Esto que relataré ahora me ocurrió hace unos años, no hace muchos…
Redacción (13/07/2026 15:37, Gaudium Press) Esto que relataré ahora me ocurrió hace unos años, no hace muchos.
Estaba en una casa de campo, lugar por lo general muy, muy tranquilo, donde justamente esa pasividad de objetos que distraigan la atención favorece la concentración y contemplación, cuando en cierto momento me llama o escribe mi jefe y me dice:
—Don Saúl me llegó la noticia de que un grupo abiertamente satánico va a abrir una sede pública en los EE.UU. (creo que era en Texas). ¿Usted podría revisar eso y sacar una nota apropiada?
Rápidamente me apresté a cumplir el encargo, que por lo que recuerdo no fue muy complicado, pues la información era de fácil alcance.
Tras redactada la nota, la subimos en el administrador de wordpress, y después de algunos intentos, un poco más de los normales, quedó posteada en la página web.
Sin embargo, cinco minutos después, pruuummm, un fuerte ruido en la cocina me anunció que algo se había quebrado, debía ser algo grande. Rápidamente llegué, no me encontraba lejos, para contemplar —con cierta serenidad fruto de una gracia— un espectáculo que no dejaba de ser una sorpresa.
Se había quebrado un vidrio, sobre la estufa, que no estaba encendida. Solo que era un vidrio especial, reforzado y además refractario, pues servía de tapa de una sartén. La mini-‘explosión’ había sido potente: los pedazos no solo habían quedado sobre la estufa y mesón, sino que se encontraban en varios lugares del piso, bastante a la redonda.
No sentí ningún temor, pero para mí era clara la explicación de lo que no tenía una explicación a la vista: era una manifestación de rabieta del maligno, permitida por Dios, por el daño que podría causarle la nota que acabábamos de publicar.
Esa fue mi convicción personal en ese momento, varios años después lo sigue siendo. No estoy pidiendo a los lectores que la compartan, pero aquí la ponemos como introducción para abordar un tema que a todos debe interesar, como es la acción de los ángeles, tanto buenos como malos, en nuestra vida, en la vida de todos los días.
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En notas anteriores hemos ya tocado el asunto. Por ejemplo, en anterior escrito, recorrimos de la mano de la doctrina tomista cómo puede ser la influencia del maligno en nuestros procesos cognoscitivos y afectivos, vía imaginación. En este nos centraremos más en lo que puede ser la magnífica acción de los ángeles en ‘hombres angelizados’, es decir, en hombre en comunicación frecuentes con los ángeles, de la mano de disquisiciones del prof. Plinio Corrêa de Oliveira.
La tesis de fondo es que, querámoslo o no, conscientes o no de ello, estamos engallados en una lucha tremenda, entre las fuerzas del bien y las del mal, no solo buscando el trofeo de cada alma, sino también el control de esos conjuntos de almas que son las sociedades humanas. Y que no podremos contrarrestar la ofensiva de las fuerzas del mal (sí, comandadas por satanás), sin establecer una fortísima alianza con la Caballería Angélica.
Ejemplifiquemos con un hecho afirmado por el Dr. Plinio en el plano individual, como es lo que él llamaba el asunto de las ‘vivencias’. Recordaba Dr. Plinio siguiendo a Santo Tomás, que antes de cualquier raciocinio, hay en el hombre unos ‘primeros principios’, unas verdades fundamentales que no necesitan ser demostradas, y que el intelecto capta de forma evidente.
Fundamentalmente estos principios son los de no contradicción (“una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y bajo las mismas circunstancias”) y el primer principio del actuar, primer principio de la ley natural que manda que “debe hacerse el bien y evitar el mal”. De estos primeros principios surgen unas evidencias, como por ejemplo:
Si mis sentidos me dicen que lo que estoy viendo es una pera, porque tiene forma de pera, su piel es la de una pera, al abrirla su textura y color son de los de una pera, pues el principio de no contradicción sano me lleva a afirmar que sí ES una pera.
Otro ejemplo: imaginemos a alguien con una perrita. Un día esa perrita amanece sin apetito, ella, que por el contrario siempre tiende a lo voraz. Lulú que además es muy activa, está apagada sobre un sofá y casi no se mueve, viendo la realidad que la circunda con ojos regalones. Pues bien, el principio de no contradicción me lleva a concluir que algo le pasa a mi perro, y el básico de la ley natural me mueve a procurar su bien, con remedios caseros proporcionados o con la ida al veterinario, para restaurar su salud, su ‘no bien’.
Sin embargo, con el paso de las generaciones, el Dr. Plinio comenzó a percibir que tales certezas básicas empezaban a perder fuerza. Que si antes la persona podía tener una certeza 100 de que eso era una pera, esa certeza había disminuido a un 70 o menos. Que si antes era ‘100’ claro para el dueño de la perrita que debía procurar la restauración de la salud, esa certeza había disminuido. Y que esas certezas ya disminuidas empezaban a competir con otras ‘vivencias’ con otras impresiones que miradas a la luz de la razón se mostraban absurdas, pero que entretanto ahí podían encontrarse, con mayor o menor fuerza, algo como: “sí, estoy un 70% seguro que es una pera, pero… ¿no podrá ser de pronto una manzana? Mire que con el avance de la ingeniería genética aplicada a la agricultura, hoy por hoy pueden hacer cualquier cosa…”. O algo en la línea de “sí, estoy 70% seguro de que a Lulú hay que llevarla al veterinario, pero… ¿si de pronto lo que tiene es una simple ‘depre’? ¿Por qué no? Si a mí a veces me da, porque no le puede dar a un perro…”
Las certezas iniciales empezaban a compartir habitación con otras mini-certezas, fruto de ciertas ‘vivencias’, absurdas, pero que ahí estaban presentes, y que no podían ser expulsadas tan fácilmente.
Dr. Plinio comparaba estas vivencias con la tentación fruto de la acción diabólica, y veía muchísimas similitudes.
Aunque la tentación se arrope bajo vestiduras de bien y de verdad, el examen de la razón muestra que ceder es absurdo, no es bueno; entretanto la visión de la tentación adornada por el demonio, busca mostrar que es bueno al diabético comer ese postre, que es bueno al endeudado comprar con hipoteca ese auto, cuando en realidad no lo es. Pero la fuerza de esa visión tentadora, alcanza con frecuencia a suspender el uso de la razón. Esas vivencias-tentación tenían como fuente, la acción preternatural de satanás, y era muy similares a esas otras vivencias que de forma un tanto más permanente que habitaban las cabezas de las nuevas generaciones.
Dr. Plinio ponía otro ejemplo:
Imaginaba a una persona que tiene tendencia a ser desconfiada y que va caminando por la calle, y de repente oye a alguien decir algo, y desconfía que eso que dijo se refería a ella. Esa persona da unos pasos más, pero le viene la ‘vivencia’ ya con sabor a certeza, insuflada por satanás, que sí, habían hablado mal de él. Ella no sabe dar la razón por la cual dos desconocidos hablaron más de él en un lugar inopinado, pero tiene esa evidencia, y se despiertan deseos de pelea, una furia elevada, que puede llegar a extremos locos. “La acción de los espíritus malignos acostumbra ser así”, decía el Dr. Plinio. Un proceso de estos, repetido, azuzado por el demonio, puede ir amorteciendo los principios primeros del intelecto, como fue apuntado arriba. Viene entonces la pregunta: ¿cómo combatir esa acción, si no es con el recurso a los ángeles buenos?
De hecho, lo que a cierta altura propugnaba el Dr. Plinio era buscar una “amistad personal con Ángeles y Santos”, para lo que era indispensable, no solo tener la certeza de la existencia del mundo sobrenatural, la certeza de la posibilidad y necesidad de su ayuda, algo que nos enseña la fe cristiana, sino también cierta delicadeza de alma por la cual el hombre se encuentra dispuesto y deseoso de recibir la benéfica influencia de este mundo maravilloso. Porque la influencia del mundo oscuro preternatural la va a recibir, quiéralo o no, mientras que la del otro mundo angélico y de bienaventurados tiene que pedirla. Delicadeza que en este contexto es sinónimo de humildad.
No hay que preocuparse si, en el momento actual, una persona pueda sentir que ese mundo angélico le habla lo que le habla una piedra: nada. Normalmente eso ocurre porque estamos bastante infectados de naturalismo, sea por la forma en la que fuimos educados, sea por la influencia de este mundo que niega la existencia de los sobrenatural.
Sin embargo, como la idea es construir justamente una “amistad”, eso es algo que se va haciendo a los pocos, teniendo la certeza que nos dan los datos de la fe: es que si esa amistad aún no existe, no es porque no la deseen ángeles y santos, que solo quieren el mayor perfeccionamiento nuestro para la mayor gloria de Dios.
Pero el aliciente para esa amistad, es sobre todo los beneficios que podemos obtener de ella: expulsión de la acción de satanás; ‘vivencias’ buenas, que ayudan a ordenar nuestro ser, a curar llagas psíquicas de faltas pasadas; iluminación de la inteligencia y fortalecimiento de la voluntad para alcanzar las buenas metas; etc., etc., etc.
Pidamos esas gracias por medio de la oración. Pidamos eso a la Reina de los Ángeles.
Por Saúl Castiblanco
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Las alusiones a expresiones del Dr. Plinio se encuentran en la revista Dr. Plinio, edición portugués, números 245, 246 y 270.








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