miércoles, 28 de febrero de 2024
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El caso del ex fray Boff: la deriva desde el marxismo llegando hasta la defensa de satanás

Cuando nos damos cuenta que todavía podemos sorprendernos…

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Redacción (26/10/2022 11:36, Gaudium Press) Cuando uno cree ha llegado al límite en su capacidad de sorprenderse, viene la realidad y nos dice que no, que aún hay límites más allá, tanto hacia la luz cuanto en el camino a los abismos de la oscuridad.

Ha sido ese el caso con el reciente artículo del ex fraile franciscano Leonardo Boff, uno de los fundadores de la llamada teología de la liberación, nota que tiene un título ya bien resumitivo, “Desatanizar a Satán o Diablo”.

“Debemos decir que nadie ha sufrido tantas injusticias y ha sido tan ‘satanizado’ como el mismo Satán. Al principio no fue así. Por esta razón es importante recordar brevemente la historia de Satán o del Diablo”, comienza diciendo el antiguo fraile, quien en su momento colgó los hábitos para unirse a otra marxista.

Continúa Boff repitiendo la cantinela de esos que quieren ‘comprender’ y reivindicar al ‘pobre’ satán, diciendo que realmente éste ángel no es tan malo, pero que no tienen empacho en sí criticar a Dios, quien le habría dado al demonio la “ingrata” tarea de “poner a prueba a las personas buenas”. (Pobrecito el diablo, el malo es Dios…)

Según Fray Boff invenciones de una imaginación judaica influida por los persas, tanto satanás cuanto el infierno habrían sido instrumentos usados por la Iglesia para sojuzgar a los pueblos originarios de América y a muchos otros, por medio del “miedo y pánico”.

Las alusiones a satanás, particularmente del Nuevo Testamento, en la mente del ex Fray Boff, son simplemente decires del “fundamentalismo del texto bíblico”, que “debemos saber interpretarlos”.

Parecería pues a esta altura, que como no pocos teólogos de hoy, Fray Boff estaría afirmando la no existencia de satanás como ser individual. Pero la continuación de su propio texto se encarga de ponernos en duda (o sacarnos de dudas), cuando dice que “Satán o el Diablo es una criatura de Dios. Decir que es una criatura de Dios, significa que, en cada momento, Dios está creando y recreando esta criatura, incluso en el fuego del infierno. ¿Puede Dios que es amor y bondad infinita proponerse hacer eso?”.

Pero bien, al final, esas líneas –que terminan siendo una oda a satanás de Boff– no deberían sorprendernos, pues ya lo dice el viejo adagio latino: corruptio optimi pessima, la corrupción de aquel llamado a una altísima vocación puede hundirlo hasta el más pésimo lodazal.

No es alegrarse del mal ajeno, sino contentarse con el bien propio al contemplar el mal vecino, el sentirse aferrado con alma, vida y corazón a la verdadera doctrina católica: esa que nos aporta la luz, cuando nos dice junto con el Catecismo (n. 391 y ss.), que tras la caída de Adán y Eva no fue una voz buena, sino una “voz seductora”, la que por envidia los hizo “caer en la muerte”.

Esos siniestros susurros son los del “ángel caído”, “llamado satán o diablo”, que “primero fue un ángel bueno” pero después rechazó “radical e irrevocablemente a Dios y su Reino”, fijándose en su maldad de forma “irrevocable”.

Con Jesucristo, el católico llama a ese ser caído de “homicida desde el principio”, y sabe que particularmente el propio Señor vino a este mundo “para deshacer las obras del diablo”, para derrotarlo en sus maquinaciones, principalmente para aniquilar esa “seducción mentirosa que ha inducido al hombre a desobedecer a Dios”.

Sí, ese ser es una “criatura poderosa”, a quien Dios permite actuar; pero finalmente satanás “no puede impedir la edificación del Reino de Dios”. Dios triunfa y triunfará, con su redención, con su gracia, con los hombres que se abren a su gracia.

Por esto, a los defensores de satanás, va el aviso perenne de que siempre estarán no solo en el bando equivocado, sino en el triste y amargado equipo de los perdedores, esos aplastados por el talón de la Virgen que siempre hundirá en el suelo la sibilina cabeza de la serpiente.

Por Carlos Castro

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