sábado, 23 de octubre de 2021
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En la Gruta de Belén nos nutrimos del Amor, la Fe y la Esperanza

La necesidad más intrínseca del ser humano no es tanto la comida y el vestido, sino la de sentirse amado, pero no de un amor cualquiera.

Redacción (24/12/2020 12:29, Gaudium Press) Las cruces y dolores del año que está concluyendo no es preciso recordarlas; todos las tenemos presentes y las hemos vivido, unos mucho más, otros tal vez un poco menos, pero ahí están.

Sin embargo el curso del tiempo no se detiene y este año, duro, está por concluir y llega la Navidad.

Navidad, que por su propia esencia es propicia a causar la esperanza, tan necesaria en estos días.

Es una esperanza que se funda en la fe: La esperanza cristiana tiene su base en la historia más bella jamás contada, jamás inventada y además real, de un Dios que no sólo se hace hombre sino que se vuelve Niño, por amor a los hombres.

La necesidad más intrínseca del ser humano no es tanto la comida y el vestido, sino la de sentirse amado, pero no de un amor cualquiera. Dios nos hizo para amarlo y ser objeto de su amor, y un Niño bendito en una cuna de Belén es el símbolo perfecto de ese amor.

En la gruta de Belén están así presentes las tres virtudes teologales: Nuestra Fe – ojalá inquebrantable – en que ese Niño es Dios Redentor; la Esperanza en que en ese Niño está nuestra salvación; y el Amor, que se manifiesta de Él hacia nosotros y se debe manifestar de nosotros hacia Él.

El cristiano siente que la Gruta de Belén no es el escenario lejano y un tanto inhóspito de un hecho ocurrido hace más de 2.000 años, sino que lo que ahí pasó es lo más importante para él, y que es algo que sigue ocurriendo, pues el amor de ese Niño que aún vive no cesa, se sigue haciendo presente como río de agua cristalina que alivia y apaga la sed de todo aquel que quiera abrevar en sus aguas.

No puede entonces, ser otro nuestro deseo, sino de que cada vez más los hombres quieran visitar de forma mística al Niño Dios en su cuna, y allí le agradezcan, le pidan, lo amen más, se unan más al Él por medio de su Madre Inmaculada.

Ese amor será la fortaleza, que nadie ni nada, ni siquiera la muerte como dice el Apóstol, serán capaces de quebrantar. El amor al Niño Dios nos consolará en la Tierra y nos llevará al Cielo, desde donde contemplaremos con ojos de eternidad y aprecio, las alegrías y también las tristezas vividas en este valle de lágrimas.

Feliz Navidad le desea el equipo de Gaudium Press.

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