viernes, 03 de julio de 2020
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Congregación para el Clero emite documento: “Sacerdotes con el Corazón de Cristo”

La Carta sale a la luz hoy, día del Sagrado Corazón y de la Santificación del Clero.

Redacción (19/06/2020 09:44, Gaudium Press) Hoy, cuando la Iglesia la solemnidad del Sagrado Corazón, y también el Día de Santificación del Clero, la Congregación vaticana para el Clero ha emitido el documento “Sacerdotes con el Corazón de Cristo”, que consta en cinco tópicos de reflexión, basados en la Carta a los Sacerdotes enviada por el Papa Francisco a todos los presbíteros con ocasión del 160º aniversario de la muerte del Cura de Ars, el 4 de agosto de 2019.

Esos 5 tópicos son Gratitud, Misericordia, Compasión, Vigilancia y Coraje.

Gratitud

En la Carta a los Sacerdotes del año pasado, Francisco agradecía a los sacerdotes “por la alegría con que supisteis dar vuestra vida, mostrando un corazón que a lo largo de los años combatió y luchó para no volverse estrecho ni amargado”. La Congregación del Clero en su documentos de hoy, enseña que “el Corazón de Jesús está abierto a la gratitud; Él agradece al Padre por los prodigios que realiza a los ojos de los pequeños, escondiéndolos a quien, en sentido contrario, cerrado en la presunción de la sabiduría humana, no consigue verlos (cf. Mt 11, 25).

Recuerda la Congregación del Clero a los sacerdotes, el dictamen paulino: “Estad siempre alegres, rezad incesantemente, en todo, dad gracias” (1 Ts 5, 16), y afirma que el término que traducido significa “dar gracias” es “eucaristía”, que es donde el sacerdote es asimilado al Corazón de Cristo de modo más especial.

Misericordia

A través de los diversos grados de la misericordia podemos descender hasta el punto más bajo de la condición humana – fragilidad y pecado incluídos – y subir hasta el punto más alto de la perfección divina”, decía el Papa en su Carta a los Sacerdotes del 2019. Inspirado en ese texto, la Congregación para el Clero afirma que “Jesús no tiene miedo de contaminarse con la fragilidad humana, sino que, antes, desciende a los abismos de la fragilidad humana y del pecado, para revelar elcorazón misericordioso del Padre que levanta de las caídas a cada uno de sus hijos y los llama a la alegría del perdón”. Eso es misericordia.

El Sacerdote, configurado con Cristo, es antes que nada el ministro de la misericordia y de la reconciliación”, dice la Congregación, recordando que el propio sacerdote debe hacer la experiencia diaria de ser tocado “por la misericordia de Dios en todo lo que vive y realiza”, pues él fue escogido por el Señor no por sus méritos personales, sino para ser señal acogedora del amor de Dios para el pueblo.

Compasión

En su Carta a los Sacerdotes del 2019, Francisco agradece a los sacerdotes por las muchas veces que siguieron el ejemplo del Buen Samaritano del Evangelio: “Muchas gracias por todas las veces en que, dejándoos conmover hasta las entrañas, acogisteis a los quehabían caído, curasteis sus heridas, ofreciendo calor a sus corazones, mostrando ternura y compasión como el Samaritano de la parábola (cf. Lc 10, 25-37).

Por su parte, la Congregación para el Clero manifiesta que el Evangelio está pleno de las veces que Jesús mostró su compasión a los hombres, “especialmente cuando se confronta con el dolor y el sufrimiento provocados por la enfermedad, por la marginalización y por toda forma de pobreza material y espiritual”. Expresa la Congregación que a sus sacerdotes Jesús pide el “mismo corazón compasivo, que se expresa en la proximidad, en la participación real e integral en los sufrimientos y en los trabajos de las personas”, curando las heridas, reencendiendo la esperanza, particularmente por medio de la gracia sacramental.

Vigilancia

La Vigilancia a la que convoca especialmente la Congregación para el Clero en su documento es prevenirse contra el desánimo, contra una “dulce tristeza” llamada acedia. Esta mala tristeza se combate dando “espacio al don del Espíritu Santo que, incluso en medio a los compromisos diarios de las oscuridades del tiempo presente, nos hace discernir la presencia del Señor, nos torna atentos a su Palabra, nos hace operosos en la caridad”.

Pero la vigilancia del corazón también se desarrolla “a través de la lucha espiritual”, que el propio Jesús enfrenta por ejemplo en las tentaciones del demonio en el desierto, o que anuncia el mismo Jesús cuando les dice a sus discípulos que adormecían “Vigilad y orad, para que no caigais en tentación” (Mt, 26, 41).

Coraje

Afirma la Congregación del Clero que la contemplación del Corazón de Jesús permite “captar los dos vínculos fundamentales, a partir de los cuales Él vive su misión: el Padre Celeste y el pueblo”.

El Sacerdote según el Corazón de Cristo es aquel que ‘habita’ entre el Señor a quien consagró la vida y el Pueblo que fue llamado a servir; él podrá vivir una fructífera caridad pastoal, en la medida en que en él no se apague la vida interior, la oración personal y comunitaria y el dejarse guiar en el acompañamiento espiritual”.

Esas meditaciones anteriores dibujan “un corazón sacerdotal realmente ‘consagrado’ al de Cristo, o sea, radicado en la relación personal con Él y por eso configurado a sus mismos sentimientos”.

Insiste la Congregación para el Clero en la construcción de una estrecha relación de intimidad con Dios, que se alimenta de la oración fiel.

Para que el sacerdote sea configurado al Corazón de Cristo, es necesario que el punto firme de su vida cotidiana y el fundamento de su estructura humana y espiritual sean constituidos por el humus interior de la profunda amistad personal con el Señor, a partir de la cual la gestión de la propia vida,el celibato y la misión apostólica puedan ser psicológicamente aceptable y espiritualmente fecundos”.

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