martes, 29 de septiembre de 2020
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El niño, el globo rojo y la restauración de la inocencia

El niño ve el mundo diferente a como lo ven los adultos.

Redacción (15/09/2020 14:59, Gaudium Press)

El niño, el globo rojo y la restauración de la inocencia

Todavía inocente y sin daños revolucionarios en su tierna alma – daños que principalmente hoy día provienen de una mala educación en la propia familia o en el colegio – el niño ve el mundo diferente a como lo ven unos adultos que de alguna manera fueron deformados por una visión naturalista, hedonista o funcional y práctica de las cosas de la vida.

Le Ballon Rouge

Esto es algo que ya sabemos todos y para ello basta haber entendido El Principito o visto aquel Le Ballon Rouge, cortometraje de Albert Lamorrise, premiado en 1956 con el óscar al mejor guion, y en Cannes como la mejor película corta.

Pero fue el Dr. Plinio Corrêa de Oliveira quien en alguna ocasión vio el filme de apenas 30 minutos de duración en compañía de un buen número de sus discípulos e hizo una bella conferencia llena de imponderables y enseñanzas maravillosas, que en algunos de los asistentes – si no en la mayoría – despertó una apetencia irresistible de pedir a Dios por medio de María que la inocencia les fuera restaurada.

El niño sale temprano para la escuela una fría mañana de otoño y a la vuelta de la calle en ese París de clase media de los años cincuenta recuperándose de la guerra, encuentra un globo de un rojo nacarado éclatant atrapado en lo alto del farol de un ornamentado poste de alumbrado típicamente parisino. Sin vacilar un instante trepa, prende la pequeña cuerda y lo baja. Con la mayor naturalidad llega a hasta el paradero del tranvía y ya allí algunos refunfuñones burócratas afanados, pendientes de horarios se molestan con el globo. No haciendo mucho caso sube al ruidoso vehículo donde varios pasajeros le dan ligeros manotazos fastidiados.

Con el globo llega a la escuela y entra al salón de clases, algunos compañeritos se admiran, otros se sorprenden y unos más intentan quitárselo. La profesora detiene el alboroto, opta por hacérselo sacar y dejarlo atado afuera. Al término de clase, en el descanso, el niño huye de quienes se lo quieren quitar. Finalmente regresa a casa y allí también se forma un tropel con la mamá que no se lo admite dentro del pequeño departamento. Por fin hace que lo saque y amarre en la ventana. A la tarde la señora decide ir a misa llevando el niño que carga con su globo y de la manera más tranquila va entrando al templo de donde es expulsado por un guarda cofrade, acabado modelo perfecto de la “herejía blanca” (1).

El globo, simbolo de la inocencia

La historia sigue presentando circunstancias donde se ven adultos que se molestan en la calle cuando se cruzan con él, y niños del vecindario atraídos por el globo pero con deseo de quitárselo y reventarlo para verlo explotar. Finalmente lo consiguen atacándolo a pedradas. El globo cae, se va arrugando tristemente, el niño contempla pensativo la escena sin entender esa forma de maldad pero sin haber luchado por defenderlo y siempre tratando de huir. Al instante, de todas las calles de París donde había otros niños con globos, o de lugares de ventas de ellos, cientos de estos de varios colores se desprenden y vuelan hasta el lugar del “globicidio”, llegan junto al niño que los atrapa de sus cuerditas y comienzan a elevarlo por encima de un París maravilloso para sacarlo de allí.

¿Qué es esto si no un alusión a la inocencia? preguntó Dr. Plinio: Cuando ella brilla y es llevada de manera deslumbrante en un niño que busca con su infantil imaginación los arquetipos de las cosas que ve y del mundo que lo rodea, intentando con imaginación perfeccionarlas y embellecerlas, transportándolas a esferas maravillosas donde no hay maldad, ni envidias, ni orgullo ni sensualidad, sino las matrices de la virtud en estado puro, surgen a su alrededor quienes quieren destruirle esa visión dorada del mundo de los ángeles y el Cielo que es una apetencia natural del inocente. Y esto sucede hoy día no solamente en la escuela sino también en el propio hogar. Conviene ver no más los juguetes y libros de lecturas que hoy les dan a todos los niños del mundo.

La inocencia debe ser ciudadana de este mundo

Pero siempre vigilante, el Dr. Plinio hizo ver la pequeña sutil gotita de veneno discretamente inoculado en el cortometraje, y que de alguna forma también está escondida en El Principito: El inocente es mejor que sea apartado de este mundo, se vaya lejos, no luche, siempre huya y no irradie su inocencia entre los demás.

Fue y es todavía el malévolo bullying que desde que se inventaron los colegios se le aplicó brutalmente a los niños inocentes que todavía pensaban que la Virgen o la cigüeña traía los recién nacidos, que era el Niño Dios o Santa Claus el que mandaba los regalos de la Navidad desde el Cielo o del polo Norte, que las hadas existían, que las nubes eran grandes copos de algodón hechos por los ángeles, que las flores eran las casitas de las mariposas, que el arco iris nacía en una ollita llena de coloridas piedras preciosas y mil otras cosas reputadas hoy como estupidez y bobada.

No hubo profesores ni padres de familia que supieran conducir con inteligencia, paciencia y cariño ese mundo mágico imaginado que preanunciaba creatividad, alegre bondad con el prójimo y apetencia de cosas sublimes: Que los truenos en el cielo eran una batalla entre ángeles buenos y malos. Que los relámpagos eran fulgores de esa lucha angélica maravillosa y había que rezar para que ganaran los buenos.

Con razón alguien dijo por ahí alguna vez que un adulto creativo es un niño que sobrevivió. Lo que se está capacitando hoy en algunos colegios son piezas asalariadas de engranaje para una maquinaria productiva inhumana.

Por Antonio Borda

(1) Término inventado por Dr. Plinio para caracterizar un tipo de piedad agria, disecada y mustia, limitada solamente al culto, y sin espíritu de admiración agradecido a Dios y a la Iglesia.

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