Una guía devocional invita a los padres a dedicar unos minutos diarios a la oración y a la lectura del Evangelio para hacer de la fe una experiencia cotidiana dentro del hogar.
Redacción (14/07/2026 16:25, Gaudium Press) Transmitir la fe a los hijos se ha convertido en uno de los mayores desafíos para muchas familias cristianas. Estamos en tiempos donde todo gira alrededor de una pantalla de celular, o de un televisor o computador la falta de tiempo y las múltiples actividades del día a día, numerosos padres desean educar a sus hijos en la vida espiritual, pero reconocen que no siempre saben cómo hacerlo.
Con esa inquietud nació Semillas de Eternidad, una guía devocional familiar escrita por la madre católica Noeme Santos, que propone como práctica, dedicar cinco minutos al día a rezar en familia, leer un breve pasaje del Evangelio y conversar sobre cómo vivirlo.
La iniciativa parte del hogar como primer espacio donde los niños pueden descubrir que Dios forma parte de su vida y no únicamente de la parroquia, la catequesis o las celebraciones dominicales.
Santos, madre de familia y autora del libr, dice que el principal reto no está en la falta de deseo por transmitir la fe, sino en encontrar un modo de hacerlo dentro de la realidad que viven las familias. “Queremos transmitir la fe a nuestros hijos, pero no siempre sabemos cómo hacerlo en medio de la vida real”, afirma al describir jornadas marcadas por el trabajo, el colegio, las tareas, el cansancio y las prisas.
En ese contexto, hablar de Dios puede parecer complicado. Sin embargo, la autora advierte que el corazón de un niño no espera y que su formación espiritual comienza con aquello que ve y experimenta diariamente dentro de su hogar. Si en la familia nunca se reza, nunca se habla de Dios o el Evangelio no tiene presencia en la vida cotidiana, el niño puede llegar a pensar que la fe es algo secundario, limitado únicamente a determinados momentos o lugares.
Recuperar pequeños gestos
La propuesta no busca añadir nuevas obligaciones a los padres, sino recuperar prácticas sencillas que durante generaciones formaron parte de la vida familiar. Una bendición antes de comer, una oración antes de dormir, dar gracias por el día, pedir por alguien que sufre o hacer juntos la señal de la cruz son algunos de los gestos que, según la autora, ayudan a que los niños descubran que rezar significa hablar con Dios. También destaca que la oración cotidiana educa en la gratitud, ya que enseña a reconocer como dones la familia, la salud, los amigos y los acontecimientos sencillos de cada jornada.
Junto con la oración, Santos propone dedicar unos minutos a la lectura del Evangelio. Su recomendación consiste en compartir una frase breve que pueda acompañar el día de los niños. Expresiones como Dejad que los niños se acerquen a mí, yo soy el buen pastor, No tengáis miedo o Amaos unos a otros pueden convertirse, según explica, en una oportunidad para acercar a los más pequeños a la figura de Jesús. Después de la lectura, basta con una conversación sencilla a partir de preguntas como: ¿Qué nos dice Jesús hoy?, ¿A quién podemos ayudar? o ¿Por qué podemos dar gracias?
La intención, dice la autora, no es convertir la casa en un salón de clases, sino lograr que la casa sea el primer lugar donde la fe se vuelve cercana.
La guía reconoce que no todos los días serán iguales. Habrá momentos de distracción, interrupciones o cansancio, pero insiste en que el valor está en perseverar. Para la madre Santos, la constancia no nace de hacerlo perfecto, sino de volver a empezar, convencida de que la repetición de pequeños gestos termina actuando en la vida espiritual de los hijos.
Con esa finalidad creó Semillas de Eternidad, un material pensado para acompañar a los padres con oraciones, lecturas del Evangelio, preguntas y actividades adaptadas a distintas edades. Su invitación es comenzar hoy, aunque solo sean cinco minutos. Porque, concluye la autora, “si queremos que nuestros hijos amen a Dios, tenemos que ayudarles a conocerle. Y eso empieza en casa”.
Con información de Religión El Libertad





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