martes, 29 de septiembre de 2020
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El Papa habla de cuando Jesús rescató a Pedro de las aguas

En el Ángelus, Francisco comentó el evangelio dominical, y profundizó en la confianza que debemos tener en el Señor.

Ciudad del Vaticano (10/08/2020 13:57, Gaudium Press) Ayer en el Ángelus en la Plaza de San Pedro, el Papa, como es habitual, comentó el evangelio del día.

Después de la multiplicación de los panes y los peces, el Señor les dijo a los apóstoles que fueran a la otra orilla del mar de Galilea, mientras Él partía a la contemplación en lo alto de un monte.

Creen que es un fantasma – Pedro se lanza en pos del Señor

Estando los apóstoles en la barca, bien de noche, vieron que se acercaba Jesús caminando sobre las aguas. “Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma”, narra el evangelio de San Mateo.

Jesús les anuncia a los apóstoles medrosos que era él, y San Pedro en uno de sus lances sanguíneos le responde: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua”, a lo que Cristo le dijo “ven”. El primer Papa salió decidido de la barca, comenzó a caminar sobre el agua, se fue acercando a Jesús, pero al sentir la fuerza del viento sintió miedo y se fue hundiendo. No obstante gritó a Jesús, pidiendo que lo salvara. El Señor lo toma entonces de la mano y le dice: “¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”.

No debemos sentir vergüenza de pedir la ayuda de Jesús

Cuando sentimos fuerte la duda y el miedo y nos parece que nos hundimos, en los momentos difíciles de la vida, donde todo se vuelve oscuro: no debemos avergonzarnos de gritar, como Pedro: ‘¡Señor, sálvame!’. (v. 30). Llamar al corazón de Dios, al corazón de Jesús: ‘¡Señor, sálvame!’. ¡Es una hermosa oración! Podemos repetirla muchas veces: ‘¡Señor, sálvame!’”, dijo el Papa Francisco.

Jesús, insistió el Pontífice, “es la mano del Padre que nunca nos abandona”. Él es “la mano fuerte y fiel del Padre que quiere siempre y solo nuestro bien”.

En los momentos de oscuridad, “nuestra fe es pobre y nuestro camino puede ser perturbado, bloqueado por fuerzas adversas”. En entonces cuando debemos acudir al Señor confiantes en su auxilio.

Tal vez nosotros, en la oscuridad, gritamos: ‘¡Señor! ¡Señor!’, pensando que está lejos. Y Él dice, ‘¡Estoy aquí!’ Ah, él estaba conmigo… Así es el Señor”, manifestó el Pontífice.

La barca simboliza la Iglesia

La barca es símbolo de la Iglesia, que sufre conmociones, por ejemplo como las persecuciones. “En esas situaciones, puede tener la tentación de pensar que Dios la ha abandonado. Pero en realidad es precisamente en esos momentos que resplandece más el testimonio de la fe, el testimonio del amor y el testimonio de la esperanza. Es la presencia de Cristo resucitado en su Iglesia que dona la gracia del testimonio hasta el martirio, del que brotan nuevos cristianos y frutos de reconciliación y de paz por el mundo entero”, expresó el Papa.

Concluyó Francisco su reflexión, pidiendo a la Santísima Virgen que “nos ayude a perseverar en la fe y en el amor fraterno, cuando la oscuridad y las tempestades de la vida ponen en crisis nuestra confianza en Dios”.

Con información de Vatican News

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