sábado, 27 de febrero de 2021
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Biden y el próximo cónclave

La idea de un “Cónclave” está siendo ventilada cada vez más en los círculos de los vaticanistas, y un simple estornudo de cualquiera de los dos hombres vestidos de blanco ya levanta un tsunami de expectativas y conjeturas…

Redacción (19/02/2021 13:49, Gaudium Press) El tema “Nuevo Orden mundial” ha estado muy en boga últimamente. Circulan aquí, allá y allá teorías de la conspiración, algunas de ellas conteniendo ciertas verdades, pronosticando que las “fuerzas ocultas” que supuestamente dirigen a la humanidad han decidido tomar nuevos rumbos, aprovechando el virus para privar a la población de su derecho de ir y venir, su comunicación, su economía, su religión, en fin, para arrojarnos a todos al caos.

Es difícil discernir, dentro de todo esto, hasta dónde llega la realidad y hasta donde el mito, y sobre todo hasta dónde llega la capacidad del ser humano para determinar el destino del mundo, que está exclusivamente en manos de Dios.

Un hecho innegable, sin embargo, es que ya estamos viendo nuevas direcciones en la política internacional.

Por otro lado, en el ámbito religioso, con el pasar del día la idea de un “Cónclave” se va ventilando cada vez más en los círculos de los vaticanistas, y la mera tos de cualquiera de los dos hombres vestidos de blanco ya levanta un tsunami de expectativas y conjeturas. No es de extrañar, debido a su edad y las circunstancias sanitarias en que nos encontramos.

Admitiendo que este pronóstico se haga realidad en un futuro no tan distante, es razonable preguntarse si el nuevo gobierno de Biden proyectará alguna influencia sobre el próximo que se asiente en el trono de San Pedro.

Entre los Papas, el Pueblo y los Presidentes

Para entender la influencia que todavía tiene la Iglesia sobre el Estado y viceversa, es necesario considerar el terreno que ambos tienen en común: la Opinión Pública.

Entre los temas sobre los que deliberan los poderes civiles se encuentran aquellos que tienen alguna implicación religiosa o moral, como el aborto, la eutanasia, el desarme, el distanciamiento social, etc. Sobre todo eso, el legado de dos mil años de la doctrina católica siempre tiene algo que decir.

La enseñanza de la Iglesia influirá necesariamente en la reacción de la Opinión Pública católica y de quienes comparten en algo la filosofía de vida cristiana.

Por en cuanto, este grupo aún representa una parte considerable de la gran Opinión Pública, al menos en buena parte de los países occidentales. Ahora, estamos en un mundo democrático: un gran número es – o debería ser – sinónimo de voz y ocasión.

Si los católicos pueden influir de esta manera en la política civil, a fortiori influirá mucho más en la eclesiástica, especialmente en una Iglesia que da a los laicos más audiencia cada día.

Es cuestión de entender, por tanto, cuáles son las reacciones que la Opinión Pública Católica está amenazando con promover.

Biden y el próximo cónclave

Muchos de los grandes movimientos de Opinión Pública se producen por saturación.

Para restringirnos a la historia reciente, antes de la administración de Bolsonaro, Brasil vivía bajo el gobierno de Lula-Dilma, al mismo tiempo que los EE. UU. también se encontraban bajo una gestión de izquierda, y así, varios países latinoamericanos e incluso europeos.

En tanto, en el gobierno de la Iglesia estaba Joseph Ratzinger, el Papa teólogo y conservador, antiguo prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, quien rehabilitó la Misa Tridentina, etc.

Una curiosa discrepancia, que recuerda a aquellas balanzas medievales, donde se colocan dos pesos en brazos opuestos, con el fin de facilitar el equilibrio…

Benedicto XVI renunció y dio paso a Francisco, cuyas obras revelan per se su orientación. La balanza se estaba inclinando demasiado hacia un lado.

En poco tiempo, vimos un cambio drástico en varios gobiernos, el ejemplo más significativo de los cuales fue la administración Trump en EE.UU., seguida de cerca por el gobierno de Bolsonaro, que fue elegido sin mucho gasto propio a una campaña electoral. Situación muy explicable, considerando la saturación de la Opinión Pública con el régimen anterior.

Ahora Trump ha caído. Y Biden ya ha dado pruebas claras de cómo se comportará en su mandato. La balanza comienza a inclinarse de nuevo hacia la izquierda.

Volviendo a la hipótesis del Cónclave, es el caso de preguntarse: estando la izquierda a la vanguardia de la potencia más grande e influyente del mundo occidental, ¿conviene a los cardenales forzar aún más la nota, o es mejor hacer que la balanza se incline hacia el otro lado?

Por Oto Pereira

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