domingo, 01 de agosto de 2021
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En el claustro de los jesuítas de Cartagena de Indias, se ‘toca’ aún la presencia de San Pedro Claver

Allí vivió y murió el Esclavo de los esclavos.

Fotos: Sanpedroclaver.co

Cartagena (26/01/2021 13:08, Gaudium Press) En pleno corazón de la ciudad amurallada en Cartagena de Indias – Colombia, justo detrás y al norte de la Plaza de la Aduana, se yergue una iglesia de piedra marina con tintes rosas, piedras que tienen las más bellas tallas de estas piedras en el mundo.

Esa iglesia es también un relicario porque ahí se guardan, en una urna bajo el altar mayor, los restos del sublime esclavo de los esclavos, San Pedro Claver (Verdú – Cataluña, 1580 – Cartagena de Indias, 1654) .

Aunque ahí yace ese santo – que fue todo dulzura cristiana hacia lo más ínfimo de la sociedad de entonces, los esclavos negros – él no conoció esa iglesia, según cuenta a Gaudium Press el P. Luis Jesús Ortíz S. J., uno de los vicarios del Santuario: “Había en frente de la casa una capilla de dos aguas y dos naves divididas por columnas”; esa era la iglesia, que después fue reemplazada por la gran actual.

De la casa [el claustro actual] solo estaba construido el primero y el segundo piso” en la época de San Pedro Claver. Hoy por hoy el claustro al costado del santuario consta de tres niveles, amplios, magníficos, donde se cuida especialmente el cuarto donde vivió el Santo, aquel en el que murió, un museo, entre otras riquezas.

Presencia de los jesuitas en Cartagena

Los jesuitas llegaron a Cartagena con la orden de crear un colegio, en 1604. Rápidamente fue inaugurado éste un año después, pero era provisorio, y no se ubicaba en el actual claustro, sino unos metros más al oriente.

Pero con el arte del constructor Juan Mejía, años después vio la luz la magnífica construcción del colegio, que es la del actual claustro y más, porque lo que hoy es ocupado por el Museo Naval también era el claustro jesuítico.

Recorrer sus pasillos, los del museo, es casi que palpar con las manos la presencia de San Pedro Claver. Da la impresión que en cualquier momento el dulce catalán aparecerá a la vuelta de una puerta, y nos dará un buen consejo, nos acogerá con una especial atención. “Será ‘energía’, será misterio, será milagro, pero son muchos los visitantes que refieren esa impresión”, comenta el P. Luis.

La vida de entrega a sus esclavos, de San Pedro Claver, es bien conocida. Bautizó muchísimos, curó innúmeros, ellos se sentían respetados, se sentían queridos. Aprendió varias lenguas nativas, tenía intérpretes, sabía llegarles en sus necesidades y con las convicciones cristianas. Al menos una vez por semana iba a cada uno de los 3 hospitales que tenía la Cartagena de entonces, a atender esclavos.

En la base de toda su acción estaba el verdadero afecto por almas que quería atraer hacia la fe de Cristo. Almas que eran despreciadas por muchos pero no por él, el recio catalán que se mostró reflejo del amor de Dios hacia todos, un amor materno.

¿Cuál es la presencia de San Pedro hoy en Cartagena?, preguntamos al P. Luis: “Los que lo conocen y aprecian con fe, saben lo grande que fue. Los que no lo conocen merecerían conocerlo, ese es un turismo que se debería propagar, el turismo hacia estos grandes hombres que marcan aún nuestros tiempos”.

Refieren las crónicas que el hombre de color que lo atendió en sus últimos días no era propiamente caritativo con el santo. “Un hombre no es tan tierno cuanto una enfermera”, responde diplomáticamente el P. Luis. Pero “apenas muere, los esclavos lo aclaman como santo”; sus exequias fueron multitudinarias, Cartagena entera se volcó a honrar su memoria.

Una memoria que hay que promover, de alguna manera rescatar: “Él tenía su propia pedagogía y era un maestro en la catequesis. Tener buenos catequistas es algo que el mundo actual puede aprender de San Pedro Claver. Su respeto, su amor por los catequizados”.

Enseñaba a los esclavos a decir “Señor, yo te quiero mucho, mucho, mucho”. Pero es que ellos sentían el afecto divino en la mirada del Esclavo de los esclavos. Ellos eran sus preferidos.

Cuando se le pide al P. Luis que resuma en una frase la característica de la espiritualidad de San Pedro Claver, él sin dudar afirma: “Ser todo amor para los que sufren”. Es claro, no era un amor cualquiera, sino el de un hombre que “estaba pleno de Dios”. (Gaudium Press / Saúl Castiblanco)

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