viernes, 27 de enero de 2023
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En Papúa Nueva Guinea, la transmisión del Evangelio va en río por canoa

Un misionero del Verbo Divino cuenta a Fides los más de cien años de santas aventuras por llevar la Buena Nueva a este lejano país.

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Foto: Fides

Redacción (25/01/2023 10:51, Gaudium Press) Oceanía, también continente de la esperanza. Cuando el anuncio de la buena nueva es joven, se hacen más visibles la ternura de la mano de Dios, que guía el anuncio.

Como en Papúa Nueva Guinea, donde de acuerdo al reporte de la Agenzia Fides, “la Palabra de Dios viaja principalmente en canoa”.

“Papúa Nueva Guinea…”, nombre que habla de lejanía un tanto mítica, que se confunde con aborígenes australianos, con Magallanes, pero hasta donde ha llegado la longa manus de la Iglesia de Cristo, para llevar la vida de la gracia.

“Sacerdotes, misioneros, religiosas, catequistas necesitan embarcaciones y navegar por el río Sepik o el mar para llegar a la población indígena, en su mayoría pobre y dispersa en zonas remotas o islas”, dice Fides. El Sepik, ubicado en el norte del país, lo va surcando de oeste a este hasta desembocar en Kopa, en la Bahía Broken Water. Es la arteria de la nación.

El obispo de Wewak, la capital más cercana a la desembocadura del río, el misionero polaco Jozef Rozynski, SVD, agradece a los donantes, especialmente a las Obras Misioneras Pontificias, las ayudas con las que se adquirieron botes y motores para la evangelización, que también incluye ayudas materiales. “La alegría de estos fieles al recibir la Eucaristía con frecuencia, o al celebrar la procesión mariana en el río, no tiene precio”, dice Mons. Rozynski, quien cuenta que “incluso la Virgen viaja a bordo de un barco”.

Histórico heroico

De esas bellas travesías y anécdotas habla también el P. Víctor Roche, SVD, de 70 años,hoy director nacional de las Obras Misionales Pontificias pero que fue misionero en esas aguas: “Como párroco, sabía los nombres de mis 3.000 feligreses. También me llevó tres días viajar a algunos pueblos aislados. Celebramos bautizos en Navidad y Semana Santa. Es una experiencia misionera que me ha enriquecido mucho y que ahora llevan adelante a otros párrocos y co-hermanos”, dice refiriéndose a los aproximadamente 70 misioneros del Verbo Divino presentes hoy en Papua Nueva Guinea.

Pero es claro que el evangelio no solo viaja en canoa, también por las ondas hertzianas, como cuenta el P. Roche, que también fue director de “Trinity FM”, con sede en Mount Hagen: “En nuestra zona -afirma- es muy importante el uso de la radio como medio de evangelización; la usamos tanto para transmitir liturgias y catequesis, como para programas donde los jóvenes pueden hablar y discutir temas y valores de actualidad. que implican fe y vida”, afirma.

Ahora, como director de las OMP dice que “el aspecto crucial de la misión es el gozo de compartir el evangelio. Es la alegría de estar con gente de pueblos lejanos, gente sencilla que se mueve en la oración y en recibir la Eucaristía. Por ejemplo -cuenta- a principios de noviembre se celebró la primera misa en una capilla construida en el pueblo de Kotai. Fue un momento de profunda alegría comunitaria en el que el Señor se hizo presente entre nosotros. Con todas nuestras dificultades en Papúa, vivimos una misión que da esperanza porque se funda en Cristo que es la roca y en la alegría de su Evangelio”, narra este heredero de los primeros misioneros del Verbo Divino, que llegaron a Papúa Nueva Guinea en 1896.

Es claro, nada se consigue sin sangre: Muchos de los primeros misioneros fueron martirizados. Luego en la Segunda Guerra, sufrieron persecución por los ocupantes japoneses; los misioneros americanos fueron exilados a Australia, y los alemanes fueron restringidos.

“Más de 100 misioneros del Verbo Divino, hechos prisioneros, fueron martirizados en los barcos Akikaze y Yorishime Maru. Entre ellos, el obispo Joseph Lörks SVD, vicario apostólico alemán del centro de Nueva Guinea, que más tarde se convertirá en la diócesis de Wewak”, relata Fides. Ese testimonio, concluye el P. Roche, “es siempre una inspiración hoy, para nosotros, en el don incansable de nuestra vida por el anuncio del Evangelio”.

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