martes, 19 de mayo de 2026
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Cardenal Müller: Occidente no puede sobrevivir sin cristianismo

El purpurado alemán publica un ensayo de fondo en el que responde con contundencia a la pregunta de si Occidente puede sobrevivir sin el cristianismo. Su respuesta es una sola palabra: no.

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Redacción (19/05/2026 08:55, Gaudium Press) El Cardenal Gerhard Ludwig Müller, ex Prefecto de Doctrina de la Fe, ha publicado en el portal católico kath.net un amplio ensayo en el que analiza la crisis civilizatoria de Occidente desde una perspectiva teológica, filosófica y política.

El texto, titulado «¿Puede Occidente sobrevivir sin el cristianismo?», ofrece un diagnóstico sobre el estado de Europa y su relación con las raíces cristianas.

Una respuesta de una sola palabra

El Cardenal no deja lugar a ambigüedades desde la primera línea. «Esta pregunta puede responderse con una sola palabra: No. Pues Occidente no es otra cosa que la comunidad cultural de los pueblos y naciones germánicos y eslavos, surgida del legado del Imperio Romano de Occidente y unida en la fe en Cristo, Hijo de Dios y Salvador universal de la humanidad», escribe el purpurado.

Para el cardenal, Europa es inseparable de esa síntesis histórica: «Europa es el cristianismo en su síntesis con la metafísica griega y la voluntad romana de orden según el principio de la justicia, es decir, la voluntad de dar a cada uno lo suyo —suum cuique (Ulpiano)— o, formulado teológicamente, la inviolable dignidad de cada ser humano como imagen y semejanza de Dios».

La consecuencia de abandonar esa identidad es, a su juicio, fatal: «Fuera de esta definición, Europa pierde su alma formadora y se convierte en un cuerpo muerto que, como un territorio sin dueño, cae en manos del vecino más fuerte».

Tercera guerra mundial a plazos

Müller sitúa su reflexión en el contexto de una crisis global que considera gravísima. Recuerda que el Papa Francisco decía a menudo que ya nos encontramos como en una Tercera Guerra Mundial por entregas, y enumera los síntomas: guerras civiles, el colapso del orden jurídico en muchos estados, la vigilancia digital al estilo orwelliano promovida desde Bruselas, la migración masiva que ya no puede integrarse, el hambre y la pobreza de la mitad de la humanidad, y las élites globalistas que aspiran a controlar un mundo unificado.

En el plano cultural, el diagnóstico no es menos severo. El cardenal señala como «señales apocalípticas» la disolución de la familia, la llamada «reasignación de sexo», la descristianización neomarxista de Europa y «la pérdida de una idea vinculante sobre el fin y el sentido del ser humano en el post y transhumanismo».

La trampa del relativismo y la dictadura ideológica

Uno de los núcleos del ensayo es la crítica al relativismo como presunta solución a la violencia religiosa. Müller argumenta que quienes proponen el relativismo como antídoto contra el fanatismo pagan un precio muy alto: «El precio del relativismo es, sin embargo, muy alto. Conduce inevitablemente a una dictadura de conciencias. Si los seres humanos ya no estuvieran unidos en la búsqueda de la verdad y en el amor a ella, en el lugar que la certeza de la verdad dejara libre tendría que instalarse la ideología de la explicación totalitaria del mundo».

Para el cardenal, este camino ya ha mostrado sus frutos históricos: «Allí donde los seres humanos con motivación ideológica y política han querido anticipar el juicio final y construir un paraíso con manos humanas, no han hecho sino abrir la caja de Pandora o las puertas del infierno».

Benedicto XVI y Habermas: testigos del Logos

El Cardenal Müller recurre ampliamente a la célebre conferencia de Ratisbona de Benedicto XVI (12 de septiembre de 2006), citándola como hoja de ruta para el diálogo entre las culturas. Recoge las palabras del papa alemán: «En el mundo occidental prevalece ampliamente la opinión de que sólo la razón positivista y las formas de filosofía afines a ella son universales. Pero (…) Una razón que es sorda ante lo divino y que relega la religión al ámbito de las subculturas es incapaz de diálogo».

Con notable oportunidad, el Cardenal menciona también a Jürgen Habermas, fallecido recientemente: «Habermas, en su monumental obra sobre la historia de la filosofía, planteó la tesis de que el único tema de Occidente —es decir, lo que constituye la identidad de Europa en la sucesión del Imperio Romano cristianizado— es la relación entre fe y razón (Logos), entre verdad y libertad, entre persona en comunidad, más allá del individualismo y del colectivismo».

El islam, la violencia y el diálogo posible

Müller aborda con valentía la cuestión del terrorismo yihadista, rechazando tanto la violencia como la instrumentalización anticristiana de ese fenómeno. Su palabra es directa: «Uno querría gritarles a los locos: No es Dios quien os ordena matar a los infieles, como los llamáis, o a los que tienen otra fe, como debería decirse con más justicia. Es la voz del diablo la que escucháis dentro de vosotros».

Al mismo tiempo, afirma la base común entre cristianismo e islam en lo que respecta al amor a Dios y al prójimo, citando el documento conjunto de 2007 «Una palabra común entre nosotros y vosotros»: «Musulmanes y cristianos conforman juntos más de la mitad de la población mundial. Sin paz y justicia entre estas dos comunidades religiosas no puede haber paz de importancia en el mundo».

La única salida: reconocer la unidad de fe y razón

El cardenal concluye su ensayo apuntando al núcleo del aporte cristiano a la civilización: «El conocimiento de la inseparable unidad de fe y razón, de amor a Dios y amor al prójimo, es el núcleo de la contribución cristiana al diálogo intercultural y a la paz en el mundo».

Y retoma a Santo Tomás de Aquino para fundamentar esa convicción: «Santo Tomás de Aquino resumió así la unidad de todo el saber desde la fe y la razón: ‘En todo lo verdadero que conocemos y en todo el bien que hacemos, ya se reconoce implícitamente la verdad de Dios y se experimenta la bondad de Dios’».

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