jueves, 21 de enero de 2021
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En la fiesta de la Epifanía, entregarnos al Divino Niño como lo hicieron los Magos

Hoy la Iglesia celebra la Epifanía del Señor, cuando llegados de Oriente los Reyes Magos le ofrecieron oro, incienso y mirra.

Redacción (06/01/2021 01:17, Gaudium Press) Epifanía quiere decir revelación, manifestación, y es en este sentido que llamamos a la fiesta de hoy Epifanía, manifestación de Dios hecho hombre a los pueblos paganos por intermedio de sus reyes. En sentido amplio pero real, Epifanía es también cuando el Espíritu Santo manifestó que Jesús era su Hijo amado en el Jordán, o cuando el Señor se mostró como el dueño de los elementos en su primer milagro en las bodas de Caná.

En la fiesta de la Epifanía consideramos con especial atención la figura de los Magos de Oriente, hombres que movidos por una gran fe emprenden un largo viaje para buscar a Alguien que les aportaría la salvación. Ellos miraban las estrellas pero sobre todo consultan la voz del Espíritu Santo que les hablaba al interior de sus almas, y que los impelía hacia la búsqueda del Rey del Universo.

En determinado momento vieron que una estrella los guiaba, y aunque por un momento esa luz se ocultó, se mantuvo la luz de su fe, que fue premiada por la reaparición de la estrella que finalmente los llevó hasta la gruta de Belén. Y a pesar de que el alojamiento del Rey esperado no estaba a la altura del Rey, ellos vieron que su Madre era de estirpe real, que su Padre adoptivo también, y discernieron en el porte y los gestos del tierno Infante los de ese Señor que daba y daría sentido a sus vidas.

Oro, Incienso y Mirra

Llevaban como regalos oro, incienso y mirra.

Oro porque el Niño era verdaderamente Rey. Incienso, elemento usado en la adoración, mostrando que el Niño era verdadero sacerdote en acto continuo de alabanza, acción de gracias y sacrificio hacia el Creador, pero también manifestando que Él mismo era Dios, que ese incienso podía ser usado en Él. Y mirra, que se emplea para los cuerpos que se embalsaman, revelando la humanidad del Dios encarnado, y anunciado también con ese regalo de forma profética que el Niño moriría sufriente, por nuestros pecados.

Pero tal vez el mayor regalo que llevaron los Reyes Magos fue su fe, sus propias personas. Incluso los propios doctores de la ley que les habían indicado, de acuerdo a las profecías, que el Rey de los Judíos nacería en Belén, no quisieron acompañarlos. No se entregaron al Mesías; los Reyes Magos sí.

Ese debe ser ejemplo a seguir por nosotros en la fiesta de la Epifanía: Ofrecer todo nuestro ser al Divino Niño en la Gruta de Belén, para que Él tome cuenta y guíe nuestras vidas. La fiesta de la Epifanía del Señor debe ser ocasión para una mayor entrega nuestra a ese Dios Niño que se está manifestando.

Y debe ser ocasión para también entregarnos a la Madre Santísima que está cuidando al Niño.

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