miércoles, 05 de agosto de 2020
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¿Cuánto afecta la nueva “ley de seguridad” que entró en vigor en Hong Kong la libertad de los católicos?

El mundo entero sigue con preocupación la aplicación y efectos de la nueva “ley de seguridad” emitida por el Estado chino.

Panorámica de Hong Kong

Hong Kong (10/07/2020 12:42, Gaudium Press) El mundo entero sigue con preocupación la aplicación y efectos de la nueva “ley de seguridad” emitida por el Estado chino para ser aplicada en Hong Kong, norma que muchos califican de draconiana.

Esta ley, que entró en vigor el 30 de junio pasado, penaliza entre otras cosas “la secesión, la subversión, la organización y la perpetración de actividades terroristas, y la colusión con un país extranjero o con elementos externos para poner en peligro la seguridad nacional”. El problema es que el gobierno chino frecuentemente entiende por subversión y terrorismo el simplemente disentir de sus postulados comunistas y de su sistema de partido único. Las personas arrestadas bajo esta ley pueden ser procesadas en la China continental, donde muchos consideran que no existe ningún tipo de garantía jurídica.

La aplicación de esta ley es ya visible: En pocas semanas, centenares de disidentes del régimen comunista han sido arrestados.

Algo de historia

Hong Kong, o más largamente la Región Administrativa Especial de Hong Kong de la República Popular China, tiene 7, 5 millones de habitantes, en un área de 1.104 kilómetros cuadrados.

Después de la Guerra del Opio en 1842, el imperio chino cedió esta isla al imperio británico, que la cedió nuevamente a la China en el año 1997, con el supuesto compromiso de que se mantendría un grado de autonomía hasta el año 2047, y que las libertades civiles establecidas en la Ley Básica, serían respetadas. Sin embargo, en el parecer de no pocos, la reciente ley de seguridad echa por tierra cualquier esperanza de que Hong Kong se mantendría como un paraíso de libertad fuera del control férreo del régimen comunista.

Analistas como Thomas F. Farr, presidente del Religious Freedom Institute, tiene claro que lo que quiere Xi Jinping es disminuir y finalmente eliminar cualquier amenaza que Hong Kong pueda representar para la expansión de su poder. Y “ese objetivo no se puede lograr sin eliminar uno de los pilares del autogobierno de Hong Kong: la religión y su protector, la libertad religiosa”, afirma Farr.

Aversión del comunismo chino a la religión

Thomas Farr recuerda en el National Catholic Register de la aversión del comunismo chino a la religión en general y a la católica en particular. Por ejemplo, trae a la memoria que Mao Tse Tung con su Revolución Cultural (1966-1976) se había establecido como propósito eliminar de cuajo la religión en la china. Y así lo intentó ejecutar, asesinando a muchos católicos, incluyendo muchos clérigos.

Pero comprobó Mao lo que ya podían haberle enseñado los tiranos persecutorios anti-católicos de siempre, que incluso la violencia brutal no acaba la religión. En la actualidad se estiman entre 10 y 12 millones los católicos los existentes en la China.

Tras la muerte de Mao, muchos fueron los experimentos de los comunistas para ver como contorneaban el ‘problema religioso’. Uno de ellos fue la creación de una Iglesia católica ‘oficial’, la Iglesia patriótica, sumisa al régimen, que sin embargono pudo impedir el fuerte crecimiento de la ‘Iglesia del silencio’, es decir los católicos fieles a Roma y a su magisterio.

Evidentemente la cercanía de Hong Kong con el mundo chino, y por tanto con el mundo cristiano de la China continental, es una muestra de lo que es vivir con libertades como la libertad religiosa. Por ejemplo, la ley que impera en Hong Kong es la del sistema británico. Y todo esto no gusta al régimen.

Pero esas libertades prácticamente desaparecen bajo el imperio de la nueva ley de seguridad:

Bajo dicha ley, los críticos católicos de China, como el cardenal Joseph Zen, el ex obispo de Hong Kong, y muchos otros, serían vulnerables a la detención prolongada, la tortura y otras formas de brutalidad que habitualmente se utilizan para silenciar a los opositores al régimen comunista”, expresa Farr.

En esa línea ya se ha expresado el Cardenal Charles Bo, de Myammar, quien es también presidente de la Federación de Conferencias de Obispos de Asia: “¿Los líderes religiosos serán ahora criminalizados por predicar sobre la dignidad humana, los derechos humanos, justicia, libertad, verdad? Hemos aprendido de grandes experiencias que donde se socava la libertad en su conjunto, tarde o temprano la libertad de religión se ve afectada”. Es así. (Gaudium Press / Saúl Castiblanco)

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