viernes, 03 de julio de 2020
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Aristocrática devota del Sagrado Corazón de Jesús

La joven condesa alemana y Beata de la Iglesia María Droste Zu Vischering (1863-1899) era oriunda de una de las más nobles familias de Westfalia.

Redacción (10/06/2020 12:24, Gaudium Press) ¿Cuántas son hoy día las jóvenes de alta clase social que ingresan como religiosas a una comunidad? La verdad es que la gran mayoría prefiere el mundo y sus vanidades.

Todavía las hay que sueñan con un matrimonio que puede ser que fracase en pocos años, en tener apenas uno o dos hijos para no dañar la silueta y no mortificarse educándolos, en disfrutar las comodidades de la vida doméstica moderna con supermercados copiosos, comidas pre-cocidas y prácticos utensilios, y en viajar – más que para conocer – apenas para alardear con sus amistades. Todavía las hay un poco de estas, aunque cada día crece más el número de las que sueñan con ser ejecutivas exitosas y llegar a altos cargos en la empresa privada o en la vida pública como la prioridad de sus vidas, relegando para un segundo plano maternidad y vida de hogar, si es que no han descartado ya totalmente este opción.

Prefirió la vida religiosa a un brillante futuro social

La joven condesa alemana y Beata de la Iglesia María Droste Zu Vischering (1863-1899) no pensaba así desde sus once años de edad. Hija de una de las familias católicas más nobles de Westfalia, con antepasados en las cruzadas y en altos cargos públicos de su nación, había nacido con todo a mano y bien podía prepararse para convertirse en una novia cotizada por otras familias de la nobleza alemana. Belleza no le hacía falta ni tampoco porte, categoría y mucha distinción.

Anamaría, como era su nombre bautismal, llevó una infancia, adolescencia y parte de su juventud con las comodidades suficientes para hacerla una triunfadora en el mundo social. Sin embargo prefirió la vida religiosa y en una comunidad donde tendría que trabajar arduamente para ayudar a mujeres de mala vida: Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor fundada en 1835 por Rosa Virginia Pelletier hoy Santa María Eufrasia, una joven francesa también de alta condición social.

Mujeres de este tipo de tesón y valentía se diría que prácticamente no existen más hoy. Se podría afirmar que es una especie femenina en vía de extinción, salvo que una gracia o un verdadero milagro lo impida.

Como se sabe la congregación escogida por Anamaría fue durante mucho tiempo encargada del manejo de mujeres encarceladas y con malos antecedentes. Se sabe también que de muchas de estas, la Congregación hizo religiosas contemplativas y misioneras en un apostolado cristiano que el Estado liberal le arrebató en varios países para entregárselo a funcionarias públicas más entrenadas para el mal trato y el despotismo que para el amor caritativo.

Objeto de locuciones del Sagrado Corazón

Pero nuestra aristocrática Beata alemana no es solo famosa por esa renuncia a la vida mundanal y entrega a las mujeres más rebajadas y despreciadas como superiora de su Congregación en Oporto, Portugal, sino por una gran devoción al Sagrado Corazón de Jesús que la llevó a ser la que le pidió al Papa León XIII que le consagrara solemnemente el mundo a Él, porque ese había sido el encargo que Jesús le había dado en varias ocasiones a través misteriosas locuciones interiores.

La religiosa – tal vez por malignas artimañas diabólicas – comenzó de joven a padecer síntomas de una enfermedad que finalmente la llevaría a la presencia de Dios a los 36 años de edad, un mes después de que se hiciera la consagración al Corazón de Cristo mediante la Encíclica Annum Sacrum de 1899, con lo que la joven Beata pudo decir en su lecho de muerte que ya consideraba cumplida su misión en la tierra. Había sido muy devota de Santa Margarita María Alacoque, la religiosa Visitandina que tuvo la primera aparición del Sagrado Corazón de Jesús en 1673 y que para los tiempos de Anamaría apenas estaba beatificada, mientras la devoción al Corazón de Jesús sufría cuestionamientos y contaba ya con adversarios. Solamente hasta 1920 esa sufrida monja sería canonizada en el pontificado del Papa Benedicto XV.

La familia la apoya en su vocación. Cuerpo incorrupto

Basta ver el palacio en que nació y el castillo en que pasó su infancia y adolescencia, para comprender la generosidad de la bella condesita Anamaría Droste Zu Verschering convertida después en la Madre María del Sagrado Corazón de Jesús, título nobiliario todavía mucho mayor, más elevado y más digno que el de su aristocrática y católica familia de Münster que le apoyó su vocación religiosa, como muy pocas familias lo harían hoy ante la sorprendente petición de una de sus hijas para que la dejen hacerse monja.

Hoy el cuerpo de la buena madre y beata está totalmente incorrupto en una urna de cristal expuesta a veneración pública en la iglesia del Sagrado Corazón de Ermesinde, Portugal. Ciertamente buena, precisa y adecuada intercesora para estos días de tanta incertidumbre, con nuestra fe y salud puestas a prueba en un mundo que amenaza hundirse dramáticamente en el más negro caos bajo la apariencia de un nuevo “orden” mundial.

Por Antonio Borda

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