lunes, 12 de octubre de 2026
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Ángelus del Papa: “no siempre se comprende el bien que ofrecemos”

León XIV comenta la parábola del banquete de bodas. Ante una invitación tan hermosa, los invitados, en lugar de unirse a la fiesta, se niegan a asistir, prefiriendo continuar con sus ocupaciones.

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Foto: Vatican Media

Redacción (12/10/2026 10:13, Gaudium Press) Ayer domingo, 11 de octubre, 28.º Domingo del Tiempo Ordinario, el Papa León XIV dirigió la oración del Ángelus en la Plaza de San Pedro, ante miles de fieles. Antes de rezar la oración mariana, el Pontífice reflexionó sobre la parábola de las bodas del hijo del rey, narrada en el Evangelio según San Mateo (Mt 22, 1-14).

En su reflexión, León XIV partió de una experiencia humana universal: “El matrimonio de un hijo es un momento especial en cualquier familia, y este padre, lleno de felicidad, quiere compartir su alegría con todos. Ofrece un banquete e invita a mucha gente”. Citando a Santo Tomás de Aquino, el Papa recordó que “el bien, por naturaleza, tiende a difundirse: Bonum dicitur diffusivum sui” (Summa theologiae, I, q. 5 a. 4, ad 2). Cuando sucede algo bueno, “se enciende una luz que nos lleva a incluir a los demás en nuestra felicidad”.

Sin embargo, no todos responden con la misma apertura. Ante un ofrecimiento tan sublime, muchos invitados se niegan a participar, prefiriendo sus ocupaciones. Algunos, irritados, insultan e incluso matan a los mensajeros del rey. “Lamentablemente, esto también sucede: no siempre el bien que ofrecemos es comprendido, reconocido o apreciado; al contrario, a veces es malinterpretado y rechazado. Pero esto no debe desanimarnos”, dijo el Santo Padre. Ante el rechazo, el rey no cancela la fiesta: amplía la invitación, enviando a sus siervos por las calles para que la alegría de los novios se convierta en un don para todos.

¿Quiénes son los protagonistas de esta historia? Siguiendo a San Jerónimo, el Papa explicó que el rey representa al Padre Celestial, el novio es Jesús y la novia es la Iglesia. Y nosotros también estamos en esta narración: “elegidos por el Señor para compartir con Él nuestra existencia y para ser, con Él, portadores de vida”. La fiesta de bodas es nuestra. La sala del banquete son nuestras iglesias, nuestros hogares, los lugares donde vivimos y donde, cada día, el Hijo del Rey, Jesucristo, vuelve para declararnos su amor y aguarda nuestro “sí”. Es allí donde lo encontramos, revestidos con la túnica blanca del Bautismo y adornados con las joyas de las buenas obras, que nos acercan a Dios y los unos a los otros.

Luego, el Papa destacó la naturaleza auténtica de esta alegría: “La alegría que anunciamos no es, por tanto, artificial, sino profunda, concreta y real; hermosa como los rostros de las personas que encontramos, verdadera como el trabajo, las sonrisas, las lágrimas, los apretones de manos y los gestos de bondad que marcan nuestros días. Es un don de Dios para la salvación del mundo”.

Al concluir la meditación, el Papa pidió la intercesión de María, Madre del Señor: “que nos ayude a crecer en esta alegría, anunciándola siempre y en todas partes con generosidad, valentía y fe, incluso allí donde no es comprendida”.

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