de los alimentos “a la americana” (orando sentados), el canto del himno God Bless America junto a los jóvenes y la firma de pelotas de béisbol con la fecha histórica del 4 de julio de 2026.
Sintonía en el bien común y aclaración sobre los migrantes
Pero los periodistas no podían dejar de indagar sobre las aparentes divergencias entre la retórica del presidente Donald Trump y la doctrina social de la Iglesia, divergencias el embajador Burch matizó con optimismo: “La pregunta no es si se convertirán en amigos, sino si lo que el presidente intenta lograr y lo que el Papa desea para el mundo pueden converger. Y mi respuesta es sí!”. Entre los puntos de coincidencia geopolítica, el diplomático citó la búsqueda de la paz entre Rusia y Ucrania, la no proliferación nuclear, la estabilización de Medio Oriente y la preocupación por la libertad en Cuba y Venezuela.
Un punto crucial de la conversación fue la aclaración del Papa respecto a sus posturas magisteriales. El Pontífice aseguró al embajador que su reciente visita a la isla de Lampedusa no fue una crítica encubierta a la política migratoria de los Estados Unidos, sino un llamado pastoral global ante el drama de las migraciones que interpela especialmente a Europa. El embajador Burch recordó que el Santo Padre propone principios generales sobre la dignidad humana y el acogimiento, sin intervenir en las leyes civiles de control fronterizo que corresponden a la prudencia política de cada nación.
El afecto de un Papa universal por su tierra natal
A pesar de que un viaje apostólico a los Estados Unidos no figura de momento en la agenda para evitar lecturas de “filoamericanismo” y priorizar la universalidad de su ministerio en otras regiones necesitadas, el embajador Burch fue enfático en describir el alma del Papa: “Nutre un sentido afecto y un absoluto respeto por su tierra natal… la comprende de manera natural y la ama sinceramente”. Como prueba de este vínculo, se recordó que en su mensaje oficial del 4 de julio, León XIV elogió los sacrificios históricos de los soldados estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial, contienda en la que el propio padre del Pontífice combatió en suelo europeo.
Con este histórico acercamiento, el Papa León XIV demuestra que la fidelidad a las raíces patrias y el amor a la propia identidad nacional no compiten, sino que enriquecen, la misión providencial de guiar a la Iglesia Católica con un corazón universal.




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